3I/ATLAS

El objeto interestelar 3I/ATLAS desconcierta con tres mini-jets simétricos

El objeto interestelar 3I/ATLAS desconcierta con tres mini-jets simétricos. Avi Loeb
El astrofísico Avi Loeb analiza con datos de Hubble una estructura de chorros a 120 grados y se pregunta si la naturaleza basta para explicarla

El nuevo visitante interestelar 3I/ATLAS vuelve a situarse en el centro del debate científico. Tras su paso por el perihelio a finales de octubre, una serie de imágenes del Telescopio Espacial Hubble revela un patrón de tres mini-jets de materia separados exactamente 120 grados, acompañado por un cuarto chorro más largo apuntando hacia el Sol. El astrofísico Avi Loeb, de la Universidad de Harvard, y sus coautores han analizado estas observaciones, mostrando que la estructura oscila unos ±20 grados en ciclos de 7,1 horas, probablemente por la rotación del objeto. La simetría geométrica ha llevado a su colega Frank Laukien a plantear una cuestión delicada: ¿podría tratarse de una firma tecnológica y no solo de un proceso geológico? De momento, la respuesta sigue abierta y dependerá de nuevas observaciones, pero el caso ya se ha incorporado a la lista de 18 “anomalías” de 3I/ATLAS que Loeb recopila en su propia escala de clasificación de posibles tecnofirmas.

Un visitante interestelar bajo la lupa de Hubble

3I/ATLAS es el tercer objeto interestelar detectado que atraviesa el Sistema Solar, tras ‘Oumuamua y Borisov. Su trayectoria hiperbólica indica que no está ligado gravitacionalmente al Sol y que procede del espacio interestelar, lo que convierte cada dato en una pieza valiosa para entender cómo son los cuerpos que vagan entre estrellas.

Tras el perihelio del 29 de octubre de 2025, astrónomos aficionados ya habían señalado la presencia de múltiples chorros de material saliendo del núcleo. Loeb recuerda que estas estructuras se observan mejor aplicando un filtro de gradiente rotacional Larson-Sekanina, que elimina el brillo circular del halo y resalta las asimetrías.

A partir de noviembre, el Hubble comenzó una campaña específica. Entre el 30 de noviembre y el 14 de enero se tomaron al menos seis juegos de imágenes profundas, que han permitido reconstruir la morfología de la coma a distancias de hasta 25.000 kilómetros del núcleo. La sorpresa no ha sido tanto la presencia de actividad —habitual en cometas— como el grado de orden geométrico que muestran los chorros en todas las fechas observadas.

Imagen de 3I/ATLAS, tomada el 7 de enero de 2026 por el Telescopio Espacial Hubble (panel superior) y procesada mediante el filtro de gradiente rotacional Larson-Sekanina (panel inferior). El panel inferior muestra una estructura de triple chorro con un prominente chorro anticola en dirección al Sol, hacia la esquina inferior izquierda de la imagen. El chorro anticola se extiende a una escala del orden de la separación Tierra-Luna. (Crédito de la imagen: Toni Scarmato, basado en datos publicados por NASA/ESA/STScI aquí)

Tres mini-jets a 120 grados y un ‘anti-tail’ dominante

Las imágenes procesadas muestran de forma consistente tres mini-jets que emergen del entorno de 3I/ATLAS, separados por ángulos de 120 grados en la proyección del cielo. La simetría es visible en todas las fechas analizadas: 30 de noviembre, 4, 12 y 27 de diciembre y 7 y 14 de enero.

Según el trabajo que Loeb firma junto al astrónomo Toni Scarmato, estos chorros se extienden hasta unos 25.000 kilómetros del objeto y se acompañan de un cuarto chorro mucho más largo —un “anti-tail”— que alcanza diez veces esa distancia, del orden de 250.000 kilómetros, orientado en dirección al Sol. El filtro Larson-Sekanina permite distinguir con claridad este sistema cuádruple sobre el fondo difuso de la coma.

En cometas y núcleos helados son frecuentes los jets causados por regiones de hielo activas que subliman al calentarse. Sin embargo, la regularidad de la separación angular y la presencia constante de tres mini-jets iguales ha llamado la atención de los investigadores. El patrón persiste a pesar de los cambios en el ángulo de observación y en la iluminación solar, lo que sugiere una configuración estable en el propio cuerpo, y no un artefacto de procesamiento o perspectiva.

Un faro que gira cada 7,1 horas

El análisis temporal apunta a que la estructura no es estática. Loeb y Scarmato muestran que el sistema de mini-jets “cabecea” unos ±20 grados a lo largo del tiempo, siguiendo un ciclo de aproximadamente 7,1 horas. La interpretación más directa es que 3I/ATLAS está rotando y que cada jet funciona como un haz desalineado, similar al de un faro que gira y barre el espacio.

La orientación del eje de rotación sería otro elemento llamativo: los autores concluyen que está alineado con la dirección al Sol con una desviación de apenas 10-20 grados. Esta configuración, ya sugerida por observaciones anteriores en agosto de 2025, implica que una buena parte de la energía que impulsa los chorros procede de zonas cercanas a la región subsolar del objeto, donde la radiación es más intensa.

En la práctica, esto significa que, si se observa 3I/ATLAS durante varias horas, los mini-jets irán describiendo un movimiento oscilante en el campo de visión, pero manteniendo entre ellos la separación angular de 120 grados. Ese comportamiento será clave para interpretar las observaciones previstas en los próximos alineamientos geométricos con la Tierra.

El alineamiento del 22 de enero: un círculo posible en el cielo

En un segundo trabajo, elaborado junto a Mauro Barbieri, Loeb calcula que el 22 de enero de 2026 la línea de visión desde la Tierra hacia 3I/ATLAS se alineará con la dirección antisolar con una precisión de 0,69 grados. Esa configuración especial podría permitir ver los mini-jets proyectados de forma casi circular alrededor del núcleo.

Si el modelo de rotación y geometría es correcto, la combinación del giro de 7,1 horas y del alineamiento casi perfecto haría que las emanaciones de material dibujen una suerte de anillo luminoso en el cielo, según la perspectiva terrestre. El equipo propone aprovechar la ventana para recopilar datos que permitan distinguir mejor entre diferentes escenarios físicos.

La campaña será relevante por dos motivos. Primero, porque permitirá comprobar si los tres chorros mantienen su simetría a 120 grados en un ángulo de observación muy distinto al de las fechas anteriores. Y segundo, porque ofrecerá una oportunidad de medir con más precisión la velocidad y composición del material expulsado, parámetros necesarios para evaluar si el comportamiento encaja en modelos cometarios estándar o requiere hipótesis adicionales.

La pregunta de Laukien: ¿propulsores o procesos naturales?

La alta simetría no ha pasado desapercibida para el físico Frank Laukien, colaborador de Loeb, que plantea una cuestión de fondo. “La separación angular simétrica de 120 grados entre los tres mini-jets es asombrosa. Es difícil imaginar tal simetría en un objeto macroscópico natural”, señala.

Laukien se pregunta si tres mini-jets podrían representar la configuración mínima de un sistema de propulsión para reorientar un objeto en el espacio tridimensional. En satélites humanos, los propulsores suelen colocarse por pares enfrentados; en un sistema ortogonal completo serían necesarias seis toberas para controlar los tres ejes. Sin embargo, si 3I/ATLAS gira en torno a su eje principal cada 7,1 horas, los propulsores alineados con ese eje serían menos útiles, y bastaría con tres en un plano perpendicular más un cuarto chorro principal para efectuar ajustes de actitud.

De momento, los datos solo permiten constatar que existe un sistema de tres jets simétricos acompañado de un chorro dominante. La interpretación como firma tecnológica es una posibilidad que el propio Loeb plantea como hipótesis de trabajo, pero que requiere evidencias mucho más sólidas. La explicación más conservadora sigue siendo un cuerpo helado con áreas activas dispuestas de forma regular por su historia geológica o por fracturas internas.

159 El ángulo entre el eje Sol-Tierra y el eje Sol-3I/Atlas en grados, en función de la fecha. (Crédito: M. Barbieri y A. Loeb; artículo completo disponible aquí)

3I/ATLAS y las 18 “anomalías” en la escala de Loeb

El patrón de chorros simétricos no es el único rasgo llamativo de 3I/ATLAS. Loeb lo incluye como una de las 18 anomalías que ha catalogado para este objeto, dentro de la Loeb Classification Scale, un marco que propone para ordenar potenciales indicios de tecnología extraterrestre.

La escala considera aspectos como trayectorias no explicadas por la gravedad, aceleraciones residuales, propiedades inusuales de la superficie o patrones de emisión de gas y polvo. Cuanto más convincente es la desviación respecto a los modelos naturales conocidos, más alto se sitúa el objeto en la clasificación.

En el caso de 3I/ATLAS, el conjunto de anomalías incluye desde detalles orbitales hasta comportamientos de la coma. La presencia de tres mini-jets a 120 grados, persistentes en múltiples fechas y longitudes de onda, refuerza el interés del objeto dentro de este catálogo. No obstante, Loeb subraya que la identificación de una “firma tecnológica clara” sigue pendiente: los datos actuales son sugerentes, pero no concluyentes.

La posición del resto de la comunidad científica

Buena parte de la comunidad astronómica aborda el caso con cautela. La historia reciente de los objetos interestelares, desde ‘Oumuamua, ha mostrado que fenómenos inicialmente catalogados como extraños pueden hallar explicaciones naturales a medida que se acumulan observaciones. Modelos que combinan geometrías irregulares, sublimación anisótropa y efectos de presión de radiación ofrecen marcos alternativos al recurso inmediato a tecnologías desconocidas.

Las agencias espaciales y grupos independientes seguirán recabando datos fotométricos y espectroscópicos de 3I/ATLAS mientras siga siendo observable. Las prioridades pasan por caracterizar la composición, medir con precisión cualquier aceleración no gravitatoria y comparar el patrón de jets con simulaciones de núcleos helados con distintas distribuciones de hielo y fracturas.

En este contexto, el trabajo de Loeb y sus coautores aporta información de alto valor sobre la morfología de la coma y abre líneas de investigación que otros equipos podrán explorar con metodologías alternativas. La discusión se desarrollará dentro del proceso habitual de revisión por pares y contraste de hipótesis, sin descartar escenarios pero dando prioridad a las explicaciones que mejor encajen con el cuerpo de conocimiento actual.

Un laboratorio natural para la búsqueda de tecnofirmas

Más allá de la interpretación final, 3I/ATLAS ofrece un laboratorio natural para poner a prueba herramientas de búsqueda de tecnofirmas, es decir, trazas observables de tecnología extraterrestre. El ejercicio de analizar en detalle su comportamiento, inventariar anomalías y evaluar la plausibilidad de distintas hipótesis ayuda a refinar protocolos de observación y criterios de evidencia.

Para Loeb, la clave es mantener una actitud que combine apertura y rigor. En su artículo recuerda que “el trabajo científico exige paciencia, porque el conocimiento llega un día cada vez” y celebra la belleza de la simetría tanto en las estructuras de nieve en la Tierra como en los jets de un objeto interestelar.

En los próximos meses, el seguimiento de 3I/ATLAS permitirá comprobar si el sistema de mini-jets mantiene su patrón, si aparecen variaciones ligadas a la distancia al Sol o a la orientación con respecto a la Tierra, y si surgen datos que inclinen la balanza hacia una explicación puramente natural o hacia la necesidad de considerar escenarios más exóticos. De momento, lo único seguro es que la simetría triple de sus chorros seguirá alimentando el debate entre los astrónomos que miran al cielo en busca de pistas sobre otros sistemas tecnológicos posibles.