Estados Unidos encadena 13 noches de ataques contra Irán
Washington golpea centros de mando, depósitos de drones y posiciones costeras iraníes mientras la guerra amenaza las principales rutas energéticas del planeta.
Estados Unidos ha completado su decimotercera noche consecutiva de ataques contra Irán, una campaña militar que ya ha dejado de parecer una operación limitada para adquirir los rasgos de una guerra de desgaste. El Mando Central estadounidense asegura que la ofensiva pretende reducir la capacidad de la Guardia Revolucionaria para amenazar a los buques comerciales.
Los últimos bombardeos comenzaron a las 18.45 horas de la costa este estadounidense y alcanzaron centros de mando, almacenes de drones, redes de comunicaciones, sistemas de vigilancia costera y capacidades navales. El escenario decisivo ya no es únicamente el territorio iraní. También lo son las rutas por las que circulan el petróleo, el gas y buena parte del comercio mundial.
Trece noches sin tregua
La continuidad de los ataques revela un cambio sustancial en la estrategia de Washington. Ya no se trata de responder a un incidente concreto, sino de degradar de manera sostenida la infraestructura militar iraní y limitar su margen de actuación en el golfo Pérsico.
CENTCOM confirmó que la última operación terminó el 23 de julio a las 21.00 horas, después de golpear instalaciones vinculadas al mando militar, los drones, las comunicaciones y la defensa marítima. Estados Unidos mantiene además más de 50.000 militares desplegados en Oriente Próximo, una cifra que muestra la dimensión logística de la campaña.
El estrecho que condiciona la guerra
El estrecho de Ormuz se ha convertido en el centro económico del conflicto. Washington sostiene que sus ataques buscan proteger a los marinos civiles y garantizar que los cargueros puedan atravesar este corredor estratégico.
La consecuencia es clara: cualquier interrupción prolongada afectaría al suministro energético mundial, elevaría los costes de transporte y trasladaría nuevas presiones inflacionistas a Europa y Asia. El petróleo ya ha superado los 100 dólares por barril, reflejo del temor a que la guerra termine bloqueando simultáneamente Ormuz y el estrecho de Bab el Mandeb.
Una campaña contra drones y misiles
Los objetivos seleccionados permiten identificar la prioridad del Pentágono. Estados Unidos está atacando radares costeros, defensas antiaéreas, depósitos de misiles, centros logísticos y embarcaciones militares capaces de hostigar el tráfico comercial.
En operaciones anteriores, CENTCOM reconoció haber golpeado alrededor de 90 objetivos en una sola jornada y más de 80 instalaciones en otra oleada. El diagnóstico es inequívoco: Washington pretende reducir la capacidad iraní de vigilar el tráfico marítimo, lanzar drones y cerrar los accesos a sus puertos.
El bloqueo naval se endurece
La campaña aérea avanza en paralelo a un bloqueo sobre los puertos y las zonas costeras iraníes. Según la información difundida por el mando estadounidense, las fuerzas norteamericanas habían redirigido 12 buques comerciales y neutralizado otro para impedir su entrada o salida de áreas controladas por Irán.
La combinación de bombardeos, vigilancia marítima e interdicción naval eleva notablemente el riesgo de errores de cálculo.
Cualquier incidente con un petrolero, un carguero extranjero o una embarcación militar podría ampliar el conflicto y arrastrar a países que hasta ahora han intentado mantener una posición intermedia.
La respuesta iraní se extiende
Irán no ha limitado su reacción a ataques directos contra fuerzas estadounidenses. Misiles y drones han sido dirigidos contra posiciones vinculadas a Washington en países del Golfo, mientras los hutíes de Yemen han intensificado la presión sobre los buques que navegan por el mar Rojo.
Los ataques contra petroleros saudíes muestran el peligro de una guerra distribuida en varios frentes. Ormuz y Bab el Mandeb concentran dos de los principales puntos de estrangulamiento del comercio marítimo, por lo que una crisis simultánea multiplicaría los costes económicos y aseguradores.
El coste económico empieza a aflorar
El impacto ya se percibe en los mercados energéticos y bursátiles. La subida del crudo encarece el transporte, la producción industrial y la factura energética de los hogares. También amenaza con frenar las bajadas de tipos previstas por los bancos centrales si la inflación vuelve a acelerarse.
Lo más grave es que la prolongación de la ofensiva convierte una perturbación temporal en un riesgo estructural. Las navieras pueden modificar rutas, las aseguradoras elevar primas y las empresas aumentar inventarios para protegerse frente a cortes de suministro. Todo ello resta crecimiento y añade costes a una economía mundial todavía vulnerable.
Una guerra cada vez menos limitada
La decimotercera noche de ataques marca una frontera política. Cuanto más dure la campaña, más difícil será presentar la intervención como una respuesta puntual destinada exclusivamente a proteger la navegación.
Estados Unidos afirma que el estrecho de Ormuz permanece abierto gracias al respaldo militar norteamericano. Sin embargo, la sucesión diaria de bombardeos, represalias y amenazas demuestra que la estabilidad depende ahora de una presencia armada permanente.
El riesgo inmediato no es únicamente una escalada militar. Es la normalización de una guerra alrededor de las rutas que sostienen el comercio y la energía mundial.