SpaceX lanza EchoStar XXV para una EchoStar al límite
El nuevo satélite de 6,8 toneladas refuerza la televisión de Dish en Norteamérica mientras su matriz vende espectro a SpaceX, negocia con sus acreedores y afronta el desplome de la TV de pago.
La madrugada de este martes, SpaceX volvió a demostrar la rutina con la que coloca grandes cargas en órbita: un Falcon 9 Block 5 despegó desde la Base Espacial de Cabo Cañaveral con el satélite EchoStar XXV (EchoStar 25) rumbo a una órbita de transferencia geoestacionaria. A bordo viajaba un coloso de 6.800 kilos destinado a reforzar durante unos 15 años la oferta de televisión directa al hogar de Dish en Norteamérica.
Sin embargo, detrás de la imagen limpia del lanzamiento hay una paradoja incómoda: EchoStar, matriz de Dish y Boost Mobile, estudia un posible concurso de acreedores tras dejar de pagar intereses por más de 500 millones de dólares y chocar con el regulador estadounidense por el despliegue de su red 5G.
En paralelo, la compañía ha vendido a la propia SpaceX espectro radioeléctrico por 17.000 millones de dólares para apuntalar la constelación Starlink, mientras la televisión de pago pierde clientes a doble dígito.
Un lanzamiento de libro para el Falcon 9
El despegue de EchoStar XXV se produjo a las 04:19 GMT del 10 de marzo de 2026, dentro de una ventana de lanzamiento de 149 minutos desde la plataforma SLC-40 de Cabo Cañaveral. El cohete, un Falcon 9 Block 5 de 70 metros de altura, colocó la carga en una órbita de transferencia geoestacionaria antes de que la primera etapa realizase una maniobra ya casi rutinaria: aterrizar sobre la barcaza A Shortfall of Gravitas en el Atlántico.
Ese primer escalón, el propulsor B1085, completaba así su 14º vuelo, una cifra que refleja el grado de madurez del sistema reutilizable de SpaceX. En total, la compañía suma ya más de 600 misiones con Falcon 9, y EchoStar XXV ha sido aproximadamente el 30º lanzamiento del año 2026, en línea con el objetivo no declarado de superar el centenar de despegues anuales.
El precio de lista del cohete se sitúa en torno a los 74 millones de dólares por misión, una tarifa que ha ido erosionando el mercado de los lanzadores tradicionales europeos y rusos. La consecuencia es clara: para operadores como EchoStar, SpaceX se ha convertido en prácticamente la única opción competitiva para poner en órbita satélites geoestacionarios de gran tamaño, concentrando en un solo proveedor tanto la capacidad de lanzamiento como, cada vez más, el control del espectro y de las constelaciones en órbita baja.
Liftoff! pic.twitter.com/xdAryTrayy
— SpaceX (@SpaceX) March 10, 2026
Un satélite de 6,8 toneladas para una flota envejecida
EchoStar XXV es un satélite de difusión directa diseñado para distribuir contenidos de televisión de pago en toda Norteamérica. Construido por la antigua Maxar —hoy Lanteris Space Systems— sobre la plataforma Maxar/SSL-1300, combina una carga útil de haz multispot de alta potencia con propulsión eléctrica y química para situarse en su posición geoestacionaria definitiva tras varios meses de maniobras.
El aparato operará principalmente en las bandas de 12,2-12,7 GHz (descendente) y 17,3-17,8 GHz (ascendente), el rango clásico de la televisión directa al hogar (DTH) en Estados Unidos. Su vida útil de diseño se estima en 15 años, durante los cuales deberá soportar el deterioro progresivo de los paneles solares, el castigo de la radiación y la competencia feroz de las plataformas de streaming.
EchoStar llevaba más de una década sin incorporar un nuevo satélite de difusión TV a la flota de Dish: la última gran incorporación comparable fue EchoStar 15, lanzado en 2010. En ese tiempo, la base de clientes de televisión satelital de la compañía ha pasado de ser el motor del grupo a convertirse en un negocio en declive, aunque todavía genera flujo de caja relevante. EchoStar XXV no es, por tanto, una apuesta expansiva, sino un intento de refrescar una infraestructura envejecida, mantener el servicio en alta definición y abrir margen para canales en 4K y servicios interactivos allí donde la fibra óptica y el 5G no llegan.
La paradoja: grandes inversiones espaciales con riesgo de quiebra
La imagen de un satélite de cientos de millones de dólares rumbo al espacio contrasta con la situación financiera de su propietario. EchoStar completó en 2023 la fusión con Dish Network en una operación valorada en unos 26.000 millones de dólares, con el objetivo de combinar el negocio de televisión, streaming y una red 5G en despliegue con los activos satelitales y de comunicaciones del grupo.
Ese movimiento, pensado para crear un “cuarto operador” capaz de disputar mercado a AT&T, Verizon y T-Mobile, ha quedado ensombrecido por la realidad: una deuda muy elevada, un despliegue 5G cuestionado por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) y una erosión constante de los ingresos de la televisión de pago. En 2025, la compañía dejó de pagar varios vencimientos de intereses por un total superior a 500 millones de dólares, alimentando los rumores de un inminente Chapter 11, la figura de bancarrota estadounidense que permite reestructurar bajo supervisión judicial.
“Es difícil justificar tanta inversión orbital cuando la base de clientes se reduce trimestre tras trimestre”, resume un analista del sector. Pero EchoStar XXV no es una decisión tomada al filo del precipicio: el contrato con Maxar se firmó en 2023, cuando el deterioro del negocio era evidente pero aún manejable. La compañía se ve ahora obligada a convivir con compromisos de capital de largo plazo —satélites, lanzamientos, segmentación de red— mientras negocia con acreedores y regulador la viabilidad de su apuesta 5G.
SpaceX, socio y competidor: el negocio del espectro
La paradoja se amplifica al analizar quién lanza y con qué se paga este satélite. En 2025, SpaceX y EchoStar anunciaron un acuerdo para la venta a la empresa de Elon Musk de la cartera de licencias AWS-4 y H-block, clave para servicios móviles y satelitales, por cerca de 17.000 millones de dólares: 8.500 millones en efectivo, 8.500 en acciones de SpaceX y la asunción de unos 2.000 millones en pagos de intereses hasta 2027.
El pacto incluía, además, un acuerdo comercial de largo plazo para que los clientes de Boost Mobile —la marca móvil de EchoStar— pudieran utilizar el servicio Starlink Direct to Cell, una de las grandes apuestas de SpaceX para la próxima década. Con esta jugada, EchoStar gana liquidez para reducir deuda y gana tiempo frente a la FCC, que cuestiona el grado de despliegue de su red 5G. SpaceX, por su parte, refuerza su posición en el espectro y se garantiza un flujo de clientes mayoristas para su red satelital de baja órbita.
Lo más llamativo es que ambas compañías siguen enfrentadas ante el regulador por el uso de la banda de 2 GHz, donde SpaceX acusa a EchoStar de “subutilización” mientras EchoStar denuncia un intento de “acaparamiento” por parte de la empresa de Musk. En otras palabras: el proveedor del cohete que lanza el satélite de televisión es, al mismo tiempo, el comprador de parte del espectro y un competidor directo por el uso del cielo radioeléctrico.
Qué cambia para Dish y los hogares norteamericanos
Desde el punto de vista del abonado, EchoStar XXV llega para asegurar continuidad más que para revolucionar la oferta. Dish cerró 2022 con unos 7,4 millones de clientes de TV satelital, tras perder alrededor de 800.000 abonados en un solo año, una tendencia que no se ha revertido. En este contexto, el nuevo satélite permite mantener capacidad suficiente para seguir ofreciendo paquetes de canales en HD y 4K, así como servicios de grabación en la nube y mosaicos temáticos.
La carga útil de haz multispot permite concentrar potencia en áreas de alta demanda —grandes áreas metropolitanas de Estados Unidos y Canadá— y, al mismo tiempo, cubrir zonas rurales con antenas de menor tamaño. Para millones de hogares en áreas remotas, donde el despliegue de fibra o 5G se resiste, la televisión satelital sigue siendo la única opción estable para acceder a noticias, deportes y entretenimiento en tiempo real.
“Mientras haya zonas sin banda ancha fija fiable, la televisión por satélite seguirá cumpliendo una función estratégica”, admiten fuentes del sector. La cuestión es si bastará con retener a esos clientes de difícil sustitución para compensar el goteo de bajas en las ciudades, donde la combinación de streaming y televisión por internet (vMVPD) se ha convertido en el estándar.
La televisión lineal frente al streaming: una apuesta a contracorriente
La decisión de invertir en un nuevo satélite de televisión llega cuando el mercado de la TV de pago vive su peor racha histórica. En Estados Unidos, la penetración de los servicios de pago —cable, satélite y telco— ha caído de casi el 88% de los hogares en 2010 a alrededor del 64% en 2023, y distintos estudios sitúan ya la cuota por debajo del 50% a cierre de 2025.
Solo en 2024, los operadores tradicionales llegaron a perder en torno a 1,6 millones de abonados por trimestre, encadenando diez trimestres consecutivos de caídas de doble dígito. El diagnóstico es inequívoco: el crecimiento del streaming —con una media de 3,4 suscripciones de pago por hogar y un 90% de penetración— ha trasladado el centro de gravedad del consumo de vídeo hacia internet.
En este contexto, apostar por un satélite de difusión lineal parece, a primera vista, ir a contracorriente. Sin embargo, para operadores como EchoStar la alternativa no es trivial: el negocio satelital, aunque decreciente, sigue generando márgenes elevados y caja recurrente, mientras la apuesta por el 5G móvil requiere inversiones gigantescas con un horizonte de rentabilidad incierto. “El satélite se ha convertido en la hucha con la que financiar la huida hacia la conectividad móvil”, señalan analistas. La pregunta es cuánto tiempo puede seguir llenándose esa hucha.
