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Los aliados de Putin empiezan a hacerle una pregunta incómoda: "¿Por qué...?"

EP RUSIA PUTIN

Más de cuatro años después del inicio de la invasión de Ucrania, incluso entre quienes respaldan la estrategia del Kremlin comienzan a surgir preguntas incómodas. ¿Por qué Rusia no ha conseguido una victoria definitiva? ¿Por qué ciudades estratégicas como Odesa siguen fuera de su control? ¿Cómo es posible que en algunas regiones rusas se hayan registrado problemas de suministro de combustible pese a tratarse de una de las mayores potencias energéticas del mundo? Son cuestiones que reflejan el desgaste de un conflicto que ha dejado atrás cualquier expectativa de una campaña rápida y que hoy se parece mucho más a una guerra de desgaste económico, industrial y militar.

Una guerra mucho más larga de lo previsto

Cuando comenzó la invasión en febrero de 2022, numerosos analistas internacionales consideraban que el conflicto podría resolverse en cuestión de semanas.

Sin embargo, la resistencia ucraniana, el apoyo militar occidental y la capacidad de ambos países para sostener el esfuerzo bélico transformaron rápidamente la guerra en un enfrentamiento de larga duración.

Hoy el frente apenas registra avances territoriales significativos pese a la enorme intensidad de los combates.

El conflicto ha dejado de medirse únicamente por kilómetros conquistados para hacerlo por la capacidad de cada país de sostener el esfuerzo militar durante años.

¿Por qué Rusia no controla Odesa?

Una de las preguntas más repetidas gira en torno a Odesa.

La ciudad constituye uno de los principales puertos del mar Negro y mantiene una enorme importancia estratégica para la economía ucraniana.

Sin embargo, conquistar una gran ciudad costera de millones de habitantes requeriría una operación anfibia y terrestre de enorme complejidad, además de un elevado coste humano y logístico.

Desde el inicio de la guerra, Rusia ha priorizado otras zonas del frente, especialmente el este de Ucrania, donde la continuidad territorial y la cercanía de las líneas de suministro facilitan las operaciones militares.

El combustible también se ha convertido en un problema

Resulta paradójico que uno de los mayores productores mundiales de petróleo haya experimentado tensiones en el suministro de gasolina en determinadas regiones.

No obstante, producir petróleo no garantiza automáticamente disponer de combustible barato o abundante en cualquier punto del país.

Los ataques con drones contra varias refinerías, las dificultades logísticas derivadas de la guerra, el incremento de la demanda militar y las restricciones en algunas cadenas de distribución han provocado episodios puntuales de escasez y aumentos de precios en distintas zonas de Rusia.

Las autoridades rusas han respondido en ocasiones limitando temporalmente las exportaciones de gasolina para asegurar el abastecimiento interno.

Una economía completamente orientada al esfuerzo bélico

La guerra ha transformado profundamente la economía rusa.

Buena parte del gasto público se dirige hoy a la industria de defensa, la producción de armamento y el sostenimiento del ejército.

Ese esfuerzo ha permitido mantener un elevado ritmo de fabricación militar, pero también ha generado tensiones en otros sectores de la economía.

La escasez de mano de obra, el aumento de los salarios en la industria militar y la presión sobre determinadas cadenas de suministro están modificando el funcionamiento habitual del mercado ruso.

La estrategia del desgaste

Numerosos especialistas consideran que Moscú ya no persigue una ofensiva rápida.

La prioridad parece centrarse en desgastar progresivamente la capacidad militar y económica de Ucrania mientras espera que el paso del tiempo reduzca el apoyo político y financiero de los países occidentales.

Por su parte, Ucrania mantiene una estrategia basada en resistir, atacar objetivos logísticos rusos y prolongar el conflicto con la esperanza de seguir recibiendo ayuda internacional.

Ambos bandos parecen convencidos de que el tiempo juega a su favor.

La guerra también tiene un coste político

Más allá del frente militar, la prolongación del conflicto aumenta la presión sobre todas las partes implicadas.

Rusia debe sostener un elevado gasto militar mientras mantiene la estabilidad económica interna.

Ucrania depende en gran medida del respaldo financiero y militar de sus aliados.

Europa afronta mayores gastos en defensa y seguridad, mientras Estados Unidos debate periódicamente la continuidad de su ayuda.

Cada mes que pasa incrementa el coste económico y político del conflicto para todos los actores involucrados.

Un conflicto lejos de resolverse

Las preguntas sobre la duración de la guerra reflejan una realidad evidente: ninguno de los objetivos iniciales se ha alcanzado plenamente.

Rusia no ha logrado una victoria rápida ni el control de todo el territorio que aspiraba a dominar.

Ucrania tampoco ha conseguido recuperar completamente las zonas ocupadas.

La consecuencia es clara. La guerra ha evolucionado hacia un conflicto de desgaste en el que la capacidad industrial, económica y logística pesa tanto como los avances militares sobre el terreno. Más que una carrera por conquistar ciudades concretas, el enfrentamiento se ha convertido en una competición por determinar qué país será capaz de sostener durante más tiempo el enorme coste de una guerra que sigue sin ofrecer una salida clara.