CENTCOM viaja a Israel tras 7.000 ataques sobre Irán
La visita del jefe del CENTCOM certifica que Washington y Tel Aviv quieren consolidar una fase de presión militar sostenida contra la capacidad iraní de proyectar fuerza en toda la región.
Más de 7.000 objetivos golpeados, 6.500 vuelos de combate y más de 100 buques iraníes dañados o destruidos forman el telón de fondo de la visita que el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos, ha realizado a Israel para revisar junto al jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, la evolución de la campaña contra Irán. No se trata de una gira protocolaria. Llega cuando la operación estadounidense ha entrado en una fase de desgaste estructural sobre mandos, infraestructuras y capacidad industrial iraní, y cuando cada movimiento militar empieza a tener una traducción inmediata en el precio del crudo, en la seguridad marítima y en la estabilidad del Golfo.
Un viaje en plena ofensiva
Brad Cooper no aterriza en Israel en un momento cualquiera. El almirante estadounidense asumió el mando del CENTCOM el 8 de agosto de 2025, y desde entonces ha quedado al frente del teatro más sensible para Washington: Oriente Medio. Su reunión con Eyal Zamir se produce con la campaña contra Irán ya activada y después de contactos previos entre ambos mandos que habían servido para reforzar la relación estratégica entre las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel. El dato relevante no es solo el encuentro, sino el contexto: según fuentes de seguridad citadas en Israel, las conversaciones recientes entre Cooper y Zamir han girado sobre la campaña conjunta contra Irán y, en particular, sobre el golpe a sus industrias de producción militar. Este hecho revela una mutación de la lógica operativa: del intercambio de inteligencia se ha pasado a una coordinación de objetivos, ritmos y prioridades.
Cortar la proyección iraní
El concepto central de esta fase es sencillo y, a la vez, enormemente ambicioso: reducir la capacidad de Irán para proyectar poder fuera de sus fronteras. Eso implica algo más que destruir lanzaderas o interceptar drones. La documentación oficial del CENTCOM sitúa entre los blancos de la operación los centros de mando y control, las defensas aéreas iraníes, las bases de lanzamiento de misiles y drones, las instalaciones navales, los complejos de inteligencia y las infraestructuras ligadas a la fabricación de armamento. La consecuencia es clara: Washington ya no presenta la campaña como una maniobra de contención táctica, sino como una ofensiva destinada a desorganizar el ecosistema militar que hace posible la amenaza regional iraní, desde el Golfo hasta los corredores de apoyo a milicias aliadas. Cuando un mando ataca la cadena completa —producción, mando, movilidad y apoyo—, está diciendo que no busca solo castigar, sino incapacitar.
La escala real de Epic Fury
Los números ayudan a entender por qué la visita de Cooper a Israel tiene un peso político y militar muy superior al de otras rondas de consultas. La hoja de situación oficial de Operation Epic Fury, fechada el 16 de marzo, hablaba ya de 7.000 objetivos alcanzados, 6.500 vuelos de combate y más de 100 embarcaciones iraníes dañadas o destruidas. En paralelo, el propio CENTCOM describió el despliegue como la mayor concentración regional de potencia de fuego estadounidense en una generación. No es una frase menor. Supone reconocer que Washington ha escalado el esfuerzo a una dimensión extraordinaria y que pretende sostenerlo. El contraste con crisis anteriores resulta demoledor: aquí no hay una secuencia de ataques limitados con salida diplomática inmediata, sino una campaña con densidad operacional, vocación acumulativa y una señal inequívoca a los aliados de la zona. La presión no se mide ya en días, sino en capacidad degradada.
La coordinación que ya no es táctica
Durante años, la cooperación militar entre Estados Unidos e Israel ha descansado sobre inteligencia compartida, defensa antimisiles y planificación conjunta. Ahora, sin embargo, el vínculo entra en una fase de integración mucho más exigente. El antecedente de enero ya mostraba reuniones prolongadas entre Cooper y Zamir, con sesiones ampliadas junto a otros comandantes y una apelación expresa al fortalecimiento de la cooperación defensiva. A finales de marzo, la revisión de las operaciones contra Irán confirma que esa relación se ha vuelto más ejecutiva que consultiva. No se trata solo de hablar, sino de alinear la campaña. Y eso importa porque la actual ofensiva israelí, según fuentes militares recogidas en Israel, se ha centrado en los últimos días en las industrias de producción de armamento iraní. El diagnóstico es inequívoco: Washington aporta masa crítica, Israel aporta proximidad, inteligencia y urgencia estratégica. Juntos construyen un esquema de presión que Teherán difícilmente puede absorber sin costes crecientes.
El mensaje a Teherán y a los aliados
El viaje del jefe del CENTCOM también funciona como mensaje. A Irán, porque subraya que la cadena de mando estadounidense no solo dirige la operación desde la distancia, sino que baja al terreno aliado para revisar, ajustar y consolidar la campaña. Y a los socios árabes, porque certifica que Washington quiere seguir siendo el eje organizador de la seguridad regional. El origen formal de esta ofensiva es claro: el CENTCOM inició la operación el 28 de febrero de 2026 a la 1:15 de la madrugada, con ataques sobre instalaciones del aparato de seguridad iraní consideradas una amenaza inminente. Desde entonces, el relato oficial insiste en desmantelar capacidades, no solo en responder a agresiones concretas. La consecuencia es doble. Por un lado, aumenta la credibilidad disuasoria de Estados Unidos. Por otro, eleva el riesgo de error de cálculo si Teherán interpreta esta fase como una apuesta por la asfixia militar prolongada. Cuanto más eficaz es la presión, más delicada se vuelve la salida.
El factor petróleo que nadie ignora
Sería un error leer esta visita únicamente en clave militar. La dimensión económica es cada vez más evidente. La Administración de Información Energética de EEUU recuerda que por el estrecho de Ormuz pasaron en 2024 alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos, además de alrededor de una quinta parte del comercio global de gas natural licuado. En este contexto, cualquier escalada entre Washington, Israel e Irán se traduce de inmediato en precios. La agencia AP situaba este martes el Brent en torno a 107 dólares por barril, más de un 45% por encima del nivel de inicio de la guerra del 28 de febrero, precisamente por la presión sobre Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas de la región. El contraste con otras crisis resulta elocuente: ya no basta con medir el daño en bases o hangares. Cada reunión de altos mandos se sigue también en las terminales, en los puertos y en los mercados.