EEUU eleva su ofensiva, espera la respuesta militar de Irán y un lunes preocupante para el Dow Jones
Estados Unidos ha ampliado la profundidad y la variedad de sus ataques contra Irán después de dos semanas de ofensiva prácticamente ininterrumpida. Las imágenes difundidas durante la noche apuntan a una operación especialmente intensa, aunque el Pentágono todavía no ha confirmado que se trate del mayor bombardeo desde la reanudación de la guerra.
El mensaje publicado por José Vizner resume la incertidumbre: «Esto se está yendo de las manos. A ver la reacción de Irán. Si todavía tiene poder militar». Esa última cuestión resulta decisiva. Washington intenta demostrar que puede destruir progresivamente la infraestructura iraní; Teherán necesita acreditar que aún conserva capacidad suficiente para responder.
Una ofensiva cada vez más amplia
Los ataques estadounidenses comenzaron concentrándose en las defensas costeras, las instalaciones navales y los sistemas utilizados por Irán para amenazar la navegación en el estrecho de Ormuz. Sin embargo, la campaña ya alcanza puentes, carreteras, centros de comunicaciones y objetivos situados en el interior del país.
La ampliación de los blancos revela un cambio de estrategia. Estados Unidos ya no persigue únicamente proteger el tráfico marítimo, sino dificultar el movimiento de unidades, munición e información entre las bases de la Guardia Revolucionaria.
La intensidad aumenta, pero todavía permanece por debajo de la ofensiva iniciada el 28 de febrero, cuando Washington e Israel atacaron centenares de objetivos durante las primeras cien horas.
Más de 300 objetivos
El Mando Central estadounidense informó de que sus fuerzas atacaron más de 300 objetivos durante tres noches, utilizando municiones de precisión para destruir radares, lanzadores de misiles, drones e infraestructura logística. Estados Unidos mantiene además más de 50.000 militares desplegados en Oriente Próximo.
La cifra muestra la dimensión de la campaña, pero no permite medir por sí sola su eficacia. Destruir instalaciones visibles resulta más sencillo que eliminar arsenales móviles, redes subterráneas o unidades dispersas.
La verdadera prueba llegará con la siguiente respuesta iraní. Si Teherán mantiene el volumen y la precisión de sus ataques, Washington tendrá que asumir que los bombardeos no han conseguido neutralizar sus principales capacidades.
Irán todavía puede golpear
No existen indicios sólidos de que Irán haya perdido todo su poder ofensivo. Durante los últimos días ha atacado buques en Ormuz y posiciones estadounidenses en países del Golfo. Bahréin y Jordania confirmaron haber interceptado amenazas aéreas, mientras fuerzas desplegadas en Irbil derribaron cinco drones cargados con explosivos.
Teherán también asegura haber alcanzado instalaciones en Kuwait y Bahréin, aunque algunas de esas afirmaciones no han sido verificadas independientemente.
El diagnóstico es inequívoco: Irán está debilitado, pero continúa siendo capaz de extender el coste de la guerra. No necesita igualar la potencia aérea estadounidense. Le basta con mantener bajo presión las bases regionales, el transporte marítimo y los aliados de Washington.
Los hutíes abren otro frente
La escalada ya ha alcanzado el mar Rojo. Los hutíes, respaldados por Irán, reivindicaron un ataque contra la ciudad saudí de Jizán después de que Riad bombardeara posiciones militares en Yemen. El grupo también había atacado embarcaciones saudíes y anunciado un bloqueo marítimo.
Este hecho revela el principal riesgo para Estados Unidos: que la guerra deje de concentrarse en Irán y se convierta en una sucesión de frentes conectados.
El estrecho de Ormuz presiona las exportaciones del golfo Pérsico. Bab el Mandeb amenaza la ruta del canal de Suez. Golpear simultáneamente ambos pasos puede elevar el precio del petróleo y castigar la economía mundial sin derrotar militarmente a Estados Unidos.
El límite de la superioridad estadounidense
Washington domina el espacio aéreo y puede seguir aumentando la potencia de sus operaciones. Donald Trump ha asegurado que las fuerzas estadounidenses están preparadas para un ataque masivo, aunque también mantiene abierta la posibilidad de nuevas conversaciones.
El problema es que cada bombardeo obliga a Irán a responder para evitar una imagen de debilidad. Esa represalia provoca una nueva ofensiva estadounidense y alimenta un ciclo con resultados estratégicos limitados para ambas partes. El petróleo ya superó los 100 dólares por barril durante la última ampliación del conflicto.
La reacción marcará la guerra
El número de lanzadores, drones y misiles que Irán consiga emplear en las próximas horas permitirá evaluar el daño real sufrido por sus fuerzas. Una respuesta inmediata y coordinada demostraría que conserva capacidad operativa. Una reacción más limitada podría indicar que los ataques estadounidenses están afectando a su cadena de mando.
Sin embargo, el silencio tampoco equivaldría necesariamente a una derrota. Teherán puede retrasar la represalia, utilizar grupos aliados o elegir objetivos económicos en lugar de instalaciones militares.
Estados Unidos parece controlar el cielo. Irán todavía puede controlar el precio de la escalada. Después de 14 días, la guerra ya no depende únicamente de quién dispone de más potencia de fuego, sino de quién soporta durante más tiempo sus consecuencias.