La administración ha vuelto a pisar el acelerador en su apoyo militar a Israel

EEUU aprueba venta urgente de 152 millones en bombas a Israel

EPA/ATEF SAFADI

La Casa Blanca activa la vía de emergencia para enviar 12.000 bombas de 1.000 libras en plena guerra abierta con Irán.

El Departamento de Estado ha autorizado una venta de 151,8 millones de dólares en munición aérea al país hebreo, en un paquete que incluye 12.000 bombas BLU-110A/B de 1.000 libras cada una. La operación se aprueba por vía de emergencia, lo que permite sortear el control ordinario del Congreso y acelerar los plazos de entrega. Todo ello, mientras la guerra conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán se recrudece, con más de un millar de muertos y ataques que ya rozan territorio de la OTAN.

Una operación relámpago al margen del Congreso

Según la notificación oficial, el Gobierno de Israel ha solicitado la compra de 12.000 cuerpos de bomba BLU-110A/B, clasificadas como bombas de propósito general de 1.000 libras. El Departamento de Estado, dirigido por Marco Rubio como secretario de Estado, ha concluido que concurre una “situación de emergencia” que hace “necesaria” la venta inmediata, lo que habilita el uso de la excepción prevista en la Sección 36(b) de la Arms Export Control Act para burlar la revisión previa del Congreso.

El movimiento no es meramente técnico. El control parlamentario sobre las ventas de armas se ha convertido en un frente político en Washington a medida que crece la oposición, sobre todo demócrata, al suministro masivo de armamento a Israel tras la devastación de Gaza. En julio, 27 senadores demócratas apoyaron una resolución para bloquear determinadas transferencias, un gesto inédito que quedó en nada pero dejó claro el desgaste del consenso bipartidista.

“La consecuencia es clara: la Administración prioriza la velocidad sobre el control democrático”, resume un analista de defensa consultado por este periódico. La venta de 151,8 millones es relativamente modesta en tamaño, pero muy significativa en procedimiento: consolida la normalización de la vía de emergencia como herramienta de política exterior en un contexto de guerra abierta con Irán.

Qué se compra: 12.000 bombas de 1.000 libras

Las BLU-110A/B son bombas de propósito general de la familia de 1.000 libras (unos 454 kilos). Se emplean tanto de forma “tonta” como acopladas a kits de guiado tipo JDAM para convertirlas en munición de precisión. Según la documentación remitida, el paquete incluye apoyo de ingeniería, logística y servicios técnicos, además de parte del material procedente directamente de los propios arsenales estadounidenses.

El efecto acumulado es notable: 12.000 bombas de 1.000 libras equivalen a alrededor de 5.400 toneladas de explosivo, una capacidad de destrucción pensada para sostener campañas aéreas prolongadas. En los últimos años, Israel ha empleado masivamente este tipo de munición en Gaza y Líbano, y ahora se prepara para un conflicto que, por primera vez, enfrenta abiertamente a Washington y Teherán en múltiples frentes simultáneos.

El contratista principal será Repkon USA, con sede en Garland (Texas), lo que subraya también la dimensión industrial de la operación: no solo se refuerza a Israel, sino a una cadena de suministro militar estadounidense que ya opera a pleno rendimiento desde 2023. “La guerra se ha convertido en un mercado continuado de reposición de inventarios”, apunta otro experto del sector.

Una cadena de ventas millonarias a Israel

El nuevo paquete de 151,8 millones llega tras una sucesión de ventas a Israel de una magnitud desconocida en décadas recientes. En febrero de 2025, Washington ya aprobó un “urgent sale” de 2.700 millones de dólares en munición aérea, que incluía más de 44.500 cuerpos de bomba y miles de kits de guiado JDAM, también entonces amparado en una “situación extraordinaria” para esquivar el trámite parlamentario.

Pocos días antes, en ese mismo mes, el Departamento de Estado había avalado dos grandes ventas FMS a Israel por un valor conjunto de 7.410 millones de dólares: 6.750 millones en munición guiada y 660 millones en misiles aire-tierra Hellfire. Sumando estos paquetes y otros menores, Estados Unidos ha autorizado desde 2025 más de 10.000 millones de dólares en munición y misiles para Israel, una cifra que sitúa al país en el centro absoluto de la industria bélica estadounidense.

El diagnóstico es inequívoco: el conflicto prolongado en Gaza, Líbano y ahora Irán ha generado un ciclo de rearmamento continuo. Los grandes contratistas —Boeing, Lockheed Martin, L3Harris, plantas como McAlester Army Ammunition— aparecen una y otra vez en las notificaciones de la DSCA, consolidando un flujo de negocio que se extiende, como mínimo, hasta 2028.

La guerra con Irán acelera la maquinaria bélica

Lo más grave es el contexto en el que se autoriza este nuevo paquete. Según TRT World y otros medios, la guerra conjunta de EEUU e Israel contra Irán arrancó el 28 de febrero con una oleada de ataques que han destruido cientos de objetivos y provocado al menos 1.300 muertos, entre ellos el propio líder supremo iraní, Alí Jameneí, y altos mandos militares.

Teherán ha respondido con misiles y drones contra bases estadounidenses y objetivos israelíes en toda la región, mientras sus aliados actúan en Líbano, Siria y el Golfo. La OTAN se ha visto arrastrada al tablero: el 4 de marzo, sistemas integrados de defensa aérea de la Alianza interceptaron un misil balístico iraní que se dirigía hacia el espacio aéreo turco, en lo que supone la primera acción directa de la organización en el conflicto.

En paralelo, bases británicas en Chipre han sufrido ataques con drones y los precios del petróleo se han disparado, con el Estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado y rutas alternativas tensionadas. En este escenario, la venta urgente de 12.000 bombas no es un gesto aislado: es una señal inequívoca de que Washington se prepara para una campaña larga, con un ritmo de consumo de munición muy superior al previsto antes del estallido con Irán.

El debate interno en Washington

La decisión de invocar la vía de emergencia tiene también lectura política doméstica. El Congreso ya vivió en 2025 un intento fallido de frenar determinadas transferencias de armamento a Israel, impulsado por un sector demócrata preocupado por el elevado número de víctimas civiles en Gaza y por el impacto reputacional de EEUU.

Ahora, con la Casa Blanca defendiendo la guerra con el argumento de la “autodefensa” y la “contención de Irán”, las tensiones se han recrudecido. El congresista Gregory Meeks ha denunciado que sortear de nuevo el escrutinio de la Cámara “expone la contradicción en el relato oficial de estar preparados para la guerra”, recordando que si la planificación fuera tan sólida no serían necesarias decisiones de urgencia de este tipo.

“Esta es una emergencia creada por la propia Administración”, ha llegado a afirmar. La crítica refleja un malestar más profundo: el poder del Congreso para condicionar la política exterior a través del control de las exportaciones de armas se ve cada vez más erosionado, mientras la Casa Blanca recurre a figuras de excepción diseñadas para escenarios realmente extraordinarios.

Riesgos de escalada regional y costes humanitarios

El contraste con otras crisis resulta demoledor. Mientras muchos países europeos se movían con cautela en la guerra de Ucrania para no cruzar determinadas líneas rojas frente a Rusia, Estados Unidos ha dado un salto cualitativo al implicarse directamente en ataques que han acabado con el liderazgo político y militar de Irán.

Cada nueva remesa de munición —y en particular, paquetes que incluyen decenas de miles de bombas de caída libre— alimenta el temor a campañas de bombardeo masivo con un impacto devastador sobre la población civil. Organismos internacionales ya advertían, antes de la guerra con Irán, de que el volumen de explosivos arrojados sobre Gaza desde 2023 se aproximaba a magnitudes vistas solo en conflictos del siglo XX.

La consecuencia es clara: la línea que separa la “defensa de un aliado” de la participación en una guerra de castigo de alcance regional se vuelve cada vez más difusa. Y el envío acelerado de 12.000 bombas adicionales envía a Teherán y a sus aliados el mensaje de que la campaña aérea tiene todavía amplio recorrido, con el riesgo de responder con ataques más ambiciosos contra intereses occidentales.

El mensaje a Teherán y a las capitales europeas

Desde la óptica estratégica, el paquete de 151,8 millones funciona como señal múltiple. Hacia Israel, confirma que Washington está dispuesto a mantener su superioridad aérea a cualquier coste, incluso quemando capital político interno al recurrir de nuevo a la vía de emergencia. Hacia Irán, busca reforzar la idea de que no habrá “fatiga de munición” y que los arsenales occidentales pueden sostener un conflicto de alta intensidad durante meses.

Pero también mira a Europa. En los últimos días, España ha rechazado ampliar el uso de sus bases por parte de EEUU para operaciones ofensivas, mientras otros socios de la OTAN intentan modular su grado de implicación ante el temor a convertirse en objetivos de represalia. El mensaje que reciben las capitales europeas es incómodo: el conflicto ya ha cruzado el umbral de la defensa pasiva y se adentra en la lógica de guerra abierta contra un Estado con capacidad misilística y nuclear latente.

“Si se normaliza la excepción, la arquitectura de control de exportaciones de armas queda reducida a un formalismo”, advierte un diplomático europeo. Y añade: “Europa puede acabar atrapada entre la presión de Washington y el riesgo directo sobre su territorio”.