EE. UU. y Dinamarca se sientan por Groenlandia: una cita clave en plena escalada y con la OTAN en modo “contención”
Washington y Copenhague mantendrán el miércoles una reunión sobre Groenlandia, según fuentes diplomáticas citadas por CBS, en un momento en el que la retórica de Trump sobre “adquirir” la isla ha pasado de la provocación al pulso estratégico. Para Dinamarca, es un “momento decisivo”; para la Casa Blanca, la prueba de fuerza que redefine alianzas en el Ártico y tensiona la cohesión atlántica.
Qué se sabe de la reunión del miércoles
La reunión entre responsables de Estados Unidos y Dinamarca para abordar el futuro de Groenlandia está prevista para el miércoles, según CBS, que cita fuentes diplomáticas. El encuentro aún no ha sido anunciado formalmente, pero llega después de que el secretario de Estado, Marco Rubio, confirmara que habría conversaciones “la próxima semana” con representantes daneses (y con presencia groenlandesa en el marco de contactos paralelos), en plena escalada verbal desde Washington.
Por qué Groenlandia se ha convertido en un asunto “de primer nivel”
El Ártico ya no es periferia. Groenlandia concentra tres elementos que explican el giro: seguridad (vigilancia y defensa antimisiles en el corredor ártico), rutas (cambios logísticos y de presencia por el deshielo) y recursos (minerales críticos y acceso estratégico). Además, la isla ya alberga una presencia militar estadounidense: la Pituffik Space Base (antes Thule), que opera bajo el marco de cooperación de defensa entre Washington y Copenhague.
El núcleo del choque: soberanía y “líneas rojas”
Dinamarca y Groenlandia han respondido con un mensaje coordinado: Groenlandia no está en venta y su futuro debe decidirlo el pueblo groenlandés. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha elevado el tono al calificar la situación como un “momento decisivo” y al pedir que cesen las amenazas, en un pulso que en Copenhague se interpreta como un precedente peligroso dentro de la propia OTAN.
Qué podría estar realmente sobre la mesa (más allá del titular “compra”)
En diplomacia, el titular suele ser la parte visible; el contenido, más técnico. En la reunión del miércoles, los puntos plausibles de discusión incluyen: refuerzo de cooperación de defensa (más vigilancia, capacidades en el alto norte, ejercicios y presencia), inversión y acceso (infraestructura, conectividad, proyectos energéticos y de extracción bajo marcos regulatorios claros) y un ajuste de narrativa para rebajar tensiones sin que ninguna parte “pierda” públicamente.
Este enfoque encaja con el movimiento que empieza a tomar forma en Europa: propuestas para que la OTAN lance una operación específica en el Ártico —tipo “Arctic Sentry”— como vía para reforzar seguridad y, a la vez, desactivar el argumento de que Groenlandia está desprotegida.
La disputa por el “riesgo ruso y chino”
Otro punto sensible es la justificación. Trump ha insistido en el riesgo de presencia rusa y china en el área; pero diplomáticos nórdicos han rechazado públicamente que exista evidencia de una actividad “alrededor” de Groenlandia como la descrita desde Washington. Esa discrepancia importa porque condiciona el tipo de respuesta: si el diagnóstico no se comparte, cualquier “solución” impuesta se interpreta como presión, no como seguridad colectiva.
Qué señales buscar tras el encuentro
Lo relevante no será solo el comunicado final, sino los detalles: si se anuncia un paquete concreto de cooperación militar, si se abre la puerta a nuevos acuerdos económicos con Groenlandia respetando su autonomía, o si la reunión termina alimentando una escalada verbal adicional. En paralelo, habrá que observar el “frente aliado”: si la UE y la OTAN articulan una posición más operativa (misiones, vigilancia, inversiones) para reducir el espacio político del conflicto.
La cita del miércoles es una prueba de cohesión atlántica
Esta reunión es una prueba de estrés para la arquitectura occidental. Si el resultado se traduce en más cooperación y menos coerción, el episodio puede reconducirse hacia una agenda ártica compartida. Si, por el contrario, la retórica de “adquisición” se mantiene, Dinamarca y sus socios lo leerán como un cambio de reglas dentro de la propia alianza. Y en geopolítica, cuando cambian las reglas, cambia el precio de todo: seguridad, inversiones y confianza.