Un senador ve a Estados Unidos “al borde de una revolución política” tras la ola de victorias progresistas

Bernie Sanders

Bernie Sanders cree que algo profundo se está moviendo en Estados Unidos. No habla solo de una campaña, ni de una candidatura concreta, ni siquiera de una reacción puntual contra Donald Trump. Habla de una posible “revolución política”: un movimiento de base, progresista, sindical, joven y antioligárquico que estaría empezando a ganar elecciones dentro del Partido Demócrata y a disputar el poder al establishment tradicional.

En el vídeo que recoge la transcripción aportada, Sanders interpreta las últimas victorias progresistas como una señal de cambio. Su tesis es clara: el movimiento que él impulsó en 2016 nunca fue únicamente para llevar a una persona a la Casa Blanca, sino para elegir progresistas en todos los niveles institucionales y construir un gobierno que represente a la mayoría, no solo al 1% más rico.

El mensaje llega en un momento especialmente sensible para la política estadounidense. Donald Trump vuelve a ocupar la Casa Blanca, la desigualdad se ha disparado, el dinero privado domina cada vez más las campañas electorales y una nueva generación de candidatos de izquierda empieza a ganar primarias que antes parecían imposibles.

La victoria que encendió el discurso de Sanders

El detonante inmediato del mensaje de Sanders fue la victoria de Melat Kiros en Colorado. Kiros, una candidata demócrata socialista de 29 años, derrotó en las primarias demócratas del distrito 1 de Colorado a Diana DeGette, una veterana congresista que llevaba 15 mandatos en la Cámara de Representantes. Reuters describió el resultado como una nueva victoria del ala socialista y progresista del Partido Demócrata frente a una figura histórica del establishment.

El golpe político fue enorme. No se trataba de derrotar a un republicano, sino de desplazar desde la izquierda a una demócrata consolidada, en un distrito urbano muy favorable al partido. Según The Guardian, Kiros contó con el apoyo de Bernie Sanders, Democratic Socialists of America y Justice Democrats, y centró su campaña en el poder corporativo, el gasto militar y la política de Estados Unidos hacia Israel.

Para Sanders, esa victoria demuestra algo que lleva años defendiendo: que una campaña de base, con voluntarios, pequeñas donaciones y un mensaje económico fuerte puede derrotar a candidaturas con mucho más dinero detrás. En la transcripción, el senador destaca precisamente que Kiros se impuso pese a que su rival contaba con grandes apoyos financieros y con décadas de presencia institucional.

Mamdani como símbolo de una izquierda que ya gobierna

Sanders no habla solo de Colorado. También cita Nueva York, donde Zohran Mamdani se ha convertido en un símbolo de la nueva izquierda estadounidense.

Mamdani ganó la alcaldía de Nueva York en 2025 con un mensaje centrado en alquileres, transporte público y cuidados, y Reuters señaló entonces que su campaña conectó especialmente con votantes jóvenes a partir de promesas como congelación de alquileres, autobuses gratuitos y cuidado infantil universal.

Ya como alcalde, Mamdani ha intentado proyectar influencia más allá de Nueva York. Reuters informó en junio de 2026 de que candidatos respaldados por él lograron tres importantes victorias en primarias, dentro de un intento de empujar al Partido Demócrata hacia una fuerza más abiertamente socialista democrática.

Para Sanders, esa es la señal importante: el movimiento ya no solo protesta desde fuera, sino que empieza a ganar alcaldías, primarias, escaños y poder institucional.

No basta con oponerse a Trump

Uno de los puntos centrales del discurso de Sanders es que la izquierda demócrata no puede limitarse a ser anti-Trump.

El senador admite que oponerse a Donald Trump es vital, pero insiste en que no es suficiente. Según la transcripción, Sanders reclama un Partido Demócrata dispuesto a enfrentarse a la codicia de los oligarcas, abrir sus puertas a gente nueva y convertirse en el hogar político de la clase trabajadora, los jóvenes y las comunidades negra, latina, asiática y nativa americana.

Ese matiz es clave. Sanders está señalando una debilidad histórica de los demócratas: confiar demasiado en el rechazo a Trump y demasiado poco en una agenda material que hable de salarios, vivienda, sanidad, sindicatos y deuda.

La izquierda progresista intenta ocupar precisamente ese espacio. No quiere decir solo “Trump es peligroso”. Quiere decir: el sistema económico no funciona para la mayoría.

La agenda que Sanders cree mayoritaria

El programa que Sanders defiende no es nuevo, pero ahora aparece reforzado por victorias electorales recientes. En el vídeo, el senador vuelve a colocar sobre la mesa sus grandes banderas: Medicare for All, salario mínimo digno, derecho a sindicarse, vivienda asequible, impuestos a los multimillonarios, recorte del gasto militar, lucha contra el cambio climático y control democrático de la inteligencia artificial.

Algunas de esas propuestas tienen un respaldo social más amplio de lo que sus críticos suelen admitir. El salario mínimo federal, por ejemplo, sigue fijado en 7,25 dólares por hora desde el 24 de julio de 2009, según el Departamento de Trabajo de Estados Unidos.

También el apoyo a los sindicatos se mantiene en niveles históricamente altos. Gallup registró en 2025 un 68% de aprobación hacia los sindicatos, el quinto año consecutivo en una franja cercana al 70%, algo que no se veía de forma sostenida desde finales de los años 50 y comienzos de los 60.

Ese es el terreno donde Sanders cree que la izquierda puede ganar: no como una rareza ideológica, sino como una respuesta a problemas cotidianos.

El enemigo político: la oligarquía

La palabra que estructura el discurso de Sanders es oligarquía.

El senador no presenta el conflicto como una simple pelea entre demócratas y republicanos. Lo presenta como una batalla entre la mayoría trabajadora y una clase multimillonaria capaz de comprar influencia política, financiar campañas, sostener super PACs y condicionar qué ideas llegan o no llegan a la agenda pública.

Los datos de riqueza explican por qué ese mensaje conecta. Forbes situó en 2026 a Estados Unidos como el país con más multimillonarios del mundo: 989 personas con una fortuna conjunta de 8,4 billones de dólares.

El ejemplo más visible es Elon Musk. Reuters informó de que Musk aportó 259 millones de dólares para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump en 2024, convirtiéndose en uno de los grandes financiadores políticos de la historia reciente estadounidense.

Para Sanders y para la izquierda que lo sigue, ahí está el problema de fondo: cuando una fortuna privada alcanza ese tamaño, deja de ser solo riqueza y se convierte en poder político.

Citizens United y la arquitectura legal del dinero

La crítica de Sanders al dinero en política no es solo moral. Tiene una base jurídica muy concreta.

En 1976, el Tribunal Supremo decidió en Buckley v. Valeo que el Gobierno podía limitar ciertas contribuciones directas a campañas, pero no imponer límites amplios al gasto electoral independiente, al considerar que restringir gasto político afectaba a la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda.

En 2010, la sentencia Citizens United v. FEC dio otro salto decisivo: el Tribunal Supremo sostuvo que el Gobierno no podía limitar los gastos políticos independientes de corporaciones, sindicatos y otras entidades, también bajo el paraguas de la libertad de expresión. La Comisión Electoral Federal resume la sentencia como el fallo que anuló restricciones a los gastos independientes de corporaciones.

Ese marco legal facilitó el auge de los super PACs, estructuras capaces de recaudar y gastar cantidades enormes de dinero siempre que no coordinen directamente con los candidatos.

Y la tendencia no se ha frenado. El 30 de junio de 2026, el Tribunal Supremo volvió a golpear los límites de financiación electoral al tumbar restricciones al gasto coordinado entre partidos y candidatos, en una sentencia que Reuters presentó como otro gran cambio en la regulación del dinero en campaña.

Washington como industria de influencia

El otro gran frente es el lobby.

Bloomberg Government calculó que el gasto total en lobby federal alcanzó aproximadamente 5.300 millones de dólares en 2025, una cifra récord impulsada por la nueva administración, el nuevo Congreso y debates sobre comercio, fiscalidad, inteligencia artificial, defensa y salud.

Ese dato refuerza la denuncia de Sanders: la política estadounidense no se decide solo en las urnas, sino también en despachos donde empresas, sectores regulados, tecnológicas, contratistas militares, farmacéuticas y grupos financieros pagan para influir en las reglas del juego.

La batalla de la izquierda progresista, por tanto, no es únicamente electoral. Es también una batalla contra la infraestructura económica que convierte el dinero en capacidad legislativa.

Las primarias como campo de batalla

La ola progresista no se limita a un nombre. Reuters ha descrito un aumento de victorias de candidatos progresistas y socialistas democráticos que complica la estrategia de los demócratas para las elecciones de medio mandato de 2026, porque empuja al partido hacia posiciones más redistributivas, más críticas con el gasto militar y más duras frente a los multimillonarios.

En Michigan, Abdul El-Sayed se ha convertido en una de las figuras a seguir en la primaria demócrata al Senado. The Guardian informó de que Alexandria Ocasio-Cortez lo respaldó y que ya contaba con apoyo de Bernie Sanders, dentro de una carrera que enfrenta al ala progresista con sectores más tradicionales del partido.

En Maine, Graham Platner ganó la primaria demócrata al Senado y se enfrentará a la republicana Susan Collins en una carrera clave para el control de la Cámara Alta, según AP.

Y en Minnesota, Peggy Flanagan aparece también como una de las candidaturas respaldadas por Sanders en el ciclo de 2026, dentro de esa estrategia de ocupar primarias estatales y federales desde la izquierda.

El riesgo para los demócratas

La ola progresista entusiasma a Sanders, pero también inquieta al establishment demócrata.

El problema es evidente: muchos de estos candidatos ganan en distritos urbanos o estados muy demócratas, donde la elección general es más favorable. La gran pregunta es si ese mensaje puede funcionar también en territorios competitivos, rurales o moderados.

Vox ha señalado precisamente esa tensión: las ideas socialistas democráticas ganan peso entre votantes demócratas, pero construir un Estado del bienestar más amplio al estilo europeo exige resolver una cuestión incómoda, la de los impuestos, especialmente cuando la clase media rechaza subidas fiscales directas aunque apoye gravar más a los ricos.

Ahí está el gran desafío: convertir victorias simbólicas en poder legislativo suficiente para aprobar políticas reales.

Una izquierda que intenta hablar también a conservadores

Uno de los elementos más inteligentes del discurso de Sanders es que no se dirige solo a quienes ya se consideran de izquierdas.

En la transcripción, el senador insiste en que incluso republicanos, conservadores o moderados pueden reconocer que el sistema de financiación electoral está dominado por multimillonarios y super PACs. También plantea que la sanidad, el salario digno o la vivienda no son problemas “de izquierda”, sino problemas de vida cotidiana.

Esa estrategia busca romper una frontera cultural. Sanders intenta separar a los votantes conservadores de los multimillonarios conservadores. Les dice, en esencia: puede que no compartas mi etiqueta ideológica, pero tu vida también está condicionada por un sistema que favorece a quienes tienen más dinero.

Es el mismo tipo de mensaje que Trump explotó en 2016 desde la derecha, pero llevado ahora hacia una lectura de clase y no hacia una guerra cultural contra inmigrantes, China o las élites liberales.

El papel de las protestas y los movimientos de base

El discurso de Sanders también menciona las movilizaciones No Kings y las manifestaciones contra la oligarquía. Reuters informó en marzo de 2026 de protestas anti-Trump convocadas en miles de ciudades bajo el lema “No Kings”, con más de 3.200 actos previstos en los 50 estados.

CBS News recogió estimaciones de organizadores que hablaban de millones de participantes en eventos “No Kings” durante ese ciclo de movilizaciones.

Para Sanders, esas protestas importan porque una campaña electoral no basta. El dinero de los super PACs solo puede compensarse, según su visión, con organización de base: voluntarios, sindicatos, puertas, llamadas, pequeñas donaciones y presencia constante en la calle.

Lo que está en juego

El mensaje de Sanders puede leerse de dos formas.

Para sus simpatizantes, es el inicio de una primavera política en Estados Unidos: una izquierda más joven, más organizada y menos acomplejada que empieza a ganar donde antes solo protestaba.

Para sus críticos, es una deriva demasiado radical que puede poner en peligro la capacidad del Partido Demócrata para ganar elecciones generales en un país muy polarizado.

Pero incluso sus adversarios reconocen algo: el fenómeno ya no es marginal. Kiros, Mamdani, El-Sayed, Platner, Flanagan y otros candidatos representan una corriente que ya gana primarias, atrae atención nacional y obliga al Partido Demócrata a decidir qué quiere ser después de Trump.

El mensaje final

Bernie Sanders lleva años hablando de una revolución política. Durante mucho tiempo, esa idea parecía más un lema de campaña que una realidad electoral. Pero las últimas primarias han cambiado el tono.

La victoria de Melat Kiros en Colorado, la influencia de Mamdani en Nueva York, las campañas progresistas al Senado y el crecimiento de la protesta contra la oligarquía indican que una parte del electorado demócrata ya no quiere solo frenar a Trump. Quiere cambiar las reglas económicas y políticas que hicieron posible su regreso.

La pregunta ya no es si existe una izquierda socialista democrática en Estados Unidos. Existe. Gana elecciones. Recauda pequeñas donaciones. Moviliza jóvenes. Disputa primarias. Y obliga a hablar de sanidad pública, vivienda, sindicatos, salario mínimo, multimillonarios y super PACs.

La pregunta real es otra: si ese movimiento podrá salir de los distritos seguros y convertirse en una mayoría nacional capaz de gobernar.