Irán última hora

Irán última hora: Vuelve la bandera del león, Trump roza intervenir en Irán, ya hay más de 500 muertos

Irán en llamas: 65 muertos, mezquitas incendiadas y pulso a Occidente
Washington estudia sanciones, ciberataques y apoyo directo a los manifestantes en la mayor revuelta contra el régimen desde 2022, según Reuters, HRANA y The Jerusalem Post

La Casa Blanca se prepara para una decisión delicadísima: Donald Trump estaría “seriamente inclinado” a ayudar de forma activa a los manifestantes iraníes que desafían al régimen islámico, según adelanta The Jerusalem Post. Las protestas, que comenzaron por la carestía de la vida, se han convertido en una revuelta política de primer orden con más de 500 muertos y más de 10.600 detenidos en apenas dos semanas, de acuerdo con la ONG iraní HRANA citada por Reuters.

Sobre la mesa, según fuentes estadounidenses recogidas por The Wall Street Journal y Reuters, figuran opciones que van desde reforzar el acceso a comunicaciones y apoyo cibernético hasta sanciones adicionales e incluso ataques limitados contra objetivos del régimen. En paralelo, Teherán lanza amenazas directas: si Washington interviene, las bases y buques de EEUU y el propio territorio israelí serán objetivo legítimo.

Todo ello ocurre mientras aviones cisterna KC-135 y bombarderos B-52 estadounidenses se concentran alrededor de Irán, según datos de FlightRadar24 difundidos por la cuenta visegrad24, elevando el riesgo de un error de cálculo con impacto global. Y en las calles, una imagen se repite en pancartas y balcones: la bandera del león y el sol, el viejo estandarte de la monarquía iraní, convertida hoy en símbolo de ruptura con la República Islámica.

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Trump se declara listo para ayudar: “Irán está mirando a la libertad”

El giro político se condensa en una frase que el propio Trump publicó en redes: «Irán está mirando hacia la LIBERTAD, quizás como nunca antes. ¡¡¡Estados Unidos está listo para ayudar!!!». No es un mero gesto retórico. Según Reuters y The Wall Street Journal, el presidente ha convocado a sus principales asesores —entre ellos el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario de Defensa, Pete Hegseth— para discutir un menú detallado de respuestas.

Fuentes citadas por estos medios describen a un Trump “seriously inclined” a pasar de la amenaza general a medidas concretas: refuerzo de canales de comunicación en Irán para sortear el apagón de internet, apoyo cibernético a redes opositoras, ampliación del paquete de sanciones y, como horizonte más lejano, opciones de ataque militar selectivo ya esbozadas en los últimos días.

El mensaje hacia dentro y hacia fuera es coherente con su discurso tras Venezuela: proyectar la imagen de un líder dispuesto a actuar cuando, a su juicio, un pueblo “pide libertad”. Pero, como subrayan diplomáticos consultados por Reuters, cada paso tiene un coste potencial en vidas, estabilidad regional y precios de la energía.

Más de 500 muertos y 10.600 detenidos: la dimensión de la revuelta

La magnitud de las protestas y la represión explica la escalada de Washington. La ONG HRANA, con sede en Estados Unidos y redes de activistas dentro y fuera de Irán, cifra en 490 los manifestantes muertos y 48 los miembros de las fuerzas de seguridad fallecidos, lo que arroja un total de 538 víctimas mortales en dos semanas de disturbios. A ello suma más de 10.600 detenciones, según datos citados por Reuters.

Las autoridades iraníes no han ofrecido un balance oficial y califican a los manifestantes de “alborotadores y terroristas”. La televisión pública ha mostrado decenas de bolsas mortuorias en la morgue de Teherán, atribuyendo las muertes a la acción de “grupos armados” y no a la represión estatal. En ciudades como Teherán y Mashhad, vídeos geolocalizados por el equipo de verificación de Reuters muestran columnas de humo, incendios en la vía pública, explosiones y miles de personas desafiando el toque de queda.

El secretario general de la ONU, António Guterres, se ha declarado “horrorizado” por la violencia y ha pedido “máxima contención” y respeto a los derechos de manifestación y expresión. Sobre el terreno, sin embargo, el diagnóstico de los observadores es inequívoco: Teherán ha optado por una respuesta de fuerza, consciente de que se enfrenta a la mayor ola de contestación desde 2022.

La bandera del león: el símbolo que vuelve a la calle

En medio de las marchas, un símbolo se ha vuelto omnipresente: la bandera tricolor verde-blanca-roja con el emblema del león y el sol en el centro. Es la antigua bandera oficial de Irán hasta 1979, asociada a la monarquía de los Pahlaví y sustituida tras la Revolución Islámica por el estandarte actual con el símbolo de la República.

Para una parte de la oposición, especialmente en el exilio y en círculos próximos a Reza Pahlavi, hijo del último sha, esa bandera representa un Irán pre-revolucionario, laico y orientado a Occidente. Para el régimen, en cambio, es un símbolo “contrarrevolucionario” vinculado a la “dictadura del sha” y a las élites que huyeron tras la caída del antiguo orden.

La imagen se ha hecho especialmente visible en las diásporas europeas. En Londres, un manifestante arrancó la bandera oficial de la embajada iraní y la sustituyó precisamente por una versión de la bandera del león, gesto que llevó a Teherán a citar al embajador británico por “comentarios injerencistas” y “actos ofensivos” contra sus símbolos nacionales. El episodio ilustra la batalla paralela que se libra en el terreno de la memoria: para unos, la bandera del león es nostalgia de un pasado idealizado; para otros, la única manera de visualizar un futuro sin República Islámica.

Opciones sobre la mesa: sanciones, ciberataques y algo más

Según The Wall Street Journal y un alto cargo estadounidense citado por Reuters, la reunión de Trump con sus asesores incluirá un abanico de medidas graduadas. En un primer nivel, nuevas sanciones económicas dirigidas a sectores clave controlados por los Guardianes de la Revolución: banca en la sombra, empresas fachada, conglomerados industriales y energéticos. El objetivo: elevar el coste interno de sostener la represión sin hundir por completo la economía iraní.

En un segundo escalón, se estudian ciberataques contra infraestructuras estratégicas, utilizando capacidades secretas ya probadas en el pasado. Hablamos de redes eléctricas, sistemas logísticos, comunicaciones militares o herramientas de vigilancia usadas por el régimen. Paralelamente, se baraja facilitar acceso a internet y comunicaciones seguras a los manifestantes, sorteando el apagón digital impuesto desde Teherán.

Más arriba en la escala de intensidad se situarían ataques militares limitados sobre instalaciones del régimen, incluida la posibilidad —ya filtrada en días previos— de golpear objetivos no estrictamente militares en la capital. Por ahora, según esas mismas fuentes, esta opción se contempla como último recurso, consciente la Casa Blanca del riesgo de encender una guerra regional y de repetir, con consecuencias imprevisibles, el precedente de 2025, cuando EEUU e Israel atacaron instalaciones nucleares iraníes y Teherán respondió con misiles sobre Israel y una base estadounidense en Qatar.

Teherán responde: amenazas a bases, buques y territorio israelí

La respuesta iraní ha sido tan contundente en lo verbal como inquietante en lo estratégico. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, excomandante de la Guardia Revolucionaria, advirtió que una intervención de EEUU no quedaría sin respuesta: «Que quede claro: en caso de ataque contra Irán, los territorios ocupados (Israel) y todas las bases y barcos estadounidenses serán nuestro objetivo legítimo», declaró, según Reuters.

Teherán sostiene que las protestas no son un fenómeno espontáneo, sino una “operación de desestabilización” diseñada por Estados Unidos e Israel. Para apuntalar ese relato, ha convocado para este lunes una movilización masiva de apoyo al régimen y ha decretado tres días de luto nacional por los “mártires” caídos en la “resistencia contra Estados Unidos y el régimen sionista”.

El presidente Masoud Pezeshkian ha acusado a los “enemigos” de introducir en el país a “terroristas que queman mezquitas, atacan bancos y propiedades públicas”. Dirigiéndose a las familias, lanzó una advertencia: «No permitáis que vuestros hijos se unan a alborotadores y terroristas que decapitan y matan a otros». En paralelo, la televisión estatal emite funerales de miembros de las fuerzas de seguridad en ciudades como Gachsaran, Yasuj o Isfahán, construyendo la narrativa de un Estado asediado que paga un precio en sangre.

Mossad en farsi, B-52 en el aire: Israel se prepara para el peor escenario

El otro gran actor en la ecuación es Israel. Tres fuentes israelíes presentes en reuniones de seguridad de alto nivel han asegurado a Reuters que el país se encuentra en estado de máxima alerta ante la posibilidad de que Estados Unidos intervenga en Irán. El recuerdo de la guerra de 12 días de junio de 2025 —en la que Israel e Irán se enfrentaron directamente y EEUU atacó instalaciones nucleares iraníes— pesa sobre cada análisis de escenarios.

La dimensión de inteligencia también se ha hecho visible. The Jerusalem Post informó de que el Mossad difundió mensajes en farsi animando a los iraníes a salir a la calle, un gesto inusual que, de confirmarse, marcaría un salto de la guerra en la sombra al apoyo psicológico y propagandístico explícito. A ello se suma el movimiento de medios militares: según datos de FlightRadar24, varios KC-135R Stratotankers y bombarderos B-52 han despegado de la base de Al Udeid (Qatar) en las últimas horas y drones estadounidenses orbitan cerca del espacio aéreo iraní.

En este contexto, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha declarado en una reunión de gabinete que Israel sigue de cerca los acontecimientos y ha expresado su deseo de que «la nación persa sea pronto liberada del yugo de la tiranía». Para Teherán, son palabras que confirman la percepción de cerco; para Washington, un recordatorio de que cualquier paso que dé se lee también en clave de seguridad israelí.

El precedente Maduro, las dudas del Congreso y la oposición en el exilio

La eventual intervención en Irán se produce con un precedente reciente: la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela, ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses y celebrada por Trump como prueba de la determinación de su Gobierno. Esa acción, unida a los rumores de que el presidente llegó a pedir planes para tomar Groenlandia por la fuerza, alimenta la percepción de una Casa Blanca dispuesta a ir más lejos que sus predecesores.

Sin embargo, no todos en Washington comparten el entusiasmo. Los senadores Rand Paul (republicano) y Mark Warner (demócrata) han advertido públicamente de que un ataque militar contra Irán podría unir a la población en torno al régimen, en lugar de debilitarlo. En su opinión, el riesgo de provocar un efecto “bandera” es elevado en un país con fuerte sentimiento nacionalista y memoria viva de la guerra con Irak.

Mientras tanto, la oposición en el exilio intenta capitalizar el momento. Reza Pahlavi, hijo del último sha y figura destacada de una oposición fragmentada, ha elogiado la “valentía indescriptible” de los manifestantes y les ha instado desde Estados Unidos a “no abandonar las calles”. Su entorno ha abrazado sin reservas la bandera del león como símbolo de continuidad histórica, lo que refuerza su visibilidad pero también alimenta recelos entre sectores laicos y republicanos que rechazan cualquier regreso a la monarquía.

¿Puede caer el régimen? Lo que dicen los expertos

Más allá de los mensajes políticos, los analistas especializados en Irán piden cautela. El exdiplomático estadounidense Alan Eyre, experto en la República Islámica, declaraba a Reuters que ve improbable que estas protestas derroquen al sistema, al menos en el corto plazo. Su escenario central es otro: que el régimen logre sofocar la revuelta, pero emerja del proceso mucho más debilitado.

El argumento se apoya en varios factores. Por un lado, las élites políticas y militares siguen mostrando un grado de cohesión significativo; por otro, no existe una oposición organizada con capacidad de ocupar el vacío de poder si el sistema se resquebraja. A esto se suma un aparato represivo que, pese al desgaste, mantiene presencia en todo el territorio, y un control férreo de los medios tradicionales y de internet cuando así lo decide.

El diagnóstico, en suma, es que el régimen puede sobrevivir a esta oleada, pero a costa de perder legitimidad interna y margen de maniobra externa. Cada muerto, cada detención, cada vídeo de brutalidad policial circulando por canales encriptados erosiona su base social. Y cada amenaza lanzada contra Estados Unidos o Israel refuerza el argumento de quienes en Washington defienden más presión y menos concesiones.

Con las piezas sobre el tablero, los analistas de seguridad manejan tres escenarios de corto plazo. El primero, presión máxima sin guerra, pasa por un aumento notable de sanciones, apoyo cibernético y diplomacia agresiva, sin cruzar la línea del ataque militar. Sería el modelo “Venezuela plus”: erosión económica, aislamiento internacional y apuesta por que la revuelta interna haga el resto.

El segundo escenario, escalada limitada, incluiría ciberataques más visibles y quizá acciones militares muy acotadas contra objetivos del régimen, combinadas con un mensaje claro de disuasión. El riesgo es que Teherán responda golpeando intereses estadounidenses o israelíes, abriendo una cadena de represalias de resultado impredecible.

El tercero, bloqueo y desgaste, contemplaría que el régimen reprima la revuelta con éxito, que Trump opte por medidas simbólicas pero no decisivas, y que Irán salga de esta crisis formalmente intacto, pero más aislado, más pobre y más dependiente de Rusia y China. Es, paradójicamente, el escenario que muchos expertos consideran más probable… y el que menos titulares genera.

Lo único seguro es que el margen para el error se estrecha cada hora. Con B-52 en el aire, manifestantes en la calle, servicios secretos tuiteando en farsi y una bandera del león ondeando de nuevo en plazas y embajadas, cualquier paso en falso puede transformar una revuelta nacional en una crisis regional de primer orden.