La NASA cifra en 2.100 millones su misión nuclear a Marte

Marte Foto de Planet Volumes en Unsplash

El proyecto Space Reactor-1 Freedom prevé despegar a finales de 2028 y reutilizar tecnología de la cancelada estación lunar Gateway para transportar tres helicópteros científicos.

La NASA calcula que su primera misión interplanetaria impulsada mediante un reactor nuclear costará alrededor de 2.100 millones de dólares, una cifra que todavía no incluye el desarrollo de la carga científica que deberá operar sobre Marte. El programa concentrará la mayor parte del gasto entre 2026 y 2028, en plena reorganización de la estrategia espacial estadounidense.

La nave, bautizada como Space Reactor-1 Freedom, deberá transportar hasta el planeta rojo tres helicópteros del proyecto SkyFall. Su misión será cartografiar el terreno, localizar posibles reservas de agua y preparar futuras operaciones humanas. El calendario es ambicioso: el lanzamiento está previsto para finales de 2028.

Un presupuesto concentrado en tres años

Las primeras estimaciones distribuyen el coste en 640 millones de dólares durante 2026, otros 890 millones en 2027, 415 millones en 2028 y aproximadamente 180 millones en 2029. La suma alcanza los 2.125 millones, aunque la NASA presenta el cálculo como una aproximación sujeta al proceso de contratación.

Lo más relevante no es únicamente la magnitud del desembolso, sino su velocidad. Cerca del 72% del presupuesto previsto deberá ejecutarse en los dos primeros ejercicios. Este hecho revela la presión industrial y administrativa que soportará el proyecto: contratos acelerados, integración de sistemas nucleares y reutilización de equipos concebidos originalmente para otra infraestructura.

Además, la factura difundida no incorpora SkyFall. Por tanto, el coste total de la operación marciana será previsiblemente superior.

Tecnología rescatada de Gateway

La NASA pretende reutilizar componentes desarrollados para Gateway, la estación que debía orbitar la Luna y apoyar el programa Artemis. El cambio evita desechar años de ingeniería, pero también obliga a adaptar equipos concebidos para el entorno lunar a una misión interplanetaria mucho más exigente.

El elemento de potencia y propulsión de Gateway incorporaba motores eléctricos de efecto Hall. Ahora deberá integrarse con un reactor de fisión capaz de generar electricidad de forma continua, reduciendo la dependencia de los paneles solares durante el viaje.

La cancelación o suspensión de Gateway ha dejado componentes avanzados sin una función inmediata. Space Reactor-1 Freedom convierte ese pasivo tecnológico en la base de un nuevo programa, aunque la adaptación puede introducir sobrecostes y retrasos difíciles de anticipar.

El salto de la propulsión nuclear

La nave no empleará una explosión nuclear para impulsarse. El reactor producirá electricidad destinada a alimentar propulsores eléctricos, capaces de funcionar durante periodos prolongados con una elevada eficiencia.

La diferencia con las sondas Voyager o los vehículos marcianos tradicionales resulta esencial. Estos utilizaron generadores que transforman el calor de la desintegración radiactiva en electricidad. El nuevo sistema recurrirá a fisión nuclear activa, con una potencia proyectada superior a 20 kilovatios.

El diagnóstico tecnológico es inequívoco: la misión no busca únicamente llegar a Marte, sino demostrar una arquitectura reutilizable para expediciones más lejanas, donde la energía solar pierde eficacia y transportar grandes cantidades de combustible químico resulta prohibitivo.

Tres helicópteros para buscar agua

La carga SkyFall estará compuesta por tres aeronaves autónomas inspiradas en Ingenuity, el pequeño helicóptero que completó 72 vuelos sobre Marte. Sus sucesores deberán cubrir mayores distancias y operar con instrumentos más complejos.

Entre sus objetivos figura la identificación de hielo bajo la superficie mediante cámaras y sistemas de radar. Encontrar depósitos accesibles de agua tendría una importancia estratégica: servirían para el consumo de futuras tripulaciones y podrían transformarse en oxígeno o combustible.

La exploración aérea también permite estudiar zonas inaccesibles para los vehículos terrestres. Barrancos, cráteres y terrenos abruptos podrían analizarse con más rapidez, multiplicando la superficie observada y reduciendo la dependencia de desplazamientos extremadamente lentos.

Un calendario bajo presión

Lanzar la nave a finales de 2028 exige completar en poco más de dos años la contratación, el ensamblaje, las pruebas del reactor y la certificación de seguridad. Se trata de una ventana especialmente ajustada para una tecnología que nunca ha impulsado una misión interplanetaria estadounidense.

El contraste con otros grandes programas de la NASA resulta revelador. El telescopio James Webb acumuló años de demora y terminó costando cerca de 10.000 millones de dólares. Artemis también ha sufrido revisiones sucesivas por la complejidad de sus vehículos y sistemas de aterrizaje.

La NASA sostiene que continuará refinando la estimación a medida que avance la adquisición de componentes y servicios.

Por tanto, los 2.100 millones deben entenderse como un punto de partida, no como una factura cerrada.

Marte dentro de la batalla espacial

El proyecto se desarrolla mientras Estados Unidos intenta recuperar impulso frente a China en la Luna y Marte. Washington necesita demostrar que puede combinar exploración científica, tecnología nuclear y operaciones autónomas sin erosionar otros programas de investigación.

La consecuencia es clara: un fracaso dañaría tanto el presupuesto como la credibilidad de la estrategia espacial estadounidense. Un éxito, en cambio, permitiría reutilizar la tecnología en futuras misiones al sistema solar exterior y en instalaciones lunares capaces de funcionar durante largos periodos sin luz.

La información disponible encaja además con el creciente interés de Negocios.com por la exploración marciana y las nuevas prioridades de la NASA. La misión no transportará astronautas, pero puede decidir cómo viajarán las siguientes generaciones hasta Marte.