EEUU aísla Kharg y Qeshm tras cortar sus comunicaciones

Buque de guerra - Foto de Nico Smit en Unsplash

Los ataques contra cables de fibra óptica obligan a Irán a recurrir a sistemas de radio y satélite en dos islas esenciales para el petróleo y el control del estrecho de Ormuz.

Los ataques estadounidenses sobre el sur de Irán han dejado incomunicadas de forma reiterada las islas estratégicas de Kharg y Qeshm, según ha reconocido el ministro iraní de Comunicaciones, Sattar Hashemi. Los bombardeos habrían alcanzado cables de fibra óptica que conectan ambos territorios con el continente, obligando a activar enlaces de emergencia por radio y satélite.

El incidente trasciende el daño tecnológico. Kharg concentra buena parte de la capacidad exportadora de crudo iraní, mientras Qeshm se encuentra junto al estrecho de Ormuz, una ruta por la que circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas mundial antes de la actual escalada militar. El corte revela que la guerra ya no se limita a objetivos militares: también golpea la infraestructura que sostiene la logística, la energía y las comunicaciones del país.

Dos islas bajo presión

Kharg y Qeshm desempeñan funciones distintas, pero complementarias. La primera es el principal enclave petrolero iraní y ha llegado a canalizar hasta el 90% de las exportaciones de crudo del país. La segunda, situada frente a la costa de Bandar Abbas, permite controlar accesos, rutas marítimas y posiciones defensivas próximas a Ormuz.

Esa combinación convierte a ambas islas en objetivos de alto valor. Un ataque contra sus comunicaciones no necesita destruir directamente depósitos, terminales o instalaciones militares para causar daños relevantes. Basta con deteriorar la coordinación operativa, retrasar órdenes y dificultar la gestión de emergencias.

En marzo, Estados Unidos ya aseguró haber atacado más de 90 objetivos militares en Kharg, aunque afirmó haber evitado deliberadamente la infraestructura petrolera. La nueva ofensiva apunta a una estrategia más amplia: aislar los nodos iraníes antes de comprometer instalaciones cuyo daño podría disparar los precios energéticos.

La fibra como objetivo

El ministro Hashemi sostiene que los ataques alcanzaron repetidamente cables de fibra óptica en las regiones meridionales. Estas conexiones transportan comunicaciones civiles, administrativas y empresariales, pero también pueden resultar esenciales para coordinar puertos, redes eléctricas, sistemas de vigilancia y equipos de protección civil.

La fibra óptica es especialmente vulnerable cuando discurre por corredores costeros, puentes o conducciones submarinas identificables. Cortarla puede reducir la capacidad de transmisión durante horas o días sin necesidad de lanzar una ofensiva prolongada.

Irán ha desplegado equipos técnicos para reparar las redes, aunque no ha ofrecido una fecha para el restablecimiento completo. Esa ausencia de calendario sugiere que el problema no se limita a una avería puntual. Los operarios deben trabajar en zonas expuestas a nuevos ataques y con una cadena logística sometida a interrupciones constantes.

Comunicaciones de emergencia

Las autoridades han recurrido a enlaces de radio y satélite para mantener abiertas las líneas básicas. Sin embargo, estos sistemas ofrecen normalmente menos capacidad, mayor latencia y una cobertura más limitada que las redes terrestres de fibra óptica.

La alternativa permite sostener comunicaciones prioritarias, pero difícilmente reemplaza todo el tráfico de una isla con instalaciones industriales, población civil y actividad portuaria. El resultado suele ser una jerarquización forzada: primero las autoridades, después los servicios esenciales y, finalmente, las comunicaciones comerciales y particulares.

Irán ya había sufrido graves interrupciones digitales durante 2026. Un estudio sobre los apagones nacionales constató que entre el 96,5% y el 97,4% de los prefijos de red analizados dejaron de responder durante determinados periodos. Aunque aquellos cortes estuvieron vinculados al control interno de Internet, demostraron hasta qué punto la conectividad iraní depende de estructuras centralizadas y vulnerables.

El corazón petrolero iraní

El impacto potencial resulta especialmente delicado en Kharg. Desde esta isla se han canalizado alrededor de 1,5 millones de barriles diarios hacia China durante 2025 y comienzos de 2026. Incluso sin daños directos en los depósitos, una interrupción prolongada de las comunicaciones puede ralentizar atraques, operaciones de carga, autorizaciones y protocolos de seguridad.

La consecuencia es clara: la presión militar puede traducirse en presión económica sin necesidad de incendiar las terminales. Para Washington, este método reduce inicialmente el riesgo de provocar una crisis energética global. Para Teherán, supone convivir con una amenaza permanente sobre su principal fuente de divisas.

El contraste es significativo. En ataques anteriores, Estados Unidos declaró haber preservado las instalaciones petroleras por su relevancia internacional. Ahora, al golpear los sistemas que permiten operarlas, se acerca al mismo resultado por una vía indirecta.

Ormuz entra en una fase crítica

Qeshm ocupa una posición igualmente sensible. La isla se encuentra junto al estrecho de Ormuz, donde el tráfico marítimo se ha reducido drásticamente después de varios ataques contra buques y de la reimplantación del bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes.

Los precios del Brent llegaron a superar los 85 dólares por barril durante la escalada, reflejando el temor a una interrupción prolongada. Cualquier fallo de comunicaciones en Qeshm puede aumentar la incertidumbre entre navieras, aseguradoras y operadores energéticos, incluso aunque los daños físicos sean limitados.

Lo más grave es el efecto acumulativo. Puentes, instalaciones eléctricas, puertos y redes de telecomunicaciones han sido alcanzados durante las sucesivas oleadas. El deterioro simultáneo de varias infraestructuras multiplica los costes y dificulta que Irán concentre recursos en una sola reparación.

Una guerra contra las conexiones

La ofensiva revela un cambio de enfoque. Las comunicaciones ya no son únicamente un instrumento auxiliar, sino un objetivo estratégico capaz de condicionar la capacidad militar, el comercio y la vida cotidiana.

Si los cortes continúan, Irán tendrá que dispersar enlaces, reforzar rutas submarinas y ampliar su dependencia de satélites. Son soluciones costosas y más lentas de desplegar que la reparación convencional. Además, cada nueva infraestructura puede convertirse en otro objetivo.

El aislamiento de Kharg y Qeshm demuestra que la batalla por Ormuz también se libra bajo tierra y bajo el mar. No hacen falta imágenes de terminales destruidas para alterar el mercado: basta con desconectar los lugares desde los que se organiza el flujo de petróleo que mantiene en pie la economía iraní.