Cuba se apaga por completo tras el sexto colapso eléctrico de 2026
La desconexión total del sistema deja a casi diez millones de personas sin suministro y confirma el deterioro de una red incapaz de cubrir ni un tercio de la demanda en las horas más críticas.
Cuba volvió a quedarse completamente a oscuras en la noche del domingo después de que el Sistema Eléctrico Nacional sufriera una «desconexión total», según confirmó la empresa estatal Unión Eléctrica. El colapso afectó a una población cercana a los diez millones de habitantes y llegó apenas 24 horas después de otra avería que había interrumpido el suministro en buena parte del oeste y el centro de la isla.
La compañía pública no detalló inicialmente las causas del incidente y se limitó a señalar que continuaría informando. Sin embargo, el apagón no es un episodio aislado. Es el sexto colapso generalizado registrado en 2026 y eleva a once las grandes caídas de la red desde finales de 2024. El diagnóstico es inequívoco: el sistema eléctrico cubano ya no atraviesa una emergencia temporal, sino una crisis estructural.
Una red al límite
Horas antes del apagón nacional, la generación disponible rondaba los 930 megavatios, frente a una demanda de 2.650 MW. Para el momento de máxima carga se esperaba que las necesidades alcanzaran los 3.200 MW, con un déficit previsto superior a 2.100 MW.
Eso significa que el sistema apenas podía cubrir alrededor del 32% de la demanda en la franja más delicada. La consecuencia es clara: incluso sin una avería súbita, millones de cubanos estaban condenados a cortes programados para evitar una caída descontrolada de la red.
El precedente inmediato
La desconexión total llegó después de otro incidente que había dejado sin electricidad a unos 4,5 millones de personas en siete provincias. La avería afectó al corredor comprendido entre Pinar del Río, Matanzas y Cienfuegos, una zona estratégica para la transmisión de energía entre el occidente y el centro del país.
Aunque el sistema logró reconectarse parcialmente durante la madrugada, la estabilidad duró poco. Este hecho revela que Cuba opera sin un margen de reserva suficiente para absorber fallos en líneas, centrales o sistemas de distribución.
Centrales envejecidas
Buena parte de la electricidad cubana depende de siete centrales termoeléctricas construidas hace más de cuatro décadas. Sus unidades acumulan averías, mantenimientos aplazados y dificultades para obtener piezas de repuesto.
Durante el fin de semana, diez de las 16 unidades térmicas se encontraban fuera de servicio. Algunas estaban sometidas a mantenimiento, mientras otras permanecían paralizadas por roturas. El contraste entre la antigüedad de las instalaciones y las necesidades actuales resulta demoledor: la infraestructura básica funciona muy por debajo de su capacidad teórica.
El combustible que no llega
A la obsolescencia se suma la escasez de petróleo. Cuba produce aproximadamente 40.000 barriles diarios, pero necesita cerca de 100.000 para sostener su consumo energético y productivo.
La reducción de los envíos procedentes de Venezuela y México ha agravado el problema. Washington, por su parte, ha aumentado la presión sobre los países y compañías que suministran combustible a La Habana. El Gobierno cubano atribuye buena parte de la crisis al bloqueo estadounidense; sus críticos señalan también décadas de baja inversión y gestión ineficiente.
El coste económico
Cada apagón paraliza fábricas, comercios, transporte, telecomunicaciones y sistemas de refrigeración. También deteriora alimentos, interrumpe el bombeo de agua y obliga a cancelar servicios sanitarios.
Lo más grave es la frecuencia. Cuando los cortes superan las 20 horas diarias en La Habana y alcanzan periodos todavía mayores en otras provincias, la actividad económica deja de adaptarse y comienza directamente a desaparecer. Pequeños negocios, hoteles y explotaciones agrícolas soportan costes imposibles de trasladar a una población con escaso poder adquisitivo.
La presión social aumenta
Los grandes apagones han precedido en otras ocasiones a protestas por la escasez de alimentos, medicinas y electricidad. La falta de suministro, además, coincide con temperaturas elevadas y una economía debilitada por la inflación, la pérdida de población y la falta de divisas.
La electricidad se ha convertido así en el indicador más visible del deterioro nacional. Cada desconexión no solo deja hogares sin luz: erosiona la capacidad del Estado para garantizar los servicios más elementales.
Una recuperación frágil
Las autoridades han activado los protocolos para reconstruir el sistema mediante pequeños circuitos o «microsistemas», conectando progresivamente centrales y territorios. El proceso puede restablecer el suministro, pero no resuelve el desequilibrio entre generación y demanda.
Mientras no lleguen combustible estable, inversión exterior y una renovación profunda de las plantas, cualquier avería podrá desencadenar otro colapso. Cuba puede volver a encenderse en cuestión de horas. Lo que ya no puede garantizar es cuánto tardará en apagarse de nuevo.