Los menores piden adultos que apaguen primero el móvil

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Aldeas Infantiles SOS defiende que el reto no es prohibir pantallas, sino recuperar referentes, convivencia y espacios reales para niños y adolescentes

Más de 1.500 niños y niñas han llevado una petición incómoda a parlamentos autonómicos y al Congreso: no quieren solo más tecnología, quieren adultos presentes, comidas sin móviles, parques vivos y ayuda frente al ciberacoso. El informe Convivir en tiempos de pantallas, impulsado por Aldeas Infantiles SOS durante el curso 2025-2026, desmonta una idea muy extendida: la infancia no reclama una vida más digital, sino una convivencia más humana.

El diagnóstico de la organización es claro. La solución no pasa por una prohibición automática, sino por negociación, coherencia y sustitución: pactar límites, que los adultos den ejemplo y ofrecer alternativas reales de ocio, deporte, música y relaciones presenciales. Ahí está la clave.

Una generación que pide referentes

Aldeas Infantiles SOS sitúa el foco donde pocas veces se coloca: no basta con exigir autocontrol a los menores si los adultos tampoco son capaces de apartar el teléfono. El informe insiste en que niños, niñas y adolescentes necesitan modelos positivos, adultos que demuestren con hechos que también pueden aparcar el móvil.

Este matiz cambia el debate. La cuestión no es solo cuánto tiempo pasa un adolescente ante una pantalla, sino qué tipo de entorno familiar, escolar y social tiene alrededor. La organización, presente en España desde 1967 y galardonada con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia en 2016, advierte de que los riesgos digitales se agravan cuando los entornos de protección son más débiles.

El dato que desmonta el tópico

El programa Diputados por un Día reunió a 1.528 escolares de Primaria en 13 sedes parlamentarias, con representación de 51 colegios. Sus propuestas no fueron tecnológicas, sino relacionales: respeto, empatía, privacidad, inclusión y prevención del acoso.

El dato más revelador es que 49 de los 120 compromisos presentados, el 41%, giraron en torno al respeto y la empatía. Otros 22 compromisos, el 18%, pidieron más deporte, más calle y menos pantallas. Y 19 propuestas, el 16%, se centraron en no quedarse callados ante el acoso. La infancia no está pidiendo desaparecer de internet. Está pidiendo no quedarse sola dentro de él.

Ciberacoso y silencio

La posición de Aldeas Infantiles SOS gana fuerza porque parte de la escucha directa. Los niños no hablan del ciberacoso como una abstracción, sino como una realidad ante la que reclaman acción. Entre las propuestas más votadas aparece la de avisar a adultos cuando alguien insulta o hace bullying y no convertirse en cómplices silenciosos.

Lo más grave es que el entorno digital multiplica la exposición y alarga los conflictos. Antes muchas tensiones terminaban al salir del colegio. Ahora pueden continuar en chats, grupos privados, comentarios o vídeos compartidos. Por eso la entidad reclama acompañamiento, no vigilancia fría. La infancia pide protección, pero también confianza.

Adolescentes conscientes, pero sin herramientas

El Observatorio de la Adolescencia, basado en 2.332 encuestas a estudiantes de Secundaria de 12 a 16 años, confirma una paradoja. Los adolescentes saben que las pantallas les afectan, pero no siempre saben cómo cambiar sus hábitos.

El 43% reconoce que le gustaría mirar menos el móvil mientras estudia y el 22,1% desearía dormirse sin pantallas cerca. Sin embargo, el 38,6% afirma que no necesita modificar ningún hábito digital. Este contraste revela una brecha educativa evidente: conocer el problema no equivale a tener recursos para resolverlo.

Aldeas Infantiles SOS subraya precisamente esa idea. No se trata de culpabilizar a los jóvenes, sino de enseñarles a desconectar, sostener la atención, tolerar la frustración y participar de forma activa en su entorno.

La vida real sigue ganando

El informe deja una conclusión esperanzadora: cuando aparece algo significativo, el móvil pierde fuerza. El 70,6% de los adolescentes afirma que desconecta con más facilidad cuando practica deporte o actividades creativas, y el 67,2% cuando está con alguien que le importa.

Este hecho revela que el problema no es únicamente tecnológico, sino de sustitución. Si la vida presencial ofrece vínculos, pertenencia y estímulos sanos, la pantalla deja de ocuparlo todo. Por eso Aldeas Infantiles SOS insiste en recuperar espacios y tiempos sin pantallas: comidas familiares, conversaciones, juego en la calle, deporte, música y encuentros con iguales.

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Más humanidad que prohibiciones

El informe también matiza otro lugar común. Solo el 6,8% del alumnado cree que un mundo sin redes sociales sería más triste, frente al 43,1% que piensa que habría más conexiones reales. Además, casi dos de cada tres adolescentes se muestran inquietos por no encontrar trabajo o no poder dedicarse a lo que les gusta, y el 42,2% teme por su situación económica futura.

La pantalla, por tanto, no explica todos los malestares. Los adolescentes siguen preocupados por lo de siempre: pertenecer, ser aceptados, construir futuro y encontrar adultos de confianza. La diferencia es que ahora todo eso ocurre también en un entorno digital permanente.

El mensaje de Aldeas Infantiles SOS queda reforzado por los propios menores: no basta con retirar dispositivos; hay que reconstruir convivencia. Menos sermones. Más presencia. Menos prohibición automática. Más ejemplo adulto.