La alianza con UnionPay acelera los pagos en uno de los mayores corredores de remesas del mundo

Visa conecta su red global con el 95% de las tarjetas chinas

EPA/WALLACE WOON

La nueva alianza entre Visa y UnionPay International promete cambiar la forma en que se envía dinero a China. El acuerdo conecta la red de Visa Direct con la plataforma MoneyExpress de UnionPay, permitiendo transferencias casi en tiempo real hacia más del 95% de los titulares de tarjetas de débito en la China continental. Se trata de uno de los mayores corredores de remesas del planeta, con flujos anuales que rozan los 50.000 millones de dólares entre envíos familiares y pagos de negocios. El movimiento promete reducir tiempos y costes para empresas, plataformas digitales y trabajadores globales, pero abre también una nueva fase en la batalla por el control de los “tubos” financieros entre Occidente y Pekín. 

Un atajo masivo hacia el mercado chino

El acuerdo anunciado este martes prevé que, durante el primer trimestre, los pagos cursados a través de Visa Direct puedan acreditarse directamente en tarjetas UnionPay emitidas en China. En la práctica, esto significa que un empleador europeo podrá pagar a un desarrollador en Shanghái o a un diseñador en Shenzhen como si hiciera una transferencia doméstica, con fondos disponibles casi al instante o en pocas horas.

Hasta ahora, enviar dinero a China implicaba a menudo una cadena de bancos corresponsales, formularios, demoras de varios días y comisiones opacas. La conexión directa con MoneyExpress pretende eliminar buena parte de esa fricción, ofreciendo tipos de cambio confirmados por adelantado y liquidación en renminbi sin intervención manual del receptor.

“Estamos reduciendo de nuevo el tamaño del mundo, no con promesas, sino con infraestructura crítica a gran escala”, resumía internamente la dirección de Visa al presentar el acuerdo, en una frase que revela la ambición del proyecto. Más allá del eslogan, el objetivo es evidente: colonizar el mayor mercado emergente de pagos transfronterizos y hacerlo con una experiencia de usuario que se parezca cada vez más a un pago local.

Un corredor de remesas de casi 50.000 millones anuales

China no es el país más dependiente de las remesas en términos de PIB —apenas rondan el 0,28% de la economía, frente a medias del 5% en otros emergentes—, pero el tamaño absoluto de los flujos la convierte en un corredor crítico. Con un PIB cercano a los 17 billones de dólares, ese 0,28% equivale a casi 50.000 millones anuales en envíos de trabajadores emigrados, retornos de ahorro y apoyo familiar.

A esa cifra se suman los pagos de pymes occidentales a proveedores chinos, los encargos a diseñadores, programadores y fabricantes independientes, y las liquidaciones a comercios que venden a través de ‘marketplaces’ globales. La consecuencia es clara: estamos ante un corredor donde cada décima de punto de comisión supone cientos de millones de dólares en costes para hogares y empresas.

Según el Banco Mundial, el coste medio global de enviar 200 dólares sigue en torno al 6%, muy por encima del objetivo del 3% fijado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Las soluciones digitales ya han logrado rebajar esa media al entorno del 5%, frente a casi un 7% de los canales tradicionales. Al comprimir plazos y automatizar el “pay-to-card” —el dinero llega directamente a la tarjeta—, la alianza Visa-UnionPay presiona aún más esas comisiones. Lo que está en juego no es solo comodidad: es quién captura el margen de un mercado multimillonario.

La apuesta estratégica de Visa Direct

Visa lleva años posicionando Visa Direct como su gran motor de crecimiento más allá de las tarjetas de crédito clásicas. Solo en su último trimestre fiscal, la compañía reportó 3,7 billones de transacciones cursadas por esta solución, un 23% más que un año antes, con ingresos por pagos comerciales y “money movement” creciendo al 20% interanual.

La lógica es sencilla: en un mundo donde las compras con tarjeta se estancan y la regulación aprieta las comisiones al consumo, el verdadero pastel está en pagar dinero, no solo cobrarlo. Pagos a proveedores, devoluciones, reembolsos de seguros, sueldos, ‘cash-out’ de plataformas digitales, dividendos, rentas… Todo ello son flujos que tradicionalmente se han movido por transferencias bancarias lentas y caras.

Con la integración en MoneyExpress, Visa Direct deja de depender de la infraestructura bancaria internacional tradicional para entrar en China y se “enchufa” directamente a la red de tarjetas doméstica. Este hecho revela una estrategia a largo plazo: convertir la red Visa en un sistema de pagos en tiempo real de extremo a extremo, capaz de competir con los sistemas nacionales de pago inmediato.

En paralelo, fintech como MassPay, Lumanu o Nuvei ya están integrando Visa Direct para ofrecer pagos en tiempo real a creadores, contratistas y consumidores en casi 200 países y territorios. La alianza con UnionPay añade a esta ecuación el mercado más difícil de todos: el chino.

UnionPay, el gigante silencioso de Pekín

Fuera de Asia, UnionPay sigue siendo un actor discretamente desconocido para muchos usuarios, pero sus cifras son colosales. Es una corporación estatal con sede en Shanghái que opera la única red interbancaria de tarjetas en China y asegura que sus tarjetas se aceptan en 183 países y regiones. Desde 2015, superó a las grandes marcas occidentales en valor total de pagos y en 2025 ya realiza en torno al 43% de sus transacciones fuera de China, una expansión exterior que hace una década era marginal.

Dentro de su estrategia de internacionalización, MoneyExpress se ha convertido en la pieza clave para las remesas y pagos transfronterizos. En las últimas semanas, UnionPay ha cerrado acuerdos similares con el ‘supernodo’ de pagos Thunes, permitiendo transferencias casi instantáneas desde bancos, ‘e-wallets’ y plataformas de la economía gig directamente a tarjetas UnionPay emitidas por 79 grandes bancos chinos.

El diagnóstico es inequívoco: Pekín quiere que entrar dinero en China sea cada vez más fácil, rápido y barato, aunque siga manteniendo un férreo control sobre cómo sale. Al reforzar el puente con actores globales como Thunes y ahora Visa, UnionPay se consolida como la puerta de entrada estándar para todo aquel que quiera pagar a alguien en la China continental sin navegar el laberinto de la banca tradicional.

Remesas más rápidas, comisiones bajo presión

Históricamente, enviar dinero a China combinando banca corresponsal y operadores tradicionales implicaba no solo días de espera, sino costes difíciles de anticipar: comisiones en origen, cargos en destino, márgenes de cambio y, a menudo, la obligación del receptor de declarar manualmente los fondos ante las autoridades.

Con la nueva ola de conexiones directas a MoneyExpress, el modelo cambia. Thunes promete abonos en tiempo real o en menos de 12 horas con el tipo de cambio fijado por adelantado y recepción directa en renminbi en tarjetas UnionPay. Visa, por su parte, ofrece a sus clientes corporativos y plataformas digitales el mismo “viaje de pago” que ya utilizan para pagar a un repartidor en México o a un conductor en Egipto: un clic en su panel y el dinero aterriza en la tarjeta del beneficiario, sin más trámites.

Lo más grave para los intermediarios tradicionales es que esta eficiencia deja poco espacio para comisiones del 6% o el 7%. Si las infraestructuras de tarjeta y las redes fintech pueden situar el coste total en el entorno del 3-4%, el contraste con los canales clásicos —sobre todo para importes pequeños— resulta demoledor. En un mercado de cientos de miles de millones, la presión competitiva sobre bancos y operadores de remesas será inmediata.

La guerra fría de las infraestructuras de pago

La alianza llega, además, en pleno reordenamiento geopolítico de los sistemas de pago. Mientras Estados Unidos y sus aliados han utilizado la red SWIFT y las sanciones financieras como herramienta de presión, China ha acelerado el despliegue de su propio sistema de compensación internacional, CIPS, que en 2024 procesó más de 175 billones de yuanes (unos 24,5 billones de dólares), con crecimientos anuales superiores al 40%.

En ese contexto, que una empresa estadounidense como Visa refuerce sus conexiones con la infraestructura de tarjetas respaldada por el Estado chino tiene una lectura doble. Por un lado, las multinacionales y los millones de trabajadores que dependen de pagos desde el exterior salen ganando: más canales, más competencia, menos fricción. Por otro, se profundiza la interdependencia entre dos ecosistemas de pago que compiten por imponer sus estándares técnicos, sus requisitos de datos y, en última instancia, su influencia regulatoria.

Este hecho revela hasta qué punto la “guerra fría” financiera no se libra solo en los bancos centrales, sino en las líneas de código que deciden por qué tubería viaja cada remesa. La próxima vez que un ‘youtuber’ europeo pague a su editor en Guangzhou o una pyme española abone un pedido a un proveedor de Shenzhen, es probable que su dinero circule por infraestructuras diseñadas en San Francisco y supervisadas desde Shanghái.