Bruselas carga contra Apple por vetar Siri AI en Europa

Bruselas carga contra Apple por vetar Siri AI en Europa

La Comisión niega que la DMA impida lanzar productos y acusa a la compañía de buscar una excepción imposible.

La Comisión Europea ha decidido ponerle nombre y apellido al bloqueo. “La decisión de no desplegar Siri AI en la UE es de Apple y solo de Apple”. Bruselas admite contactos, pero retrata un choque de fondo: interoperabilidad. Apple, dice la UE, no llegó con soluciones. Llegó con una petición. Y la respuesta, esta vez, fue un “no” sin matices.

La excusa de la privacidad

Apple sostiene que el frenazo europeo responde a la arquitectura de la norma: la Digital Markets Act (DMA). Su tesis es que, tal y como se aplica, la ley la empujaría a abrir puertas a “asistentes competidores” con acceso directo a datos sensibles del usuario, un escenario que la compañía considera incompatible con su promesa histórica de privacidad.
Bruselas, sin embargo, devuelve el golpe con un argumento quirúrgico: la DMA no obliga a rebajar estándares de seguridad, sino a garantizar que los “guardianes” del ecosistema no conviertan la experiencia del usuario en una frontera infranqueable para terceros. En el relato comunitario, el conflicto no es técnico; es de enfoque. Y el diagnóstico es inequívoco: si Apple puede lanzar el producto fuera, puede adaptarlo dentro, aunque le cueste más.

Interoperabilidad o nada

El núcleo de la disputa es la interoperabilidad: la obligación de habilitar “interoperabilidad libre y efectiva” con funciones de hardware y software controladas por iOS, especialmente bajo el artículo 6(7).
La Comisión no habla en abstracto. En 19 de marzo de 2025 adoptó decisiones de “especificación” que detallan medidas para que Apple cumpla, y que refuerzan transparencia y efectividad en el acceso de desarrolladores a ciertas capacidades del sistema.
Según el portavoz Thomas Regnier, Apple no presentó una fórmula que casara interoperabilidad con privacidad y seguridad. En lugar de “resolver”, habría pedido ser “eximida” de obligaciones. Eso, advierte Bruselas, “no es una opción”.

La petición de 18 meses que encendió la mecha

El detalle que convierte el choque en crisis política es el plazo. La Comisión asegura que Apple solicitó una exención temporal de 18 meses para esquivar obligaciones mientras desarrollaba el encaje técnico.
En términos regulatorios, una moratoria así sería abrir una grieta en el edificio: si el mayor actor puede ganar tiempo, el resto pedirá lo mismo. Por eso Bruselas insiste en el principio que más irrita a las tecnológicas: “no hay exenciones”.
El choque, además, llega con la DMA ya en fase operativa y con precedentes recientes de fricción. El pulso tecnológico ha colonizado la agenda informativa con una cadencia casi semanal.

El coste para el usuario en 27 países

La consecuencia inmediata es sencilla: el usuario europeo se queda fuera. En la práctica, la decisión impacta en los 27 Estados miembros, con un retraso que la compañía no acota con calendario y que agranda la brecha con mercados donde el despliegue sí avanza.
No es solo una cuestión de “tener o no tener” una función. Es el efecto dominó sobre productividad, accesibilidad y ecosistema de aplicaciones que empiezan a diseñarse alrededor de asistentes más capaces. Apple presenta Siri AI como un salto hacia una interacción más contextual; Bruselas lo traduce como un producto retenido por una decisión empresarial. En el fondo, la UE se enfrenta al dilema habitual: proteger elección y competencia sin que la transición tecnológica deje al consumidor en el vagón de cola.

Multas de hasta 10% y el precedente que aterra a Silicon Valley

El pulso también tiene lectura financiera. La DMA prevé sanciones de hasta el 10% del volumen de negocio mundial anual, y hasta el 20% en caso de reincidencia, además de pagos coercitivos periódicos de hasta el 5% del volumen de negocio diario medio.
Aunque aquí no se discute aún una multa concreta, el mensaje es preventivo: el coste de “no cumplir” puede ser material. Y lo más grave: el precedente. Si Bruselas acepta una excepción para el corazón de la experiencia Apple —su asistente—, el resto de obligaciones quedaría debilitado. Por eso la Comisión trata el caso como símbolo y no como anécdota. En paralelo, Apple insiste en que el cumplimiento, tal y como se exige, tensiona la seguridad. Dos lógicas incompatibles chocando en público.

El negocio de la IA en el móvil

Detrás del debate jurídico hay dinero. Siri AI no es un “añadido”: es la interfaz que decide qué servicio se usa, qué app se abre y qué suscripción se recomienda. Controlar el asistente es controlar el embudo. Por eso la interoperabilidad preocupa tanto a Apple: reduce fricción para rivales y aumenta la sustituibilidad del producto.
Bruselas, por su parte, ve la IA como el nuevo “punto de estrangulamiento” de los ecosistemas: si los asistentes se convierten en la puerta de entrada, la competencia debe poder asomarse. Esa lectura explica la dureza del discurso. En este contexto, la disputa no va de una función concreta, sino de quién gobierna la próxima capa de la economía digital europea: la conversación. Y ahí, Apple y la Comisión están jugando a largo.