3I/ATLAS: el objeto interestelar que gira cada 7,1 horas

Ilustración del chorro en dirección contraria al Sol y la cola opuesta en el filtro de gradiente rotacional Larson-Sekanina de una imagen representativa del Telescopio Espacial Hubble durante diciembre de 2026. El ángulo de posición (PA) del chorro en dirección contraria al Sol se marca utilizando la convención estándar N = 0 grados y E = 90 grados. (Crédito de la imagen: T. Scarmato y A. Loeb 2026)
El astrofísico Avi Loeb ve en su rotación y en una alineación única con la Tierra una oportunidad irrepetible para estudiar materia de otros sistemas estelares

El enigmático objeto interestelar 3I/ATLAS vuelve a centrar la atención de la comunidad científica. Según el astrofísico Avi Loeb, su periodo de rotación tras el perihelio se sitúa en torno a 7,1 horas, un “latido” que se mide no en la superficie del núcleo, sino en el baile de sus chorros de polvo y gas.
Loeb, junto a varios colaboradores, ha reconstruido la dinámica del objeto combinando imágenes del Hubble y fotometría de telescopios terrestres, y ha encontrado algo más: el eje de rotación de 3I/ATLAS está alineado con la dirección al Sol en un margen de solo 10–20 grados, una configuración que estima tendría apenas entre un 1,5% y un 6% de probabilidad de producirse al azar.
A esta anomalía se suma otro hito: el próximo 22 de enero de 2026, 3I/ATLAS se alineará con el eje Sol–Tierra a solo 0,69 grados, lo que permitirá estudiar un fenómeno poco accesible incluso en cometas del Sistema Solar: el “opposition surge”, el brusco aumento de brillo cuando un objeto se observa casi exactamente en oposición.
Para Loeb, el caso 3I/ATLAS se ha convertido así en un laboratorio único: un visitante interestelar que ofrece, en cuestión de meses, una lección sobre rotación, polvo, geometría y hasta sobre cómo medimos el tiempo en la Luna y en la galaxia.

Un visitante interestelar con comportamiento inesperado

3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema ATLAS (Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System). Loeb recuerda que el objeto presenta una órbita claramente hiperbólica, con una excentricidad aproximada de e ≈ 6,139 y un perihelio de q ≈ 1,356 UA, lo que confirma su origen interestelar. Su velocidad relativa al Sol, en torno a 57,7 km/s, casi dobla la de 1I/‘Oumuamua y supera con holgura la de 2I/Borisov.

Para el astrofísico, cada uno de estos objetos abre una “ventana de materiales” distinta: 1I/‘Oumuamua apenas mostró gas o polvo, 2I/Borisov se observó siempre con ángulos de fase superiores a 16 grados, lejos del régimen de oposición, y ahora 3I/ATLAS combina actividad cometaria sostenida con una geometría excepcionalmente favorable.

Loeb subraya que la clave no es solo que se trate del tercer objeto interestelar conocido, sino que ofrezca una configuración observacional que “podría no repetirse en décadas” para este tipo de cuerpos. El comportamiento de sus chorros y de su polvo, argumenta, puede dar pistas sobre cómo se forman y evolucionan los materiales en otros sistemas planetarios.

Imagen de 3I/ATLAS, tomada el 7 de enero de 2026 por el Telescopio Espacial Hubble (panel superior) y procesada mediante el filtro de gradiente rotacional Larson-Sekanina (panel inferior). El panel inferior muestra una estructura de triple chorro con un prominente chorro anticola en dirección al Sol, hacia la esquina inferior izquierda de la imagen. El chorro anticola se extiende a una escala del orden de la separación Tierra-Luna. (Crédito de la imagen: Toni Scarmato, basado en datos publicados por NASA/ESA/STScI aquí)

El método de Loeb: jets, brillo y un “latido” de 7,1 horas

La primera pregunta que se formula Loeb es sencilla: ¿a qué velocidad rota 3I/ATLAS después del perihelio, alcanzado el 29 de octubre de 2025? La respuesta, sin embargo, exige combinar dos métodos de medida.

En un trabajo firmado con Toni Scarmato, Loeb analiza:

  • La oscilación periódica del ángulo de posición del chorro antisolar, aplicando el filtro de gradiente rotacional de Larson–Sekanina a imágenes del Hubble entre el 20 de noviembre y el 27 de diciembre de 2025.

  • La variación periódica del brillo integrado (incluyendo coma y jets) entre el 9 y el 22 de diciembre de 2025, usando un telescopio de 0,25 metros en Calabria (código MPC L92).

El resultado, según el astrofísico, es coherente pero no idéntico:

  • El chorro antisolar muestra “bamboleos” de ±20 grados con un periodo de 7,20 ± 0,05 horas.

  • El brillo total oscila en torno a ±30% con un periodo de 7,136 ± 0,001 horas.

Loeb atribuye la pequeña diferencia a efectos sistemáticos y aliasing y concluye que los datos, tomados en conjunto, apuntan a un periodo de rotación post-perihelio de alrededor de 7,1 horas, asociado a una precesión periódica del chorro alrededor del eje de giro.

El propio analista recuerda que menos de un 1% de la luz dispersada procede del núcleo —según las primeras imágenes del Hubble del 21 de julio de 2025— y que la tasa de pérdida de masa aumentó de forma notable cerca del perihelio. La consecuencia es clara: las variaciones de decenas de puntos porcentuales en el flujo observado no pueden venir del núcleo, sino de la coma y los jets.

Loeb acuñó para este comportamiento la expresión “heartbeat variability”: los jets bombean polvo y gas hacia la coma como un corazón bombea sangre, y la rotación del núcleo modula ese latido en el tiempo.

Una alineación del eje de giro que desafía la estadística

A partir de las imágenes procesadas, Loeb observa que el chorro precesa alrededor del eje de rotación y que su ángulo medio de posición se sitúa en 270 ± 3 grados. Dado que el eje Sol–3I/ATLAS se encuentra en 290 grados, el analista infiere que el eje de rotación del objeto está alineado con la dirección al Sol en un margen de solo 10–20 grados.

El propio Loeb reconoce que esta alineación es difícil de explicar si se asume que el momento angular del objeto se fijó en el espacio interestelar, “muy lejos del Sol”. Estima que la probabilidad de que se produzca por puro azar se sitúa solo entre un 1,5% y un 6%.

Más aún: la comparación con las medidas anteriores al perihelio apunta a que la precesión del jet ya era entonces de unas 7,74 ± 0,35 horas, mientras que la variabilidad de brillo se asociaba a periodos mucho más largos, en torno a 16–17 horas. Para Loeb, el perihelio podría haber cambiado el número de jets activos o de “manchas” en la superficie, de modo que tras el paso cercano al Sol ambos polos de rotación quedaron iluminados y se activaron dos regiones emisoras, doblando la frecuencia de modulación de la coma.

El diagnóstico del astrofísico es nítido: lo que se mide tras el perihelio no es un simple reflejo de la forma del núcleo, sino una modulación impulsada por los jets, que permite reconstruir el estado rotacional del objeto.

Expected trajectory of 3I/ATLAS, as of January 7, 2025. (Image credit: NASA/JPL Horizons)

22 de enero: la cita de 3I/ATLAS con la oposición

En un segundo trabajo, Loeb, junto a Mauro Barbieri, pone el foco en la geometría excepcional que se producirá el 22 de enero de 2026. Ese día, 3I/ATLAS se alineará con el eje Sol–Tierra a solo 0,69 grados, una oposición casi perfecta.

Según sus cálculos, el objeto estará entonces a una distancia de r ≈ 3,33 UA del Sol y a ∆ ≈ 2,35 UA de la Tierra, con una magnitud aparente de V ≈ 16,7. Lo singular no es solo el valor mínimo de la fase α, sino su duración: 3I/ATLAS mantendrá α < 2 grados durante aproximadamente una semana, del 19 al 26 de enero, una escala temporal inusualmente larga para este tipo de geometrías.

Loeb subraya que, a medida que el objeto se aleje del Sol, la fase seguirá siendo pequeña, pero la magnitud se degradará: en enero de 2027 estima α ≈ 1,4 grados, r ≈ 16 UA y V ≈ 24 mag, y en enero de 2028, α ≈ 0,8 grados, r ≈ 28 UA y V ≈ 25 mag. El mensaje para la comunidad es claro: la ventana realmente útil es la de enero de 2026.

El “opposition surge”: una prueba de estrés para el polvo interestelar

Lo que Loeb quiere medir con esta alineación es el llamado “opposition surge”, un incremento brusco del brillo de muchos objetos del Sistema Solar cuando el ángulo de fase α cae por debajo de 10 grados. El fenómeno se apoya en dos efectos físicos bien caracterizados:

  • Shadow-hiding (α > 2°): cuando el Sol, el objeto y el observador están casi alineados, las sombras que proyectan las partículas de polvo quedan ocultas detrás de ellas, eliminando zonas oscuras y aumentando el brillo aparente.

  • Coherent backscatter (α < 2°): a ángulos muy pequeños, la luz que recorre caminos recíprocos en un medio polvoriento puede interferir de forma constructiva, produciendo un pico muy estrecho de brillo por efectos cuánticos.

El astrofísico recuerda que solo un cometa, 67P/Churyumov–Gerasimenko, observado por la sonda Rosetta entre α = 1,3° y 5°, cuenta con una medición sólida del opposition surge (un incremento de 0,15 ± 0,02 magnitudes y un albedo muy bajo, ω₀ ≈ 0,034). Para la mayoría de cometas, los ángulos mínimos registrados son demasiado grandes.

En el caso de 3I/ATLAS, Loeb propone utilizar la amplitud y la anchura angular del surge para responder a dos preguntas clave:

  • Composición: ¿domina el material carbonoso de bajo albedo (ω₀ ∼ 0,03) o hay una fracción significativa de hielo (ω₀ ∼ 0,1–0,3), como sugiere en trabajos previos a partir de su anti-cola extendida?

  • Estructura de grano: ¿son los granos compactos y térmicamente procesados, o se trata de agregados fractales “esponjosos”, más cercanos al polvo de nubes moleculares prístinas?

La respuesta, insiste Loeb, ayudaría a distinguir entre polvo procesado en discos protoplanetarios y material interestelar más primitivo.

La campaña que pide Loeb: precisión, filtros y polarimetría

Para aprovechar la “suerte extraordinaria” de esta alineación, Loeb detalla un plan de observación exigente. El analista recomienda:

  • Cobertura temporal: al menos ±4 días alrededor del 22 de enero de 2026, cuando α < 2°, para separar los efectos de fase de la actividad intrínseca del cometa.

  • Fotometría de alta precisión: errores ≲0,03 magnitudes por punto de datos, con aperturas y métodos de fondo consistentes durante toda la campaña.

  • Observaciones multibanda: al menos en tres filtros anchos (por ejemplo BVR, VRI, gri o riz), ya que la dependencia con la longitud de onda de la curva de fase ayuda a distinguir entre shadow-hiding y backscatter coherente.

  • Polarimetría: medidas de polarización lineal cerca del ángulo mínimo aportarían una restricción independiente sobre estructura y múltiple dispersión del polvo. Incluso muestreos escasos, señala, mejorarían de forma notable la interpretación de los datos fotométricos.

  • Aperturas: con V ~16,5–17 mag cerca de la oposición, los telescopios de ≥1 metro son adecuados para fotometría precisa, mientras que la polarimetría requerirá aperturas aún mayores.

Loeb insiste en la necesidad de coordinación internacional para mejorar el muestreo temporal y mitigar lagunas por condiciones meteorológicas. Incluso conjuntos de datos parciales, argumenta, contribuirán a constrain la curva de fase de un alineamiento que podría no repetirse en décadas para un objeto interestelar activo.

Del giro de 3I/ATLAS al tiempo en la Luna y en la galaxia

En la parte final de su análisis, Loeb enlaza la discusión sobre periodos y rotación con una reflexión más amplia sobre la medida del tiempo fuera de la Tierra. Apoyándose en la Relatividad General de Einstein, recuerda que el tiempo avanza más despacio donde la gravedad es más intensa:

  • En la Luna, donde el potencial gravitatorio es más débil que en la Tierra, el tiempo corre unos 56–59 microsegundos por día más rápido. El desfase es de unos 0,66 partes por mil millones, lo que implica un segundo de diferencia cada 46,5 años, un dato crítico cuando se habla de sincronizar relojes y sistemas electrónicos entre ambos cuerpos.

  • En la Vía Láctea, todos los habitantes —humanos y astronautas— viven dentro del pozo de potencial gravitatorio galáctico, lo que añade una ralentización fraccional del orden de una parte por millón. En términos prácticos, señala Loeb, en una vida de 100 años envejecemos unos 53 minutos menos que un hipotético observador en el vacío intergaláctico.

El analista conecta así el “tiempo” de 7,1 horas de 3I/ATLAS con el tiempo que marcan los relojes en la superficie lunar o a escala galáctica: diferentes contextos donde la precisión en la medida de periodos —sean de rotación, de pulsos de luz o de relojes atómicos— condiciona lo que podemos conocer del Universo.

Para Avi Loeb, 3I/ATLAS es, sobre todo, un conjunto de preguntas aún abiertas. ¿Por qué su eje de rotación está tan estrechamente alineado con la dirección al Sol? ¿Cómo ha cambiado realmente su estado rotacional al pasar por el perihelio? ¿Qué revela su opposition surge sobre la composición y microestructura del polvo interestelar?

El astrofísico insiste en que el baile del jet y su “latido” de 7,1 horas son solo la primera capa. La campaña de oposición de enero de 2026, si la comunidad responde a su llamada, puede añadir información decisiva sobre el material de otros sistemas estelares, desde su albedo hasta su grado de procesado térmico.

Lo que está claro, a juicio de Loeb, es que la combinación de dinámica, geometría y relatividad que ofrece 3I/ATLAS convierte a este visitante fugaz en un caso de estudio excepcional, capaz de conectar los detalles de un chorro de polvo con cuestiones tan amplias como cómo medimos el tiempo en la Luna o cuánto “más lento” envejecemos dentro de nuestra galaxia.

False-color image of 3I/ATLAS (top panel), taken on December 27, 2025 by a 0.2-meter telescope in Belgium. The field of view is 14.4 by 23.3 arcminutes, corresponding to 1.1 by 1.8 million kilometers. (Image credit: Alfons Diepvens)