Giro estratégico de Japón en política energética

Japón reactiva la mayor central nuclear del mundo tras 13 años cerrada

EPA/KIMIMASA MAYAMA

Japón ha dado un paso decisivo en su política energética al reactivar uno de los reactores de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo por capacidad potencial. El complejo llevaba 13 años completamente paralizado desde el desastre de Fukushima y su reapertura, pese a las reticencias locales, marca un punto de inflexión en la estrategia del país para garantizar el suministro eléctrico.

El regreso de un gigante nuclear

La compañía Tokyo Electric Power Company Holdings (Tepco) anunció este miércoles la reactivación de un reactor en la central de Kashiwazaki-Kariwa, situada en la prefectura de Niigata, a unos 220 kilómetros al noroeste de Tokio. Se trata de la mayor central nuclear del mundo por capacidad instalada potencial, con siete reactores en total.

El reinicio se produce tras recibir la autorización de la Autoridad de Regulación Nuclear japonesa, que permitió a la operadora iniciar operaciones de prueba a las 14:00 hora local, con el reinicio oficial previsto para las 19:00, en lo que supone el primer encendido desde el cierre total de la planta en 2012.

Trece años marcados por Fukushima

La central de Kashiwazaki-Kariwa fue clausurada en el contexto del accidente nuclear de Fukushima Daiichi en marzo de 2011, el mayor desastre atómico desde Chernóbil. A raíz de aquel suceso, más de 100.000 personas fueron evacuadas de forma preventiva por el riesgo de radiación, y Japón emprendió una profunda revisión de toda su política nuclear.

Como consecuencia, la mayoría de las centrales del país quedaron fuera de servicio durante años, mientras se endurecían los estándares de seguridad y se redefinía el papel de la energía nuclear en el mix energético nacional.

Fukushima es considerado el mayor desastre atómico desde Chernobyl

La autorización regulatoria, clave del proceso

La reactivación no ha sido inmediata ni exenta de obstáculos. Tepco ha tenido que superar años de inspecciones y requisitos técnicos, además de corregir deficiencias en materia de seguridad detectadas por los reguladores. La Autoridad de Regulación Nuclear dio finalmente luz verde a las operaciones de prueba tras constatar el cumplimiento de los nuevos protocolos.

Este visto bueno supone un respaldo institucional clave para el Gobierno japonés, que considera la energía nuclear un elemento esencial para garantizar estabilidad energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.

Preocupación persistente entre los residentes

Pese al aval regulatorio, la reapertura de Kashiwazaki-Kariwa no está exenta de controversia. Parte de la población local mantiene serias dudas sobre la seguridad de la instalación, especialmente por el historial de Tepco, la misma empresa que operaba la central de Fukushima en 2011.

Las autoridades regionales han insistido en que cualquier reactivación debe ir acompañada de planes de evacuación claros y medidas de transparencia. La desconfianza ciudadana sigue siendo uno de los principales frenos políticos a una reapertura completa del complejo.

Un cambio de rumbo energético

La decisión de reactivar la mayor central nuclear del mundo refleja un cambio de rumbo en la política energética japonesa. Tras años apostando por el gas natural y el carbón para compensar el cierre de las nucleares, Japón se enfrenta ahora a un contexto de precios energéticos elevados, volatilidad internacional y compromisos climáticos más exigentes.

El Gobierno considera que la energía nuclear es necesaria para garantizar un suministro estable y reducir las emisiones de CO₂, especialmente en un país con escasos recursos energéticos propios.

Impacto económico y estratégico

Desde el punto de vista económico, el reinicio de Kashiwazaki-Kariwa podría aliviar la presión sobre el sistema eléctrico japonés y reducir los costes de importación de energía, que se dispararon tras Fukushima. La central tiene capacidad para abastecer a millones de hogares y es vista como una pieza estratégica para la industria y el consumo doméstico.

Además, su reactivación envía una señal a los mercados sobre la recuperación gradual del sector nuclear japonés, duramente golpeado durante la última década.

El legado de Tepco y la sombra del pasado

La reapertura también reaviva el debate sobre el papel de Tepco, una compañía que aún arrastra las consecuencias reputacionales y financieras del desastre de Fukushima. Para muchos críticos, permitir que la empresa vuelva a operar la mayor central nuclear del mundo supone un riesgo innecesario, mientras que el Ejecutivo defiende que la supervisión actual es mucho más estricta que en el pasado.

El éxito o fracaso de esta reactivación será determinante para el futuro de otras centrales aún pendientes de autorización.

Japón y la energía nuclear en el escenario global

En un contexto internacional marcado por la búsqueda de seguridad energética y la transición hacia modelos más sostenibles, Japón no es una excepción. Países como Francia o Reino Unido han reforzado su apuesta por la energía nuclear, mientras otros la descartan por completo.

La reactivación de Kashiwazaki-Kariwa sitúa de nuevo a Japón en el centro del debate global sobre el papel de la energía nuclear como solución intermedia entre la dependencia fósil y las renovables.

Un paso con consecuencias a largo plazo

El reinicio del mayor complejo nuclear del planeta no es solo una decisión técnica, sino un movimiento político y estratégico de gran alcance. Si las operaciones de prueba se desarrollan sin incidentes, Japón podría acelerar la reactivación de otros reactores y consolidar su regreso a la energía nuclear.

Sin embargo, cualquier contratiempo volvería a poner en cuestión una estrategia que sigue dividendo a la sociedad japonesa más de una década después de Fukushima.