Cooper corta el relato: Irán sigue sin acceso a sus túneles de misiles

El Pentágono

El Pentágono choca con informes sobre túneles reabiertos tras los bombardeos.

 

Un almirante niega lo esencial. Irán, dice, no ha recuperado sus emplazamientos. Pero los detalles siguen clasificados. Y el Estrecho de Ormuz vuelve al centro. Con una sombra añadida: una escuela bombardeada.

La sesión en el Capitolio y el choque de versiones

El comandante del Mando Central de EEUU (CENTCOM), el almirante Brad Cooper, compareció ante un comité de la Cámara para desmontar una idea incómoda: que Teherán habría reabierto el acceso operativo a complejos subterráneos de misiles pese a los ataques de EEUU e Israel. La negación fue tajante y, a la vez, reveladora: no aportó explicación técnica, ni calendario, ni un “hasta dónde” que permitiera medir el alcance del daño.

El problema es que la discusión no nace de un rumor marginal. Informaciones recientes, citadas por analistas y medios estadounidenses, sostenían que Irán habría restaurado el acceso operativo a 30 de 33 posiciones de misiles en el entorno del Estrecho de Ormuz. En un corredor donde cualquier gesto se traduce en primas de riesgo, el matiz no es menor: es el tipo de afirmación que altera cálculos militares, pero también cotizaciones y coberturas.

Ormuz: el cuello de botella que convierte misiles en mercado

La disputa no es semántica: se trata de si Irán puede volver a amenazar la ruta por la que respira el comercio energético global. Por Ormuz transitan de media 20 millones de barriles diarios, el equivalente a alrededor del 20% del consumo mundial de líquidos petrolíferos. Cuando ese paso se tensa, el mercado reacciona antes que la diplomacia: suben fletes, seguros y coberturas; los importadores pagan el susto por adelantado.

Cooper ha defendido ante los legisladores que la campaña ha degradado capacidades concretas —incluida la guerra naval— y ha puesto cifras sobre la mesa: EEUU asegura haber destruido más del 90% de un inventario iraní de 8.000 minas navales. El objetivo del mensaje es evidente: el cierre o la perturbación de Ormuz ya no sería un botón al alcance de Teherán, al menos no con la misma facilidad ni con el mismo alcance.

Búnkeres, entradas selladas y la resiliencia del subsuelo

En los conflictos modernos, el subsuelo es el último refugio de la disuasión. Un túnel no se “derrota” solo con imágenes de cráteres: se inutiliza si se destruyen lanzadores, comunicaciones, ventilación, energía, accesos y logística. El matiz es clave porque permite que dos narrativas convivan: una que presume “devastación” y otra que sugiere “recuperación” con maquinaria, repuestos y tiempo.

Cooper ya había cuestionado otras estimaciones que atribuían a Irán la conservación de entre el 70% y el 75% de sus existencias previas de misiles y lanzadores. No se trató de corregir una cifra por otra, sino de desacreditar el enfoque y la metodología. «Las cifras que circulan no son precisas», vino a indicar. La opacidad es deliberada; también lo es el efecto: sin datos verificables, el debate se llena de filtraciones interesadas y de lecturas políticas, dentro y fuera de Washington.

La escuela de Minab y el relato que intenta explicarlo todo

La comparecencia incluyó un episodio aún más delicado: la investigación sobre el bombardeo de una escuela de niñas en Minab (sur de Irán), ocurrido el 28 de febrero de 2026. Cooper sostuvo que el caso es “complicado” porque el edificio estaba directamente sobre un emplazamiento activo de misiles de crucero, una afirmación que, de ser cierta, reescribe el contexto operacional y alimenta la tesis del uso de infraestructura civil como cobertura.

Sin embargo, expertos y organismos vinculados a Naciones Unidas han condenado el ataque y han subrayado que las víctimas eran principalmente niñas de 7 a 12 años, con el edificio destruido durante el horario escolar. La denuncia no se limita a la tragedia: apunta al núcleo del derecho de la guerra y al principio de distinción. El problema, de nuevo, es que el relato militar y el relato humanitario avanzan por carriles paralelos y rara vez se cruzan con pruebas públicas.

Lo que revela la negativa: credibilidad, disuasión y control del relato

Cuando un jefe militar niega sin explicar, el silencio también comunica. A los aliados del Golfo les interesa saber si la amenaza a los petroleros se ha reducido o solo se ha desplazado. A Israel le importa si el “daño” es permanente o reversible. Y al Congreso —que autoriza presupuestos y fiscaliza operaciones— le incomoda que la conversación pública dependa de filtraciones cruzadas.

En paralelo, el mercado aprende otra lección: la guerra ya no se mide solo por territorio, sino por capacidad de interrupción. Un lanzador móvil intacto vale más que una instalación bombardeada si puede reaparecer en el lugar y el momento adecuados. De ahí que cada titular sobre túneles reabiertos o accesos bloqueados se convierta, de inmediato, en volatilidad: petróleo, navieras, aseguradoras y divisas operan sobre probabilidades, no sobre certezas.

El efecto dominó que viene: energía, seguros y la tentación de escalar

El pulso con Teherán entra ahora en una fase menos visible y más peligrosa: la de la interdicción y el hostigamiento. Si Irán conserva capacidad residual —aunque sea menor—, puede buscar golpes asimétricos: drones, sabotaje, presión sobre rutas y mensajes calculados para forzar concesiones. Si Washington insiste en que Ormuz está “bajo control”, tendrá que sostenerlo con patrullas, interceptores y munición, un coste que se multiplica con el tiempo.

Mientras tanto, países productores aceleran alternativas para sortear el cuello de botella: nuevas infraestructuras, ampliación de rutas y refuerzo de la seguridad privada asociada al transporte marítimo. El mensaje implícito es duro: incluso si Cooper tiene razón hoy, el mercado se está preparando para que mañana no baste con una negación. La consecuencia es clara: el riesgo se está volviendo estructural, y ese tipo de riesgo siempre acaba encontrando el camino hasta el recibo de la gasolina, el coste de la logística y la inflación importada.