NASA: "Tenemos que volver a lo básico", anuncia una revisión importante del programa lunar Artemis tras la polémica que tuvo con Atlas/3i
La NASA ha decidido pisar el freno justo antes del tramo más delicado de su regreso a la Luna. El nuevo administrador de la agencia, Jared Isaacman, ha anunciado una revisión profunda del programa Artemis y ha admitido que el plan original para alunizar en 2028 con una única misión de preparación “no era realista” sin un ensayo adicional. En lugar de pasar directamente del vuelo de circunnavegación lunar de Artemis II a un alunizaje con Artemis III, la agencia añadirá un nuevo vuelo en 2027 en órbita terrestre baja para probar, con astronautas, los futuros módulos de alunizaje comerciales. A partir de esas pruebas, la hoja de ruta contempla al menos dos alunizajes en 2028, Artemis IV y V, ya en la superficie lunar. La decisión llega tras un demoledor informe de seguridad interno, cuando la propia NASA lucha por sacar adelante una Artemis II que ya ha sufrido varios retrasos técnicos. El mensaje de Isaacman es inequívoco: menos épica, más ingeniería; menos apuestas únicas, más pasos incrementalmente seguros.
Atlas/3i y su no publicación de imágenes
Javier Santaolalla, doctor en Física y divulgador científico, ha planteado tres posibles motivos por los que la NASA todavía no ha hecho públicas las imágenes del cometa interestelar 3I/ATLAS, captadas a principios de octubre cuando pasó cerca de Marte. La explicación que considera más probable es la falta de personal tras los recortes y despidos recientes en la agencia, que habría dejado muchos departamentos “bajo mínimos” y retrasado la gestión y publicación de datos. Como segunda opción, apunta a motivos políticos: decisiones estratégicas del Gobierno de Estados Unidos, prioridades institucionales o un control más férreo sobre cómo y cuándo se comunica cierta información científica.
La tercera hipótesis, que Santaolalla presenta como la menos probable pero la más sugerente, es que la NASA haya detectado anomalías en esas imágenes y prefiera esperar antes de difundirlas. Algunas interpretaciones hablan de bandas de calor concéntricas, halos inclinados y rasgos que no encajarían del todo con el comportamiento típico de un cometa, lo que podría exigir más análisis interno. El físico insiste en que se trata solo de conjeturas, pero sus reflexiones vuelven a poner sobre la mesa la mezcla de opacidad, limitaciones operativas y condicionantes políticos que puede retrasar la divulgación de hallazgos astronómicos, incluso en una era en la que la información parece circular de forma instantánea.
Un giro radical en el calendario lunar
Hasta ahora, el esquema oficial de Artemis contemplaba un salto casi directo: Artemis II llevaría a cuatro astronautas a orbitar la Luna y Artemis III ejecutaría el primer alunizaje cerca del polo sur, probablemente en 2028, utilizando un módulo de SpaceX. Esa secuencia, cargada de “primeras veces”, es precisamente lo que la NASA ha decidido desactivar. Isaacman ha optado por redefinir Artemis III: volará en 2027, pero no irá a la Luna. En su lugar, los astronautas permanecerán en órbita baja terrestre y se acoplarán a uno o dos landers comerciales —los que desarrollan SpaceX y Blue Origin— para probar navegación, comunicaciones, propulsión y sistemas de soporte vital.
El objetivo es claro: acelerar el ritmo de lanzamientos del cohete SLS, pero dividiendo el riesgo en escalones manejables. En lugar de un único intento de alunizaje cargando con tecnología y procedimientos sin vuelo previo, la NASA introduce una fase intermedia de integración y ensayo. “Vamos a llegar en pasos, reduciendo riesgos a medida que aprendemos y volcamos esa información en los siguientes diseños”, ha explicado Isaacman. El contraste con la narrativa de un gran salto directo a la Luna es evidente: la prioridad ya no es la foto histórica, sino la robustez del sistema.
Artemis II: el retraso que obliga a replantear el plan
La revisión de Artemis no se entiende sin mirar el estado real de Artemis II, la primera misión tripulada del programa. El vuelo, previsto inicialmente para principios de febrero, ha sufrido una cadena de contratiempos: primero, una fuga de hidrógeno; después, un problema en el sistema de presurización de helio de la etapa superior del SLS. El resultado es un cohete obligado a volver al Vehicle Assembly Building el 25 de febrero de 2026 y un lanzamiento aplazado como mínimo hasta el 1 de abril.
Cada retraso en Artemis II desplaza hacia delante toda la arquitectura. Pretender, en ese contexto, mantener un calendario que saltaba casi de inmediato al alunizaje convertía el programa en una carrera contra el reloj. Isaacman lo ha reconocido con crudeza: “no se puede ir de Artemis II a un aterrizaje lunar con Artemis III como si nada”. Lo más grave, desde la óptica de la seguridad, es que la baja cadencia —un vuelo cada 18 meses— hace que cada misión concentre una enorme presión política y reputacional. Con el nuevo esquema, la NASA aspira a estabilizar el ritmo en un lanzamiento al año, reduciendo la tentación de asumir más riesgo del que la ingeniería permite.
El informe de seguridad que encendió todas las alarmas
El anuncio de Isaacman llega apenas dos días después de que el Aerospace Safety Advisory Panel, el comité independiente de seguridad de la NASA, publicara un informe muy crítico con el plan original. El panel calificó la estrategia de pasar directamente de un sobrevuelo lunar a un alunizaje con un lander de SpaceX como “de alto riesgo”, alertó del número de “primeros hitos” condensados en una sola misión y recomendó “restructurar el programa Artemis” para lograr un perfil de riesgo más equilibrado.
Isaacman asegura que no hubo coordinación formal, pero admite que el nuevo plan responde, en la práctica, a muchas de esas objeciones. “Eran observaciones bastante obvias”, ha comentado. La consecuencia es clara: el administrador se alinea con los auditores y rompe con la inercia de un calendario heredado que priorizaba la fecha sobre la madurez técnica. En términos de gobernanza, supone reconocer que un programa que moviliza decenas de miles de millones de dólares no puede apoyarse en una única misión crítica cargada de incógnitas. La apuesta, ahora, es por una curva de aprendizaje en la que cada vuelo añade capacidades sin acumular riesgos inéditos.
Volver al método Apolo: probar antes de alunizar
La nueva Artemis III, convertida en banco de pruebas en órbita baja, recuerda deliberadamente a Apollo 9, la misión de 1969 que ensayó por primera vez en vuelo real el módulo lunar antes del histórico Apollo 11. En 2027, los astronautas se acoplarán en órbita terrestre con los landers comerciales, ensayarán maniobras de encuentro y atraque, probarán sistemas de comunicaciones de largo alcance y exigirán a los sistemas de soporte vital un funcionamiento continuo en condiciones reales, aunque sin descender a la superficie.
La misión servirá también como primera prueba en vuelo de los nuevos trajes espaciales que llevarán los futuros caminantes lunares. Aunque no está previsto que los astronautas salgan al exterior, Isaacman insiste en que tener los trajes en microgravedad, con ciclos completos de uso, generará información crítica sobre su ergonomía, consumos y fiabilidad. “Es una oportunidad para aprender mucho aunque no pisemos la Luna todavía”, subraya. La estrategia reproduce la filosofía del Apolo: ensayar cada pieza del puzzle en un entorno controlado antes de apostar todo a una única jugada sobre el regolito lunar.
SpaceX y Blue Origin, a examen en órbita baja
En el corazón técnico y económico de este giro están SpaceX y Blue Origin, los dos gigantes privados encargados de desarrollar los landers lunares de Artemis. Ambos tienen ya acuerdos con la NASA para realizar alunizajes no tripulados de demostración, pero el nuevo diseño del programa les añade otra prueba clave: acoplar sus vehículos a la nave Orión en la órbita terrestre y operar de forma integrada con la tripulación a bordo.
Isaacman quiere aprovechar esa fase para “preparar a ambos proveedores para el éxito futuro” y, si el calendario lo permite, acoplarse con los dos landers en la misión de 2027. Desde el punto de vista industrial, el cambio abre la puerta a que los dos actores clave del nuevo ecosistema lunar demuestren capacidades en paralelo, sin que uno de ellos quede relegado a un segundo plano durante años. Las reacciones han sido entusiastas. “Let’s go! We’re all in!”, ha respondido Blue Origin. SpaceX, por su parte, ha subrayado que ve estas misiones como pasos necesarios hacia una presencia sostenible en la superficie lunar. Para los inversores y contratistas, cada nuevo vuelo es también un hito comercial: más contratos, más validación tecnológica y más peso en la futura economía cislunar.
SLS más simple: menos versiones, más lanzamientos
La reconfiguración de Artemis no se limita a las misiones; también afecta al hardware. Isaacman ha confirmado que la NASA detendrá el desarrollo de la Exploration Upper Stage (EUS), la nueva etapa superior que debía dar lugar a las versiones más potentes del cohete SLS (Block 1B y Block 2). En su lugar, la agencia apostará por una etapa superior estandarizada, menos potente pero común a todos los vuelos, que permita utilizar la misma rampa móvil y reduzca al mínimo los cambios de configuración entre misiones.
El diagnóstico es duro: “es innecesariamente complicado alterar la configuración del SLS y Orión para cada Artemis”, admite la propia NASA. Desde el lado industrial, actores como Boeing, United Launch Alliance o Lockheed Martin han cerrado filas con el nuevo enfoque y aseguran estar preparados para aumentar el ritmo de producción y lanzamiento. El contraste con el modelo anterior, basado en variantes del cohete y en una segunda torre de lanzamiento, es evidente: menos diseños, menos obras permanentes, más reutilización de infraestructura. La consecuencia económica es doble: se reducen riesgos de sobrecostes estructurales y se libera margen presupuestario para más vuelos operativos, en lugar de inmovilizar capital en configuraciones que tardarían años en amortizarse.
Old vs New Artemis Timeline
by u/MajorRocketScience in ArtemisProgram
Una economía orbital que se pague sola
Más allá de la ingeniería y los calendarios, Isaacman insiste en que Artemis solo tendrá sentido a largo plazo si contribuye a construir una economía en órbita y en la superficie lunar que genere más valor del que consume. “Tenemos que conseguir más valor del espacio y de la Luna del que invertimos. Solo así se enciende una economía que no dependa eternamente del contribuyente”, resume. Detrás de esa frase está la ambición de que los módulos de alunizaje, las infraestructuras en órbita y las futuras bases sirvan no solo a la NASA, sino también a empresas que ofrezcan servicios comerciales: comunicaciones, logística, ciencia aplicada o explotación de recursos locales.
De momento, el desafío es mucho más prosaico: cumplir una secuencia de tres grandes misiones —Artemis III, IV y V— antes de finales de 2028, con un cohete SLS aún joven, una cadena industrial que debe recuperar músculo y una opinión pública atenta al coste de cada retraso. Si la agencia logra estabilizar un ritmo de un vuelo tripulado al año, reducir la lista de tecnologías “no probadas” antes del alunizaje y demostrar que la colaboración con SpaceX y Blue Origin funciona en vuelo real, habrá dado un paso decisivo para que la Luna deje de ser un destino ocasional y se convierta en un espacio de actividad económica recurrente. La verdadera prueba, como siempre en la NASA, será si la gestión está a la altura de la ambición.