China rechaza negociar su arsenal y frena el plan nuclear de Trump
China ha marcado distancia frente a la iniciativa del presidente estadounidense Donald Trump de ampliar las negociaciones de desarme nuclear para incluir a Pekín. El Gobierno chino considera que no es “justo ni razonable” exigirle participar en conversaciones trilaterales con Estados Unidos y Rusia, alegando que su capacidad nuclear no es comparable a la de las dos grandes potencias atómicas. El rechazo añade tensión a un tablero estratégico ya debilitado por la erosión de los tratados de control de armas.
Pekín se desmarca del marco propuesto por Washington
El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, fue tajante al responder a preguntas sobre la intención de la Casa Blanca de incorporar a China a futuras negociaciones sobre limitación de armas nucleares. Según explicó, Estados Unidos y China “no están en el mismo nivel en absoluto” en cuanto a tamaño, despliegue y doctrina de sus fuerzas nucleares, lo que convierte cualquier intento de equiparación en una exigencia injustificada.
doctrina de sus fuerzas nucleares, lo que convierte cualquier intento de equiparación en una exigencia injustificada"
Desde Pekín subrayan que el arsenal chino es significativamente menor que el estadounidense o el ruso, tanto en número de cabezas nucleares como en vectores estratégicos. En este contexto, las autoridades chinas consideran que la carga principal del desarme debe recaer sobre quienes poseen los mayores arsenales, una posición que China mantiene desde hace años en foros internacionales.
El trasfondo: el vacío que deja el control de armas
La negativa china llega en un momento especialmente delicado para la arquitectura global de control de armamento. El New START, firmado en 2010 entre Washington y Moscú, es el último gran tratado vigente que limita los arsenales nucleares estratégicos, fijando un máximo de 1.550 cabezas desplegadas por país. Sin embargo, el acuerdo expira y su futuro es incierto en un contexto de guerra en Ucrania y desconfianza mutua.
Estados Unidos busca evitar un escenario en el que las tres grandes potencias nucleares queden sin ningún marco de restricciones, algo que podría desencadenar una nueva carrera armamentística. Desde esa óptica, incluir a China en la mesa de negociación es visto en Washington como un paso necesario para preservar la estabilidad estratégica a largo plazo.
China apela a la “responsabilidad histórica” de EE. UU. y Rusia
Lin Jian recordó que Pekín ha tomado nota de las propuestas planteadas previamente por Rusia para definir mecanismos posteriores al New START y expresó su deseo de que Estados Unidos responda “de manera positiva” y actúe con responsabilidad. El mensaje implícito es claro: antes de mirar hacia China, Washington debería resolver sus diferencias con Moscú y cumplir con su papel como una de las dos mayores potencias nucleares del mundo.
y cumplir con su papel como una de las dos mayores potencias nucleares del mundo.
China insiste en que su doctrina nuclear es defensiva, basada en el principio de no primer uso, y que su arsenal está diseñado para garantizar una disuasión mínima creíble, no para competir en cifras con Estados Unidos o Rusia. En ese marco, Pekín considera que participar en negociaciones trilaterales podría legitimar comparaciones que no reflejan la realidad estratégica.
Trump y su apuesta por un acuerdo ampliado
El interés de Donald Trump por involucrar a China no es nuevo, pero ha cobrado fuerza en los últimos meses. El presidente estadounidense ha reiterado en varias ocasiones que un sistema de control de armas sin China está incompleto, especialmente ante los avances tecnológicos y militares del gigante asiático.
Sin embargo, desde Pekín se percibe esta iniciativa como un intento de trasladar parte del peso del desarme a un país con menor responsabilidad histórica en la acumulación de armas nucleares. China recuerda que Estados Unidos y Rusia concentran juntos más del 85% del arsenal nuclear mundial, una cifra que refuerza su argumento de desigualdad estructural.
Riesgo de una nueva carrera nuclear
La falta de consenso entre las grandes potencias alimenta el temor a una nueva carrera armamentística, esta vez marcada no solo por el número de cabezas nucleares, sino también por el desarrollo de misiles hipersónicos, armas antisatélite y sistemas de inteligencia artificial aplicados a la defensa.
Expertos en seguridad internacional advierten de que, sin tratados vinculantes, los incentivos para modernizar y ampliar arsenales aumentan, elevando el riesgo de errores de cálculo. La negativa china, aunque coherente con su posición tradicional, añade una capa más de complejidad a un escenario ya frágil.
El equilibrio estratégico en juego
Para China, mantener su postura también tiene una dimensión geopolítica. Aceptar el marco propuesto por Estados Unidos podría interpretarse como una concesión estratégica en un momento de tensiones crecientes entre ambas potencias, desde el Indo-Pacífico hasta la guerra tecnológica.
Pekín prefiere presentarse como un actor responsable que apoya la estabilidad global, pero sin aceptar reglas que considera diseñadas para contener su ascenso. Al mismo tiempo, evita quedar atrapada en un formato trilateral que podría limitar su margen de maniobra futura.
La respuesta china deja claro que, al menos por ahora, no habrá negociaciones nucleares a tres bandas. El resultado es un escenario en el que el futuro del control de armas depende casi exclusivamente de la capacidad de Estados Unidos y Rusia para encontrar un terreno común, algo que hoy parece lejano.
Mientras tanto, la arquitectura de seguridad global sigue debilitándose, y cada declaración pública refuerza la sensación de que el mundo se adentra en una etapa de incertidumbre nuclear que recuerda a los momentos más tensos de la Guerra Fría.