El gigante tecnológico encadena su mejor año en una década gracias al despegue del software y la inteligencia artificial

IBM dispara su beneficio un 91% con el empuje de la IA

EPA/ANNA SZILAGYI

La vieja IBM, durante años sinónimo de crecimiento plano y reestructuraciones interminables, acaba de firmar uno de los giros más contundentes del mapa tecnológico global. En el cuarto trimestre de 2025 ingresó 19.700 millones de dólares, un 12% más, y elevó su beneficio neto un 91%, hasta 5.600 millones. Para el conjunto del ejercicio, la facturación alcanzó los 67.500 millones, un 8% más, mientras el beneficio anual se disparó un 76%, hasta 10.600 millones, con un flujo de caja libre cercano a 14.700 millones. La combinación de software de alto margen, infraestructura renovada y una demanda creciente de servicios de inteligencia artificial generativa ha devuelto a IBM a la liga de los grandes ganadores en Bolsa. La reacción del mercado fue inmediata: las acciones subieron cerca de un 9% en el after-hours de Nueva York tras conocerse las cifras. Lo más relevante, sin embargo, es el mensaje que lanza la compañía: 2025 no sería un pico puntual, sino el inicio de un nuevo ciclo de crecimiento apoyado en IA, software empresarial y disciplina financiera. El reto ahora es demostrar que este cambio es sostenible en 2026 y más allá.

Un trimestre de doble dígito

El cuarto trimestre de 2025 fue, en palabras del propio grupo, un escaparate de la nueva IBM. Los ingresos crecieron un 12% interanual, hasta 19.700 millones de dólares, muy por encima de las previsiones del consenso, que se situaban en torno a 19.200 millones. El impulso vino de dos pilares: software, que avanzó un 14%, e infraestructura, con un repunte de más de un 20% impulsado por el nuevo ciclo de mainframes.

En el capítulo de resultados, el salto es aún más llamativo. IBM ganó 5.600 millones de dólares en el trimestre, un 91% más que un año antes, con un beneficio de 5,86 dólares por acción bajo criterios GAAP y de 4,52 dólares ajustados, ambas métricas por encima de lo esperado por los analistas. La mejora de márgenes refleja el giro hacia negocios menos intensivos en capital y más cargados de propiedad intelectual.

En el acumulado de 2025, los ingresos subieron un 8% hasta 67.500 millones, mientras que el beneficio neto anual avanzó un 76%, hasta 10.600 millones de dólares, consolidando el mejor ejercicio de la compañía en muchos años. El flujo de caja libre alcanzó 14.700 millones, 2.000 millones más que en 2024, proporcionando munición para dividendos, adquisiciones y reducción de deuda.

El diagnóstico es inequívoco: IBM ha dejado de ser un valor defensivo sin crecimiento para convertirse en una máquina de generación de caja apoyada en software y servicios de IA. El mercado, después de años de escepticismo, empieza a recogerlo en precio.

International Business Machines Corporation

El negocio de software toma el mando

La pieza central del nuevo IBM es su división de software, que facturó alrededor de 9.000 millones de dólares en el trimestre, un 14% más interanual. Dentro de esta unidad, el crecimiento fue especialmente intenso en las líneas ligadas a la automatización y los datos: el negocio de Automation avanzó un 18%, mientras que el área de Data lo hizo un 22%, impulsada por proyectos de analítica avanzada, gobierno del dato y plataformas para entrenamiento de modelos de IA.

Red Hat, el corazón de la oferta de nube híbrida de IBM, mantuvo un crecimiento cercano al 10%, en un contexto en el que muchas empresas están racionalizando sus inversiones en cloud y renegociando contratos. El contraste con el pasado reciente resulta demoledor: hace apenas una década, el grueso de la facturación dependía de servicios de infraestructura de bajo margen y hardware en declive.

El valor estratégico de este mix es doble. Por un lado, el software genera márgenes brutos superiores al 70% en las líneas más sofisticadas, muy por encima de la media de grupo. Por otro, ofrece ingresos recurrentes, sujetos a renovaciones plurianuales, lo que estabiliza el flujo de caja y reduce la volatilidad del negocio. En términos prácticos, IBM se parece cada vez más a una plataforma de software empresarial —con IA incluida— y menos a un proveedor tradicional de servicios tecnológicos.

Este giro la acerca al modelo de competidores como Microsoft, Oracle o incluso Salesforce, aunque con una característica diferencial: una base instalada gigantesca en banca, seguros, industria y sector público, donde la compañía lleva décadas operando sistemas críticos.

Infraestructura y mainframes: el viejo IBM que se reinventa

Lejos de desaparecer, el negocio histórico de IBM se ha transformado en un acelerador de la nueva estrategia. La división de infraestructura creció más de un 20% en el trimestre, apoyada en las ventas del nuevo mainframe IBM z de generación z17, orientado explícitamente a cargas de trabajo de inteligencia artificial y seguridad avanzada.

Este patrón no es nuevo: cada ciclo de mainframes dispara las ventas durante varios trimestres, para luego normalizarse. Sin embargo, la incorporación de capacidades de aceleración de IA, cifrado cuántico-resistente y herramientas de observabilidad integradas con la nube híbrida ha dado aire nuevo a un producto que muchos daban por amortizado. Hoy, los zSystems siguen siendo el corazón de multitud de sistemas de pagos, core bancarios y grandes aseguradoras.

La consecuencia es clara: la infraestructura ya no es solo hardware, sino un canal privilegiado para empujar software y servicios de IA hacia la base instalada. Cada venta de un mainframe de nueva generación arrastra licencias de software, servicios de consultoría y proyectos de modernización que alimentan el resto de la cuenta de resultados.

No obstante, el propio carácter cíclico de este negocio introduce un matiz de cautela. 2026 podría mostrar tasas de crecimiento más moderadas si el pico del ciclo de renovación se agota. La clave estará en comprobar si IBM es capaz de compensar esa normalización con más tracción en software puro y en servicios de IA.

La apuesta por la inteligencia artificial generativa

Si hay un dato que explica la narrativa de este año es el “libro de negocio de IA generativa” de IBM. La compañía asegura que ya supera los 12.500 millones de dólares en oportunidades y contratos asociados a sus soluciones de IA, desde la plataforma watsonx hasta los modelos fundacionales específicos para sectores regulados.

Lo más significativo es la velocidad: un año antes, IBM situaba ese libro de negocio en torno a 5.000 millones. En apenas doce meses, la cifra se ha más que duplicado, reflejando el salto de la IA generativa desde la prueba de concepto a proyectos de escala empresarial.

La empresa ha apuntalado esta estrategia con adquisiciones de calado: la compra de HashiCorp por 6.400 millones de dólares para reforzar la automatización de infraestructuras y el control de entornos multicloud, y el acuerdo de 11.000 millones para adquirir Confluent, especialista en data streaming. Esta última operación, según la propia IBM, supondrá una dilución de aproximadamente 600 millones de dólares en 2026, un coste que la compañía asume como peaje para completar su plataforma de datos e IA.

La decisión de dejar de reportar de forma separada ese “libro de negocio de IA” a partir del próximo trimestre indica que IBM quiere integrar la IA como capa transversal de todo el portfolio, no como una línea de producto aislada. La comparación con otros gigantes tecnológicos es inevitable: mientras Nvidia capitaliza la venta de chips, IBM intenta capturar el valor en el nivel de software, servicios y datos, un segmento menos volátil pero también más competitivo.

La reacción de Wall Street y el giro en Bolsa

La acogida en los mercados fue inmediata. Tras la publicación de resultados, las acciones de IBM llegaron a subir entre un 8% y un 9% en negociación fuera de hora, acercándose a la zona de 320-325 dólares y consolidando una revalorización en torno al 30-34% en 2025, por encima del propio Nasdaq Composite.

Más allá del repunte puntual, los analistas subrayan el cambio de percepción. Firmas como Stifel mantienen recomendación de compra con precios objetivo próximos a 325 dólares, apoyándose en la fortaleza del software empresarial de IBM y en la visibilidad del flujo de caja.

A ello se suma un factor clave para los inversores de perfil defensivo: IBM mantiene una de las rachas de dividendos más largas del mercado, con un pago trimestral de 1,68 dólares por acción y un historial de retribución que se remonta a 1916. En un entorno de tipos de interés todavía elevados, un valor capaz de combinar crecimiento de doble dígito, dividendo estable y alta generación de caja se vuelve especialmente atractivo.

Sin embargo, el mercado también descuenta riesgos. La compañía no tiene la velocidad de crecimiento de los grandes nombres de la nube pública o de la propia Nvidia, y su base de clientes sigue concentrada en grandes corporaciones y sector público, segmentos donde los ciclos de inversión pueden ser más lentos y sensibles a los recortes presupuestarios.

De gigante estancado a plataforma de software

Para valorar el giro de 2025 hay que mirar el punto de partida. En 2024, IBM ingresó 62.800 millones de dólares, con un crecimiento modesto de alrededor del 3% a tipo de cambio constante y un flujo de caja libre de 12.700 millones. Muchos inversores consideraban entonces a la compañía un valor maduro, con poco recorrido más allá de los dividendos y ajustes de portfolio.

La escisión de Kyndryl en 2021, el refuerzo de Red Hat y el reposicionamiento hacia la nube híbrida y la IA sentaron las bases, pero los resultados tardaron en reflejarse. El salto de 8% en ingresos, doble dígito en beneficio operativo y 2.000 millones adicionales de caja libre en 2025 marcan, ahora sí, un cambio de etapa.

Este hecho revela dos lecciones relevantes. Primero, que desmontar un conglomerado tecnológico de servicios de bajo margen y reconstruirlo en torno al software lleva años, pero puede funcionar si se combina disciplina en costes, adquisiciones selectivas y foco en segmentos de alto valor. Segundo, que el mercado está dispuesto a pagar múltiplos más altos cuando ve crecimiento genuino, incluso en compañías con más de un siglo de historia.

El contraste con otros jugadores históricos —como algunas antiguas telecos o fabricantes de hardware que no lograron ese giro— resulta evidente. IBM demuestra que aún hay espacio para los “viejos gigantes” en la nueva economía digital… siempre que se transformen a tiempo.