COREA DEL SUR

Corea del Sur se derrumba por la IA y el Dow Jones se echa a temblar

Corea del Sur Foto de Daniel Bernard en Unsplash

La Bolsa de Corea del Sur ha sufrido una de las sacudidas más violentas de su historia reciente. El Kospi perdió el martes 732,09 puntos, un 10,84%, y cerró en 6.023,66 enteros después de que la negociación tuviera que detenerse durante 20 minutos.

La presión no terminó ahí. Este miércoles 29 de julio, el índice cedió otro 5,98%, hasta los 5.663,24 puntos. En apenas dos sesiones se ha evaporado un 16,2% de su valor. Sin embargo, todavía no hay evidencias suficientes para hablar de una crisis financiera global. Lo que sí existe es una liquidación feroz del negocio que había sostenido el rally: la inteligencia artificial.

Los 732 puntos que encendieron la alarma

La caída del martes no fue una recogida de beneficios convencional. El Kospi llegó a retroceder un 8,02% durante la mañana, activando el mecanismo que suspende toda la negociación durante 20 minutos cuando el mercado pierde el control.

El cierre amplió el desplome hasta el 10,84%. Samsung Electronics cayó un 13,39% y SK Hynix se hundió un 14,65%. La violencia del movimiento indica que numerosos inversores no estaban vendiendo después de revisar cuidadosamente las perspectivas de cada empresa. Buscaban liquidez.

Cuando los activos más sólidos caen al mismo tiempo que los más especulativos, el precio deja temporalmente de valorar negocios y empieza a reflejar necesidades de efectivo. Es el patrón habitual de las ventas forzadas, las llamadas de margen y la retirada precipitada de capital extranjero.

La inteligencia artificial cambia de dirección

Corea del Sur ocupa una posición extraordinaria en la industria mundial de semiconductores. Samsung y SK Hynix dominan una parte esencial del mercado de memorias, incluidas las HBM utilizadas en los aceleradores de inteligencia artificial.

Precisamente esa fortaleza convirtió al Kospi en uno de los índices más beneficiados por la fiebre inversora. El mercado había llegado a subir alrededor de un 110% durante 2026, impulsado por la expectativa de que el gasto en centros de datos continuaría creciendo durante años.

Ahora los inversores cuestionan las valoraciones, los costes de financiación y la capacidad de las grandes tecnológicas para convertir sus inversiones en beneficios. También inquieta el avance de China en memoria y maquinaria para fabricar chips. Corea no cae porque haya dejado de producir semiconductores, sino porque el mercado había descontado un futuro prácticamente perfecto.

Hynix gana más y aun así se hunde

La segunda jornada de ventas deja una señal todavía más inquietante. SK Hynix presentó un aumento extraordinario de sus beneficios, pero sus cifras quedaron por debajo de unas expectativas aún más elevadas. La acción perdió un 9,4% y Samsung retrocedió otro 4,8%.

El Kospi llegó a caer más de un 8% intradía antes de cerrar con una pérdida del 5,98%. Desde su máximo histórico de 9.385,59 puntos, el índice ya acumula un descenso cercano al 40%.

El contraste explica el problema. Las empresas pueden seguir aumentando ventas y beneficios, pero sus acciones caerán si el precio incorporaba resultados todavía mejores. En una burbuja de expectativas, ganar mucho no basta: hay que superar continuamente una previsión desmesurada.

El apalancamiento acelera la caída

El rally coreano había atraído a inversores minoristas, productos apalancados y capital extranjero concentrado en un reducido grupo de gigantes tecnológicos. Esa estructura funciona mientras los precios suben: las ganancias permiten ampliar posiciones y asumir más deuda.

Cuando el mercado gira, el mecanismo opera en sentido contrario. Las pérdidas obligan a aportar garantías o vender acciones. Esas ventas provocan nuevas caídas, que generan más llamadas de margen y otra ronda de liquidaciones.

Los inversores extranjeros habrían retirado alrededor de cinco billones de wones durante julio, mientras el Kospi acumula un descenso mensual superior al 30%. Este hecho revela que la caída no nace únicamente de los resultados empresariales. También es la factura de una subida demasiado rápida, concentrada y financiada con un exceso de confianza.

El won desmiente una crisis completa

Una de las señales decisivas era comprobar si el pánico bursátil se trasladaba a la moneda. Por ahora, no ha ocurrido. El won terminó el miércoles en 1.446,7 unidades por dólar, fortaleciéndose 15,8 wones durante la sesión.

Este comportamiento diferencia el episodio de una crisis clásica de confianza nacional. Cuando los inversores huyen completamente de un país, suelen vender simultáneamente acciones, bonos y divisa. En Corea, el desplome se concentra principalmente en la renta variable tecnológica.

Eso no elimina el riesgo. Una nueva oleada de retirada extranjera podría terminar presionando la moneda. Pero la resistencia del won indica que el mercado todavía cuestiona el precio de los chips, no la solvencia general de la economía surcoreana.

El contagio existe, pero no es global

La venta ya ha alcanzado a otros centros tecnológicos asiáticos. El Nikkei japonés perdió un 1,5% este miércoles y el Taiex taiwanés cayó un 3,8%, después de sufrir una de sus mayores pérdidas por puntos durante la sesión anterior.

Sin embargo, Shanghái y Hong Kong avanzaron, Australia subió un 1% y Wall Street evitó por ahora un desplome generalizado. El Nasdaq cerró el martes con un retroceso limitado del 0,2%, aunque los fabricantes de chips permanecieron bajo presión. Hay contagio sectorial, pero todavía no capitulación mundial. Las próximas señales serán la estabilización del Kospi, el comportamiento del won y los resultados de las grandes tecnológicas estadounidenses. Corea puede estar ofreciendo una oportunidad tras una corrección excesiva. También puede estar mostrando qué ocurre cuando el mercado deja de creer que todo el gasto en inteligencia artificial será rentable.