El misterio interestelar de 3I/ATLAS: Avi Loeb halla una estructura de propulsión simétrica

Credit: T. Scarmato and A. Loeb 2026
Un análisis del Telescopio Hubble revela tres chorros de energía sincronizados que desafían la naturaleza convencional de los cometas interestelares

El tercer visitante interestelar detectado por la humanidad, el objeto 3I/ATLAS, ha dejado de ser una simple roca errante para convertirse en el enigma astrofísico más perturbador de la década. Un análisis exhaustivo liderado por el astrofísico de Harvard, Avi Loeb, y el observador Toni Scarmato, basado en datos de alta resolución del Telescopio Hubble, ha revelado un sistema de tres chorros simétricos que operan con una precisión matemática. Con una variabilidad lumínica del 30% y un periodo de precesión de 7,1 horas, la morfología de este objeto de 2,6 kilómetros de diámetro desafía las leyes de la sublimación natural observada en cometas locales. El hallazgo reabre el debate más incómodo para la comunidad científica y el sector de la defensa aeroespacial: ¿estamos ante un iceberg natural o ante la firma tecnológica de una civilización ajena a nuestro sistema solar?

La anomalía de la triple propulsión simétrica

El descubrimiento de una estructura simétrica de tres chorros, equitativamente separados, cerca del núcleo de 3I/ATLAS supone un punto de inflexión en la observación astronómica de objetos interestelares. Utilizando el filtro de gradiente rotacional Larson-Sekanina —una técnica que elimina el brillo circularmente simétrico para exponer estructuras internas—, Loeb y Scarmato han identificado un sistema de eyección que no encaja con los modelos geológicos convencionales. Este hecho revela que la emisión de material no es errática ni aleatoria, sino que sigue un patrón geométrico donde dos de los chorros mantienen una separación constante de 120 grados.

La consecuencia es clara: la morfología del objeto modula la amplitud de su brillo de manera rítmica. Mientras que en los cometas de nuestro sistema solar la eyección de gas y polvo suele ser el resultado de la sublimación de hielos expuestos al sol de forma irregular, en 3I/ATLAS los chorros parecen estar anclados a ejes de simetría específicos del núcleo. Este diagnóstico es inequívoco y sugiere que la estructura interna del objeto posee una rigidez o una organización que permite proyecciones de energía altamente colimadas, un fenómeno que rara vez se observa en cuerpos celestes naturales sin una explicación geofísica compleja detrás.

159 El ángulo entre el eje Sol-Tierra y el eje Sol-3I/Atlas en grados, en función de la fecha. (Crédito: M. Barbieri y A. Loeb; artículo completo disponible aquí)

Un sistema de precesión con precisión matemática

El análisis de las imágenes tomadas por el Hubble entre el 30 de noviembre y el 27 de diciembre de 2025 ha permitido cronometrar el "bamboleo" del núcleo con una exactitud asombrosa. El chorro más prominente, dirigido en sentido opuesto al Sol, oscila en un periodo de 7,20 horas, con un margen de error de apenas 0,05 horas. Simultáneamente, el brillo total del objeto varía con un periodo de 7,136 horas. Esta sutil diferencia y la suma de los periodos de los chorros secundarios —2,9 y 4,3 horas, que suman exactamente 7,2 horas— revelan un sistema dinámico en perfecto equilibrio.

Este hecho revela un fenómeno de precesión o nutación de actitud, donde el eje de rotación del objeto no está alineado con sus ejes de simetría principales. Lo más grave para la tesis del origen natural es que el bamboleo muestra una excursión angular característica de unos 20 grados, manteniendo el eje de rotación alineado con la dirección del Sol con una precisión de otros 20 grados. El contraste con otros objetos interestelares, como el célebre 'Oumuamua, resulta demoledor: 3I/ATLAS no solo se mueve, sino que parece estar "estabilizado" mediante la acción compensatoria de sus propios chorros múltiples, una dinámica que optimiza su trayectoria en el vacío.

La firma de una tecnología desconocida

La gran pregunta que sobrevuela la investigación de Loeb es si estamos ante la firma de "propulsores tecnológicos" o ante la sublimación de bolsas naturales de hielo. Sin embargo, la simetría triple es extremadamente inusual en la naturaleza. Los chorros 1 y 3 trazan un cono de precesión a través de las oscilaciones de sus ángulos de posición, mientras que el chorro 2 actúa como un ancla geométrica a gran escala. Esta disposición minimiza el par de torsión neto, permitiendo que la rotación de 3I/ATLAS sea extraordinariamente estable a pesar de la eyección masiva de material.

El diagnóstico de Loeb apunta a que solo un porcentaje mínimo del brillo del objeto proviene de la reflexión de la luz solar en su núcleo. El resto es el resultado de la actividad de estos chorros, cuya morfología transita rítmicamente entre estados colimados y formas de abanico. Este comportamiento modula tanto la dirección proyectada de los chorros como el brillo total, una característica que recuerda más a un sistema de control de actitud de una sonda espacial que a la desgasificación caótica de un cometa moribundo. La sensibilidad de la curva de luz a la apertura del abanico de los chorros sugiere un mecanismo de control de flujo que la ciencia aún no sabe explicar mediante procesos naturales.

El enigma de los 2,6 kilómetros de diámetro

El tamaño de 3I/ATLAS añade una capa extra de complejidad al análisis. Con un diámetro inferido de 2,6 kilómetros, el objeto posee una masa considerable que requeriría una fuerza de eyección inmensa para producir el bamboleo y la aceleración observada. En los cometas tradicionales, la presión de radiación solar y la desgasificación apenas logran modificar la trayectoria de forma perceptible si el núcleo es tan grande. Sin embargo, en 3I/ATLAS, la energía expulsada es suficiente para generar una variabilidad del 30% en su luminosidad total, un dato que revela una actividad energética interna desproporcionada.

Este hecho revela que, si 3I/ATLAS es un objeto natural, debe poseer una composición química interna radicalmente distinta a cualquier cosa observada en nuestro sistema solar, o bien una estructura interna hueca que permita tales oscilaciones con menor esfuerzo energético. El contraste con el segundo objeto interestelar, 2I/Borisov, resulta demoledor; Borisov se comportó como un cometa estándar, mientras que 3I/ATLAS —al igual que 'Oumuamua— presenta anomalías dinámicas que cuestionan su clasificación. La comunidad científica se encuentra ante el dilema de aceptar procesos naturales exóticos o considerar seriamente la hipótesis de la tecnología interestelar.

Sincronía en el vacío absoluto

La coordinación entre los periodos de los tres chorros es quizás el dato más perturbador del estudio de Loeb y Scarmato. Que la suma de dos periodos menores (2,9 y 4,3 horas) equivalga exactamente al periodo del chorro principal (7,2 horas) sugiere un acoplamiento mecánico o sistémico. En un cuerpo natural, las fuentes de sublimación suelen ser independientes y se activan según la exposición al sol; que tres fuentes independientes en diferentes partes de un núcleo de 2,6 km operen con tal nivel de sincronía temporal es estadísticamente improbable.

La consecuencia es clara: el sistema de chorros actúa como una unidad integrada. El análisis vincula el periodo de 7,1 horas con una nutación de actitud asociada a la desalineación del eje de rotación. Esta desalineación produce un bamboleo cuasi-periódico que modula la visibilidad de los chorros desde la Tierra. Para el observador, este hecho revela una "ingeniería de actitud" que permite al objeto mantener una orientación preferencial respecto al Sol, un comportamiento que maximiza la estabilidad del núcleo durante su tránsito por el sistema solar interior.

This artist’s impression shows the first interstellar asteroid: `Oumuamua. This unique object was discovered on 19 October 2017 by the Pan-STARRS 1 telescope in Hawai`i. Subsequent observations from ESO’s Very Large Telescope in Chile and other observatories around the world show that it was travelling through space for millions of years before its chance encounter with our star system. `Oumuamua seems to be a dark red highly-elongated metallic or rocky object, about 400 metres long, and is unlike anything normally found in the Solar System.

¿Sublimación natural o motores interestelares?

El debate sobre la naturaleza de 3I/ATLAS tiene implicaciones profundas para el futuro de la exploración espacial y la seguridad planetaria. Si los chorros son de origen tecnológico, estaríamos ante la primera prueba física de una "máquina" interestelar cruzando nuestro vecindario. «La cuestión fundamental que sigue sin resolverse es si el sistema simétrico de triple chorro es la firma de propulsores tecnológicos o la sublimación de bolsas naturales de hielo en la superficie de un iceberg rocoso natural», señala Loeb. El diagnóstico es que la ciencia convencional está llegando al límite de su capacidad explicativa.

La industria aeroespacial observa con atención estos datos. La capacidad de un objeto para autoestabilizarse mediante chorros simétricos es un concepto de diseño que ya se utiliza en satélites y sondas humanas, pero verlo escalado a un objeto de kilómetros de diámetro y origen interestelar cambia las reglas del juego. La consecuencia para la inversión en defensa y vigilancia espacial es inmediata: 3I/ATLAS ha demostrado que el espacio interestelar puede contener objetos mucho más complejos de lo que los modelos de "simples rocas" sugerían hasta ahora.

El precedente de 'Oumuamua y la nueva astrofísica

La historia de la astrofísica interestelar es corta pero intensa. Desde el avistamiento de 1I/'Oumuamua en 2017, la comunidad científica ha estado dividida. Aquel objeto mostró una aceleración no gravitacional sin rastros de coma o cola cometaria. Ahora, 3I/ATLAS presenta chorros visibles, pero con una geometría tan perfecta que vuelve a evocar la posibilidad de un origen artificial. El contraste entre ambos visitantes interestelares revela que no hay un patrón único de "cometa interestelar", lo que refuerza la necesidad de misiones de interceptación espacial.

El diagnóstico de Loeb es que no podemos permitirnos ignorar estas anomalías bajo el manto del conservadurismo científico. La lección del pasado es que los grandes descubrimientos suelen esconderse tras datos que "no encajan". Si 3I/ATLAS es una sonda, un velero solar o una pieza de basura espacial alienígena, su estudio detallado mediante el Hubble es nuestra única oportunidad de entender la tecnología de otras civilizaciones antes de que el objeto se pierda para siempre en el vacío interestelar. La ciencia, por tanto, se encuentra en una encrucijada entre la ortodoxia y la posibilidad de un encuentro con lo desconocido.

El análisis de los bamboleos periódicos de los chorros de 3I/ATLAS nos sitúa ante una realidad incómoda: el cosmos es mucho más extraño de lo que preveíamos. La simetría triple, la sincronía de los periodos y la estabilidad del sistema de precesión son características que, en cualquier otro contexto, serían calificadas como señales inequívocas de diseño inteligente. El hecho de que ocurran en un objeto interestelar solo eleva el nivel de exigencia para la prueba definitiva.

La consecuencia de este estudio será un aumento de la presión para financiar misiones como la Comet Interceptor de la ESA o proyectos privados que busquen fotografiar de cerca a estos visitantes. El diagnóstico final de Avi Loeb es un recordatorio de nuestra humildad tecnológica: estamos mirando a través de una cerradura —el Hubble— a una tecnología que podría estar operando a escalas y con principios que apenas empezamos a vislumbrar. 3I/ATLAS es el mensajero, y su mensaje es que el sistema solar ya no es el entorno aislado y predecible que creíamos.