Ormuz: el poder estratégico de Irán que sacude el tablero mundial, según Alfredo Jalife
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal instrumento de presión de Irán sobre Estados Unidos. No es un arma nuclear en sentido literal, pero sí puede provocar un impacto económico comparable: disparar el petróleo, interrumpir suministros y trasladar la crisis hasta las bolsas occidentales.
Alfredo Jalife interpreta la aparente distensión en Oriente Próximo como una «tregua táctica», no como una paz consolidada. Washington necesita estabilizar la energía y proteger su economía antes de las elecciones legislativas. Teherán, entretanto, conserva una ventaja geográfica que ningún bombardeo puede eliminar con facilidad.
La reapertura de Ormuz tras el entendimiento alcanzado el 18 de junio permitió recuperar parte del tráfico marítimo y rebajar la presión sobre los mercados. La Administración de Información Energética estadounidense calculó que el Brent, después de promediar 85 dólares por barril en junio, llegó a caer por debajo de los 70 dólares a comienzos de julio.
Sin embargo, Jalife advierte de que esta calma responde a una necesidad económica inmediata. La tregua compra tiempo, pero no resuelve la disputa estratégica sobre quién controla la principal puerta energética del golfo Pérsico.
El arma sin detonación
La metáfora de la «bomba atómica» describe la capacidad iraní para alterar la economía mundial sin recurrir a una explosión nuclear. Teherán no necesita cerrar físicamente cada milla del estrecho: bastan ataques selectivos, amenazas, minas o primas de seguro prohibitivas para reducir el tránsito.
Durante la fase más grave de la crisis, el cierre efectivo de Ormuz provocó importantes interrupciones. La EIA calcula que la producción suspendida alcanzó un máximo de 11,2 millones de barriles diarios en mayo y promedió 8,3 millones durante junio.
Reservas bajo presión
Jalife vincula la actitud estadounidense con el deterioro de su colchón energético. Los últimos datos mensuales disponibles situaban la Reserva Estratégica de Petróleo en 394,5 millones de barriles al cierre de abril, tras superar los 415 millones durante febrero.
El nivel continúa siendo suficiente para afrontar emergencias, pero limita el margen político de Donald Trump ante una interrupción prolongada. Liberar más crudo podría contener temporalmente la gasolina; hacerlo de manera intensa reduciría todavía más la protección frente a nuevas crisis. La vulnerabilidad energética se convierte así en vulnerabilidad electoral.
Petróleo, gas y peajes
El poder iraní no procede solo de sus fuerzas navales. También nace de la concentración geográfica de exportadores como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Catar. Una perturbación sostenida afecta al petróleo, al gas natural licuado, a los fertilizantes y al transporte marítimo.
La EIA estimó que las existencias mundiales de crudo descendieron a un ritmo de 5,1 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre y anticipó otra caída de 2,2 millones diarios en el tercero. El contraste resulta demoledor: Irán puede sufrir militarmente y, al mismo tiempo, encarecer la factura de sus adversarios.
La guerra también circula por cables
Jalife amplía el tablero hacia las telecomunicaciones. Ormuz alberga varios cables submarinos que conectan a las economías del Golfo, aunque no concentra por sí solo todo el tráfico entre Asia y Europa.
TeleGeography identifica sistemas como AAE-1, FALCON y Gulf Bridge International atravesando el estrecho. La mayor amenaza no sería necesariamente un sabotaje directo, sino el daño accidental causado por barcos atacados o anclas arrastradas. Además, solo un buque especializado permanecía disponible dentro del Golfo para reparaciones durante la crisis.
Misiles, saturación y propaganda
El analista subraya también el papel de los misiles balísticos e hipersónicos iraníes. Su importancia no reside únicamente en alcanzar objetivos, sino en obligar a Estados Unidos e Israel a consumir interceptores costosos y dispersar defensas.
Los sistemas Patriot no son inútiles, pero ninguna defensa garantiza una protección absoluta frente a ataques masivos y combinados. La saturación es el punto débil de cualquier escudo. A ello se suma la guerra informativa: imágenes incompletas, versiones contradictorias y acusaciones de operaciones de falsa bandera dificultan distinguir la propaganda de los hechos comprobados.
Ucrania completa el tablero
Jalife conecta Oriente Próximo con Ucrania porque ambos conflictos compiten por munición, financiación y atención política estadounidense. Cada interceptor enviado al Golfo deja de estar disponible para otro frente; cada subida energética amplía la presión sobre las economías europeas.
Esta lectura no implica que ambos escenarios estén dirigidos desde un único centro. Revela, más bien, una limitación material: Occidente debe sostener simultáneamente compromisos militares en Europa, Israel y el golfo Pérsico, mientras China y Rusia observan el desgaste.
La tregua puede sobrevivir durante semanas o meses. Incluso podría abrir una negociación más amplia. Pero la geografía permanecerá intacta: Irán seguirá situado frente a una ruta capaz de condicionar los precios internacionales y la estabilidad política estadounidense. Washington conserva una superioridad militar indiscutible, pero Teherán posee una palanca económica difícil de neutralizar. Ormuz no destruye ciudades; puede paralizar mercados, vaciar reservas y convertir una crisis regional en una conmoción global.