Corea del Norte acusa a EEUU de preparar una guerra en el Pacífico
Pyongyang califica las mayores maniobras navales del mundo como un ensayo de guerra y acusa a Estados Unidos de convertir a Corea del Sur y Japón en piezas operativas de su estrategia militar en el Pacífico.
Corea del Norte ha elevado de nuevo la tensión en Asia-Pacífico. El régimen de Kim Jong-un considera que las maniobras navales RIMPAC, lideradas por Estados Unidos y celebradas entre el 24 de junio y el 31 de julio, representan un «ensayo de guerra de agresión» y no un simple ejercicio defensivo.
La respuesta de Pyongyang contiene una advertencia especialmente inquietante: cada amenaza de mayor intensidad será contestada con una «disuasión de nuevo nivel». La fórmula, deliberadamente ambigua, abre la puerta a nuevas pruebas de misiles, demostraciones navales o avances en su programa nuclear.
Una movilización sin precedentes
RIMPAC está considerado el mayor ejercicio internacional de guerra marítima. Su edición de 2026 reunió cerca de 30 países, alrededor de 30.000 efectivos y decenas de buques en las aguas próximas a Hawái durante cinco semanas.
Las fuerzas participantes realizaron más de 500 actividades marítimas y unas 2.400 misiones aéreas, además de ensayos de logística, mando conjunto, sistemas no tripulados y coordinación entre armadas. El volumen de las operaciones ofrece una dimensión muy superior a la de unas maniobras simbólicas.
Para Washington, estos ejercicios mejoran la interoperabilidad entre aliados. Para Corea del Norte, evidencian la construcción de una estructura militar diseñada para cercar a sus adversarios y reforzar la supremacía estadounidense en el Indo-Pacífico.
Seúl y Tokio ganan poder
Lo que más preocupa a Pyongyang no es únicamente el tamaño de las maniobras, sino el papel asumido por Corea del Sur y Japón. Ambos países recibieron responsabilidades reales dentro de la cadena de mando, alejándose de la participación secundaria que habían mantenido en otras ediciones.
La propaganda norcoreana subraya que estos cometidos «no fueron simbólicos, sino operativos». Este hecho revela una transformación estratégica: Washington busca que sus aliados puedan coordinar unidades, compartir inteligencia y responder conjuntamente ante una crisis regional.
El contraste resulta significativo. Mientras Estados Unidos presenta esa integración como un mecanismo de defensa, Corea del Norte la interpreta como el embrión de una alianza militar asiática con capacidades ofensivas.
Una línea roja cruzada
La agencia estatal norcoreana KCNA sostiene que la cooperación entre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur ha «cruzado la línea roja». Según su relato, la denominada «trinidad» militar constituye una nueva amenaza para la seguridad regional y para la paz mundial.
Pyongyang también ha señalado otros entrenamientos recientes, entre ellos los ejercicios aéreos Buddy Squadron y las operaciones conjuntas de sostenimiento logístico entre Seúl y Washington. El régimen considera que todas estas actuaciones preparan una eventual intervención en la península coreana.
«La forma invariable de controlar la situación y las crisis es responder a una amenaza de nuevo nivel con una disuasión de nuevo nivel».
El significado de la amenaza
La expresión utilizada por Corea del Norte evita concretar cuál será su próxima medida. Sin embargo, encaja con una estrategia habitual: denunciar las maniobras aliadas y utilizarlas posteriormente para justificar pruebas armamentísticas.
Entre las respuestas posibles figuran el lanzamiento de misiles balísticos, ensayos de crucero de largo alcance o nuevas demostraciones de sus capacidades navales. En los últimos años, el régimen ha reforzado además su interés por incorporar armamento con capacidad nuclear a buques y submarinos.
Lo más grave es el riesgo de una escalada automática. Cada ejercicio aliado provoca una reacción norcoreana; esa reacción, a su vez, sirve para justificar nuevas maniobras y despliegues estadounidenses.
El nuevo frente marítimo
Durante décadas, la capacidad militar norcoreana se concentró principalmente en fuerzas terrestres, artillería y misiles. Esa doctrina está cambiando. Kim Jong-un ha impulsado una modernización naval que incluye destructores de unas 5.000 toneladas y sistemas capaces de portar misiles de crucero y proyectiles potencialmente nucleares.
El objetivo es ampliar el alcance operativo del régimen más allá de sus costas. Una armada más avanzada permitiría a Pyongyang dispersar sus activos estratégicos, dificultar su localización y aumentar la capacidad de represalia.
La consecuencia es clara: las tensiones ya no se limitan a la zona desmilitarizada ni a los lanzamientos sobre el mar de Japón. El océano Pacífico se está convirtiendo en otro espacio de confrontación.
Un equilibrio cada vez más frágil
RIMPAC demuestra que Estados Unidos mantiene una extensa red de socios militares, pese a las dudas políticas sobre el futuro de algunas alianzas. Corea del Norte, por su parte, responde acelerando su capacidad nuclear y estrechando sus vínculos estratégicos con Rusia.
El diagnóstico es inequívoco: Asia-Pacífico avanza hacia una carrera de disuasión en la que cada bloque interpreta los movimientos defensivos del contrario como preparativos ofensivos.
La amenaza de una «disuasión de nuevo nivel» no anticipa necesariamente un conflicto inmediato. Sí confirma, sin embargo, que Pyongyang continuará utilizando cada despliegue aliado para legitimar el siguiente salto de su programa militar.