COLOMBIA

Colombia, al borde del enfrentamiento civil si gana Abelardo de la Espriella: "Gonorrea"

Las protestas

Los datos explican por qué el país entra en tres semanas decisivas. De la Espriella ganó con más de 10 millones de votos y el 43%, mientras Cepeda obtuvo 9,688 millones, incluso por encima del Petro de 2022 en primera vuelta (8,5 millones). La distancia fue de menos de 700.000 votos: enorme para un titular, pequeña para una movilización. En otras palabras, la segunda vuelta no está escrita. Y precisamente por eso aparece el riesgo político más sensible: cuando el desenlace no está garantizado, crece la tentación de deslegitimar el proceso antes de que se celebre.

La frase que enciende las alarmas

El problema no es la dureza del debate, sino el marco que se intenta imponer. En vídeos citados en la conversación pública, De la Espriella llega a invocar un “mecanismo constitucional” y un alzamiento militar si el Gobierno “pretende” ignorar “la voluntad del pueblo”. Lo relevante no es la hipérbole, sino el precedente: cuando un candidato sugiere que el árbitro solo vale si pita a favor, abre la puerta a un escenario clásico en América Latina —el de la votación impugnada por anticipado—.

Cancelar la votación: el atajo que siempre empieza igual

En este tipo de climas, la cancelación no suele anunciarse como cancelación. Primero llega el relato: “nos roban la democracia”. Después, la presión: denuncias, insinuaciones de fraude, llamadas a “defender la patria”. Y por último, el intento de convertir una elección en una cuestión de orden público. Colombia ya conoce ese guion en otras latitudes: no hace falta suspender formalmente el 21-J para vaciarlo de legitimidad; basta con sembrar la idea de que el resultado será ilegítimo salvo que favorezca a uno. Esa es la verdadera batalla: no la urna, sino el reconocimiento de la urna.

El factor miedo: prensa bajo presión judicial

A esta tensión se suma un detalle que en campaña pesa más de lo que parece: quién controla el relato. La FLIP documentó que entre 2008 y 2019 De la Espriella interpuso 109 denuncias por injuria y calumnia contra periodistas y medios; muchas acabaron archivadas, pero el efecto, según esa descripción, no es ganar, sino desgastar e intimidar. En un tramo final donde cualquier sospecha puede ser gasolina, un ecosistema mediático presionado es el caldo perfecto para que una narrativa de “votación inválida” crezca sin filtros.

Tres semanas para decidir el país… y las reglas

El fondo de todo esto es más simple —y más grave— que un eslogan. Colombia vota en segunda vuelta con dos preguntas simultáneas: quién gobierna y si se acepta el veredicto. La movilización juvenil de Bogotá no es solo entusiasmo electoral; es un reflejo defensivo ante la posibilidad de que el ganador de la primera vuelta quiera convertir la segunda en un trámite o, peor, en una trampa. Porque cuando se normaliza que el Ejército sea “plan B”, el problema ya no es el programa: es el sistema. Y esa es la línea roja que el 21 de junio pondrá a prueba.