Corea del Norte respalda al nuevo líder supremo iraní
El apoyo de Pyongyang a Mojtaba Jamenei consolida un eje de regímenes sancionados en plena guerra abierta entre Estados Unidos, Israel e Irán.
La designación de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo de Irán, apenas unos días después de la muerte de su padre, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Teherán, ya era un giro histórico. Pero la ecuación geopolítica ha cambiado aún más con la entrada en escena de un actor clave: Corea del Norte. Pyongyang ha sido uno de los primeros regímenes en felicitar públicamente al nuevo líder iraní y en denunciar los bombardeos occidentales, en un gesto que va más allá de la mera retórica diplomática. El mensaje es claro: los dos países más sancionados del planeta se alinean sin matices frente a Washington. En un momento en que el precio del petróleo se ha disparado más de un 25% en diez días por el cierre parcial del Estrecho de Ormuz, la consecuencia es evidente: el conflicto deja de ser regional para convertirse en un pulso abierto al orden internacional surgido tras la Guerra Fría.
Un respaldo que rompe el aislamiento
Según la agencia oficial norcoreana y medios interpuestos, un portavoz del Ministerio de Exteriores de Pyongyang ha expresado su “pleno respeto” a la elección de la Asamblea de Expertos iraní, subrayando que se trata de una decisión “soberana” del pueblo de Irán.
En palabras atribuidas a esa declaración, «respetamos el derecho y la elección del pueblo iraní para designar a su líder supremo», en una formulación que busca vestir de legalidad y legitimidad un relevo cuestionado en buena parte de Occidente.
El gesto tiene una carga simbólica evidente. Corea del Norte, sometida a nueve grandes rondas de sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU desde 2006 por su programa nuclear y balístico, se presenta como garante de la soberanía iraní frente a Estados Unidos, que lidera la ofensiva militar y el régimen de sanciones.
Lo más significativo es el contexto. El respaldo llega cuando Washington y Tel Aviv aseguran haber destruido buena parte de las capacidades militares iraníes en el marco de la operación “Epic Fury”, mientras la cifra de víctimas se cuenta ya en centenares de muertos en Irán y varios soldados estadounidenses fallecidos tras once días de ataques y represalias.
En ese escenario, el apoyo norcoreano no es un simple comunicado: es una toma de partido explícita en una guerra abierta.
El relevo dinástico de Mojtaba Jamenei
La figura de Mojtaba Jamenei, de 56 años, ha pasado en cuestión de días de las sombras de los aparatos de seguridad a la cúspide del poder iraní. La Asamblea de Expertos lo designó el 8 de marzo como tercer líder supremo de la República Islámica, en la primera sucesión abiertamente dinástica del sistema nacido en 1979.
Su ascenso llega tras la muerte de Alí Jamenei el 28 de febrero, cuando la residencia del ayatolá fue alcanzada por misiles estadounidenses e israelíes en los alrededores de Teherán. El ataque, que también costó la vida a varios miembros de su familia, ha sido calificado por Irán como un “asesinato político” y por Washington como un golpe para “desmantelar el aparato de seguridad del régimen”.
Mojtaba carece de experiencia ejecutiva y de cargos electos, pero acumulaba desde hace años un poder informal considerable a través de la Guardia Revolucionaria y las redes de fundaciones religiosas y económicas del régimen. Informes occidentales lo vinculan con la manipulación de las elecciones de 2005 y 2009 y con la represión de protestas posteriores, un historial que refuerza la percepción de que su nombramiento responde más al equilibrio interno de las facciones de seguridad que a la ortodoxia religiosa.
El eje de los regímenes sancionados
El alineamiento inmediato entre Teherán y Pyongyang refuerza lo que muchos analistas describen como un “eje de regímenes sancionados” en Asia. Irán arrastra desde hace años un entramado de sanciones por su programa nuclear y su apoyo a grupos armados en la región; Corea del Norte, por su parte, lleva dos décadas sometida a un embargo casi total por sus pruebas nucleares y de misiles.
La consecuencia es clara: ambos países tienen poco que perder en términos económicos frente a nuevas medidas occidentales y, al mismo tiempo, fuertes incentivos para cooperar entre sí para esquivar los controles financieros, energéticos y tecnológicos. Rusia y China, aunque no han avalado abiertamente la ofensiva norcoreana de apoyo, actúan como paraguas diplomático parcial en el Consejo de Seguridad y como socios comerciales clave.
El contraste con otras regiones resulta demoledor. Mientras países como Arabia Saudí o Emiratos tratan de equilibrar sus relaciones con Washington y Pekín, Irán y Corea del Norte se atrincheran en un frente antiestadounidense cada vez más explícito, buscando compensar su aislamiento con alianzas entre iguales. El apoyo de Pyongyang a Mojtaba Jamenei ancla a Irán en ese bloque justo cuando algunos sectores europeos todavía soñaban con rescatar un acuerdo nuclear que permitiera normalizar, aunque fuese parcialmente, las relaciones económicas.
Misiles, tecnología y un historial de cooperación opaca
El respaldo político de Corea del Norte llega sobre un terreno bien abonado: décadas de cooperación militar y tecnológica entre ambos países. Desde la guerra Irán-Irak, Pyongyang ha sido un proveedor clave de misiles y know-how para la industria armamentística iraní. Algunos estudios estiman que, a finales de los años ochenta, hasta el 70% de las importaciones de armas iraníes procedían de Corea del Norte y China, a menudo pagadas con petróleo.
Aquella relación no se limitó a la compraventa de material. Corea del Norte proporcionó diseños y asistencia para el desarrollo de los misiles de la familia Shahab y Nodong, que sirvieron de base al actual programa de misiles de medio alcance iraní, hoy considerado el más amplio y sofisticado de Oriente Medio.
Este hecho revela un riesgo central del momento actual: si la guerra y la sucesión consolidan aún más la alianza estratégica entre Teherán y Pyongyang, el flujo de tecnología sensible puede intensificarse en ambas direcciones. Mientras Irán ha avanzado en sistemas de misiles de combustible sólido y drones de largo alcance, Corea del Norte sigue buscando mejorar sus capacidades en este terreno pese al férreo régimen de sanciones. La combinación de capacidad nuclear norcoreana y redes logísticas iraníes en Oriente Medio dibuja un escenario de proliferación difícil de contener.
Impacto inmediato en los mercados de energía
El giro geopolítico ya tiene traducción en cifras. Desde el inicio de la ofensiva estadounidense-israelí y la muerte de Jamenei, el crudo Brent se ha encarecido más de un 25%, impulsado por el miedo a una interrupción prolongada del tránsito por el Estrecho de Ormuz, por donde pasa casi un 20% del comercio mundial de petróleo.
El respaldo explícito de Corea del Norte a Teherán alimenta la percepción de que el conflicto puede enquistarse y derivar en un bloqueo híbrido de rutas energéticas clave, combinando ataques con misiles y drones contra infraestructuras, amenazas de minado del estrecho y ciberataques sobre compañías logísticas. Para Europa, que todavía importa alrededor de un 10-15% de su crudo y derivados desde Oriente Medio, el escenario empuja al alza la inflación energética justo cuando el BCE trataba de consolidar una fase de tipos de interés más estables.
Las grandes navieras y aseguradoras ya aplican recargos de riesgo en los cargueros que cruzan la región, lo que puede traducirse en un incremento de costes de transporte del orden del 5-8% en las rutas Asia–Europa si las tensiones se prolongan varias semanas. El resultado: mayor presión sobre las cadenas de suministro, encarecimiento del flete marítimo y un nuevo shock externo sobre unas economías europeas que aún no han digerido completamente la crisis energética derivada de la guerra de Ucrania.