La contraofensiva de Teherán alcanza zonas residenciales en Bahréin y el gabinete de Netanyahu prepara el asalto final a la infraestructura industrial persa
La noche de este sábado ha dejado de ser una operación quirúrgica para convertirse en un incendio regional de consecuencias incalculables que amenaza con desarticular el orden global. El impacto de drones iraníes en rascacielos residenciales de Manama y la orden de evacuación inmediata emitida por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para el complejo industrial de Isfahán marcan el inicio de una fase de aniquilación mutua sin retorno. Teherán justifica sus ataques sobre «estados amigos» como Bahréin o Emiratos bajo el cínico paraguas de la legítima defensa, mientras Washington e Israel aceleran un despliegue operativo de más de 150 aeronaves que, según fuentes militares, llevaba meses gestándose en secreto. El equilibrio de Oriente Medio ha saltado por los aires, situando a la economía mundial ante el abismo de un choque de oferta energética sin precedentes.
El martillo sobre Isfahán: aviso de destrucción inminente
La tensión en el corazón de Irán ha alcanzado su punto de ebullición tras el mensaje de urgencia emitido por el teniente coronel Kamal Penhasi, portavoz en lengua persa de las FDI. En una maniobra de guerra psicológica y táctica, Israel ha instado a los ciudadanos iraníes residentes en las proximidades de la zona industrial de Isfahán a abandonar sus hogares de forma inmediata. "En los próximos minutos, el ejército israelí atacará infraestructuras militares en esta zona", reza el comunicado. Este hecho revela que la ofensiva de la coalición no ha concluido con la primera oleada de ataques, sino que entra ahora en una fase de destrucción sistemática de la capacidad productiva del régimen.
Isfahán no es un objetivo cualquiera; alberga algunos de los complejos de investigación nuclear y fábricas de misiles más avanzados del país. La advertencia israelí busca minimizar las bajas civiles para evitar una condena internacional masiva, pero el diagnóstico técnico es demoledor: el objetivo es inutilizar el pulmón industrial de la Guardia Revolucionaria (IRGC). La consecuencia de este asedio será una parálisis total de la economía de guerra iraní, justo cuando Teherán intenta sostener su contraofensiva regional. Este movimiento confirma que la operación conjunta entre Estados Unidos e Israel ha sido planificada durante meses, esperando el catalizador político adecuado para ejecutarse con una precisión que los radares rusos S-300 han sido incapaces de neutralizar.
Manama bajo el fuego de los drones suicidas
Mientras Israel golpea el suelo persa, Irán ha decidido expandir el dolor hacia las monarquías del Golfo. El Ministerio del Interior de Bahréin ha confirmado este sábado que varios rascacielos y edificios residenciales en Manama han sido alcanzados por una nueva oleada de drones suicidas. Vídeos verificados por agencias internacionales muestran el impacto directo de un vehículo no tripulado contra un complejo de oficinas, provocando incendios que los servicios de defensa civil luchan por sofocar. Este hecho revela una escalada cualitativa: Irán ya no solo ataca bases militares, sino que utiliza el terrorismo de infraestructura para castigar a los países que permiten la presencia de la Quinta Flota de los Estados Unidos.
La consecuencia inmediata en los mercados financieros de la región ha sido el pánico. Manama es un nodo logístico y financiero crítico, y su vulnerabilidad ante los drones de bajo coste de Teherán proyecta una sombra de duda sobre la seguridad de todas las infraestructuras del Golfo. El diagnóstico de los analistas de riesgo es que Irán está aplicando una doctrina de «destrucción compartida»: si su industria es bombardeada, los centros financieros de sus vecinos sufrirán el mismo destino. Este ataque a Bahréin representa la ruptura definitiva de la solidaridad islámica en la región, provocando una cascada de condenas por parte de las naciones árabes que ven en la agresividad persa una amenaza existencial para su propio desarrollo económico.
La doctrina del arrepentimiento cínico de Araghchi
En un ejercicio de funambulismo diplomático, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha expresado su «pesar» por el hecho de que los objetivos militares de su país se encuentren en «estados amigos». En un mensaje difundido a través de sus redes sociales, Araghchi ha intentado justificar la lluvia de misiles sobre Qatar, Bahréin y los Emiratos como un ejercicio de legítima defensa amparado por la Carta de las Naciones Unidas. «Irán no se quedará de brazos cruzados mientras Estados Unidos ataca a nuestro pueblo», afirmó el diplomático, subrayando que la responsabilidad de la desestabilización recae exclusivamente en Washington e Israel.
Este hecho revela la estrategia de comunicación de Teherán: presentar la guerra regional como una consecuencia inevitable de la «agresión sionista-americana». Sin embargo, el diagnóstico de la diplomacia occidental es nítido: Irán está utilizando a los estados vecinos como rehenes para forzar un alto el fuego que preserve sus activos nucleares. La mención de Araghchi a la vieja retórica de Donald Trump de «América Primero» —acusándole de haber mutado su doctrina a un «Israel Primero»— busca alimentar la división interna en la política estadounidense. No obstante, la realidad operativa desmiente cualquier arrepentimiento; mientras Araghchi escribe notas de pesar, los drones iraníes siguen buscando objetivos en las capitales árabes.
Araghchi EPA_ERDEM SAHIN
El colapso de la seguridad en el eje del petróleo
El desbordamiento del conflicto hacia Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos sitúa a la economía mundial ante una situación de emergencia energética. Por el Estrecho de Ormuz transita casi una quinta parte de la demanda mundial de petróleo, y el estruendo de las explosiones en Manama ha provocado que las aseguradoras marítimas suspendan la cobertura para los tránsitos en el Golfo. Este hecho revela que la victoria militar que busca Trump podría traducirse en una derrota económica de dimensiones sistémicas. La consecuencia es clara: el barril de Brent se encamina hacia una apertura de mercado que podría superar los 130 dólares, invalidando cualquier previsión de inflación controlada para el cierre de 2026.
Lo más grave es la vulnerabilidad de las plantas desalinizadoras y los puertos de exportación de gas natural licuado (GNL) en Qatar. Si Irán persiste en su contraofensiva, el desabastecimiento energético en Europa será inmediato y brutal. El diagnóstico de los expertos en energía apunta a que nos encontramos ante la mayor amenaza al suministro desde la crisis de 1973. El contraste con la relativa estabilidad de los últimos meses resulta demoledor; la «guerra abierta» ha transformado un conflicto bilateral en un asedio a la infraestructura crítica que sostiene la vida urbana en medio planeta.
Bajas civiles y el precio de la 'misión noble'
La confirmación por parte de la agencia IRNA de la muerte de cinco niñas en una escuela del sur de Irán añade una carga trágica y moral que condicionará el desarrollo de la guerra. Las víctimas, fallecidas durante un impacto cerca de una base de la IRGC en la provincia de Hormozgan, representan el primer balance de sangre oficial de la operación conjunta. Este hecho revela el riesgo intrínseco de la «noble misión» de la que presume Trump: en un entorno de alta densidad militar, el daño colateral es una certeza matemática. La consecuencia será una movilización masiva del sentimiento nacionalista iraní, complicando cualquier intento de insurgencia interna contra el régimen.
El diagnóstico de las organizaciones internacionales es de una alarma absoluta ante el posible ataque a Isfahán. Al ser un centro industrial masivo, el riesgo de víctimas civiles es exponencialmente mayor que en los ataques a búnkeres remotos. «Israel está avisando de la evacuación, pero la rapidez de los acontecimientos sugiere que asistiremos a una catástrofe humanitaria en cuestión de minutos», advierten observadores en la zona. Este escenario de excepcionalidad militar sitúa a la Administración Trump ante el dilema de mantener el apoyo total a Israel o presionar por una tregua técnica para evitar una masacre que incendie definitivamente el mundo musulmán.
Lo más probable es una escalada de saturación aérea donde la coalición intente destruir el 100% de la capacidad de respuesta iraní antes del lunes. Si el régimen de los ayatolás se siente incapaz de defender su territorio, la tentación de recurrir a la guerra no convencional o a ataques cibernéticos contra el sistema financiero de Wall Street será su última carta. Este hecho revela que nos encontramos ante el fin de la era del multilateralismo defensivo para entrar en la era de la aniquilación operativa.
En definitiva, la noche de este sábado marca un hito de oscuridad en la historia contemporánea. El diagnóstico final es el de una región que ha sido sacrificada en el altar de la hegemonía tecnológica y la supervivencia política. Mientras las llamas consumen edificios residenciales en Bahréin y los F-35 se posicionan sobre Isfahán, el mundo descubre que el precio de la «paz armada» de Trump es una guerra total sin líneas rojas. La lección de 2026 es amarga: en la geopolítica de la IA y los drones kamikazes, el arrepentimiento de los ministros de exteriores es ya solo un epitafio sobre las ruinas de la estabilidad internacional.