Los ingresos de Mercedes-Benz en el cuarto trimestre caen un 12,4% hasta los 33,7 mil millones de euros.

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Mercedes-Benz reduce su beneficio operativo un 57% en 2025, hasta 5.800 millones de euros, castigada por aranceles, guerra de precios en China y presión cambiaria. El margen del negocio de turismos cae al 5% y podría deteriorarse aún más en 2026. El grupo anuncia disciplina de costes y mantiene dividendo, mientras el mercado evalúa si el modelo premium puede sostener rentabilidad en un entorno estructuralmente más competitivo.

Mercedes pierde casi la mitad del beneficio en 2025 por tarifas y China

La lectura del ejercicio 2025 es inequívoca: el modelo de lujo de Mercedes-Benz ha entrado en una fase de presión estructural. El grupo cerró el año con un beneficio operativo de 5.800 millones de euros, un desplome cercano al 57% respecto al ejercicio anterior. El beneficio neto retrocedió casi a la mitad y el margen del negocio de coches perdió tres puntos porcentuales. No es un ajuste táctico. Es un cambio de ciclo.

El cuarto trimestre terminó de confirmar la tendencia. La facturación cayó un 12,4% interanual hasta 33.700 millones de euros y el EBIT trimestral se hundió un 52,6% hasta 1.510 millones. El beneficio por acción diluido retrocedió más de un 44%, mientras las entregas de vehículos bajaron un 11%. El mercado no castiga solo el trimestre. Castiga la visibilidad futura.

Un modelo premium bajo presión estructural

Mercedes ha defendido en los últimos años una estrategia clara: menos volumen, más precio, más margen. Durante el periodo postpandemia funcionó. En 2025 dejó de hacerlo.

El margen sobre ventas del negocio de turismos cerró el ejercicio en el 5%, frente al 8,1% del año anterior. Y lo más relevante no es el pasado, sino la guía. La compañía anticipa que en 2026 ese margen podría situarse entre el 3% y el 5%, un rango impropio de un fabricante de gama alta.

El problema no es únicamente de demanda. Es de entorno competitivo y geopolítico. Mercedes cifra en torno a 1.000 millones de euros el impacto directo de los nuevos aranceles, especialmente en Estados Unidos y China. A ello se suma la guerra de precios en el mercado chino, donde los fabricantes locales de vehículos eléctricos están presionando de forma agresiva a los grupos europeos.

El diagnóstico es claro: el pricing power del segmento premium ya no es lo que era.

China y aranceles, el doble golpe

China representa una parte crítica del beneficio industrial de Mercedes. En 2025 ese mercado dejó de ser palanca y pasó a ser lastre. La combinación de menor demanda aspiracional, competencia local electrificada y presión sobre precios ha erosionado márgenes de forma significativa.

A la tensión competitiva se añade el frente arancelario. En un contexto de creciente proteccionismo, la compañía ha tenido que absorber costes adicionales que han reducido directamente el EBIT. El impacto no es coyuntural. Es parte de una nueva arquitectura comercial global más fragmentada.

Las divisas han sido el tercer golpe. La depreciación de determinadas monedas frente al euro y el dólar ha reducido el valor consolidado de ingresos en mercados clave justo cuando la empresa necesitaba estabilidad para compensar menores márgenes unitarios.

El resultado es una tormenta perfecta: más costes, menos precio efectivo y más inversión.

El pico de inversión llega en el peor momento

El ejercicio 2025 coincide con el pico inversor en electrificación y software. La dirección reconoce que ha sido el año de mayor esfuerzo en capex del negocio de turismos. Es decir, Mercedes ha invertido más cuando menos margen tenía.

Desde la óptica de mercado, esto introduce una variable clave: la elasticidad financiera. El grupo sigue generando caja, pero con menor colchón. El dividendo propuesto de 3,50 euros por acción mantiene la rentabilidad atractiva para el accionista, pero obliga a preguntarse cuánto margen queda si 2026 vuelve a decepcionar.

Wall Street y los grandes fondos europeos no solo miran el dividendo. Miran la sostenibilidad del retorno sobre capital invertido en un entorno donde competidores asiáticos operan con estructuras de coste diferentes.

Comparación incómoda con el sector

El contraste con otros fabricantes alemanes añade presión. BMW mantiene márgenes en el entorno del 5%-7% en automoción y ha reiterado objetivos similares para 2025. Volkswagen, aunque con márgenes más bajos, ha logrado sostener flujo de caja mediante ajustes de inversión y recortes de inventario.

Mercedes, en cambio, ha visto cómo su beneficio operativo se reduce de forma más abrupta. El mercado interpreta que la compañía está más expuesta a la combinación de lujo aspiracional y electrificación costosa.

La consecuencia es directa: el múltiplo de valoración se comprime cuando el mercado deja de percibir estabilidad en el margen premium.

Vitoria, pieza estratégica en el nuevo mapa industrial

En este contexto, la planta de Vitoria adquiere una relevancia estratégica. El centro vasco producirá desde 2026 la nueva generación de furgonetas eléctricas sobre la plataforma VAN.EA, con una inversión comprometida de al menos 1.000 millones de euros.

La planta emplea cerca de 4.800 trabajadores y se prepara para incrementar producción hasta superar las 130.000 unidades anuales, incluyendo más de 11.000 furgonetas 100% eléctricas. Desde el punto de vista industrial, es una apuesta de futuro. Desde el punto de vista financiero, depende de que el grupo recupere margen suficiente para sostener el despliegue eléctrico.

Para el inversor español, la lectura es clara: Vitoria es palanca, pero no blindaje.

Qué vigila ahora el mercado

El mercado no cuestiona la marca. Cuestiona la transición. Las variables clave para 2026 son tres.

Primero, la evolución del margen en China y la capacidad de frenar la guerra de precios sin perder cuota relevante. Segundo, el impacto real de los aranceles y la posibilidad de acuerdos comerciales que reduzcan presión. Tercero, la ejecución del plan de reducción de costes anunciado por la dirección.

Si el EBIT mejora en 2026 principalmente por desaparición de costes extraordinarios, pero no por mejora operativa real, el rebote será frágil. Si la compañía consigue estabilizar margen en la parte media del rango previsto y sostener volumen en segmentos eléctricos, el mercado empezará a reconstruir confianza.

Escenarios para 2026

En un escenario constructivo, la normalización de costes extraordinarios y una ligera recuperación de precios en China permitirían al grupo mejorar EBIT de forma significativa, acercando el margen del negocio de turismos hacia el 6%-7% en 2027. Eso devolvería narrativa de estabilidad.

En un escenario adverso, la intensificación de la competencia asiática y nuevas tensiones arancelarias podrían mantener el margen en la parte baja del rango, forzando recortes adicionales de costes y ajustes industriales en Europa.

El capital institucional ya descuenta que el lujo automovilístico europeo atraviesa una fase más compleja que en la década anterior.

El mensaje para el inversor europeo

Mercedes no está en crisis de solvencia. Está en transición de rentabilidad. Y esa diferencia importa.

El grupo sigue generando miles de millones en beneficio y mantiene capacidad industrial de primer nivel. Pero la estructura global del sector ha cambiado. Electrificación costosa, proteccionismo creciente y competencia china redefinen el equilibrio.

Para el inversor europeo, la pregunta ya no es si Mercedes es una marca fuerte. Es si puede volver a ganar dinero con la misma intensidad que antes en un entorno menos favorable.

2025 ha sido el año del ajuste. 2026 será el año de la credibilidad.