Europa regula, Musk construye y los estrechos arden: el nuevo orden mundial en una frase
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Hay jornadas en las que el mapa del mundo se entiende mejor mirando el agua que mirando la tierra. La de ayer fue una de ellas. En menos de veinticuatro horas, el régimen de Teherán y su proxy (delegado) yemení han logrado algo que la Unión Soviética no consiguió en cuarenta años de Guerra Fría: someter a amenaza simultánea los dos estrechos de los que depende el comercio entre Asia y Europa. Ormuz lleva meses convertido en un peaje extorsionador; Bab el-Mandeb acaba de incorporarse a la lista. El Brent superó los cien dólares por barril y el mundo volvió a descubrir, con la torpeza de quien tropieza dos veces en la misma piedra, que la globalización no flota en el aire, sino sobre unas pocas millas náuticas de agua estrecha y vigilada. |
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El resto de la jornada confirma un patrón que este informe viene señalando desde hace meses. Washington firmó el miércoles un acuerdo nuclear civil con Riad y veinticuatro horas después reescribió sus condiciones en una red social. La Oficina del Representante de Comercio (El equivalente de ministro de comercio exterior en los EEUU) levantó una nueva muralla arancelaria sobre sesenta socios comerciales que representan el noventa y nueve por ciento de las importaciones estadounidenses. En Manila, Marco Rubio y Serguéi Lavrov se vieron las caras sin resultado alguno mientras Volodímir Zelenski descabezaba de nuevo su alto mando militar. Y el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria declaró «objetivo legítimo» las bases británicas, situando por primera vez el territorio metropolitano de un aliado europeo de la OTAN en el punto de mira explícito de Teherán. |
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Cerramos con Elon Musk, que ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer: convertir una entrevista en un acontecimiento geopolítico. Sus profecías parecen descabelladas y desde luego eso espero porque son de lo más inquietantes. Su inmensa influencia es muchas veces criticada junto al de los demás magnates tecnológicos, pues se considera que no tiene ningún control y que son ya mucho más poderosos que los estados. Hay quien dice que se debe vigilar mucho más a estas grandes corporaciones. Esa es siempre la obsesión de Europa y por eso no las tenemos en nuestro continente. Europa sigue sin querer aprender, espero no haberles amargado el fin de semana. |
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II. LAS SEIS NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS |
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1. El doble estrangulamiento marítimo: Bab el-Mandeb se suma a Ormuz y el Brent rompe la barrera de los cien dólares |
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Bab el-Mandeb no es un estrecho cualquiera. Por él circula alrededor del doce por ciento del comercio mundial y una cuarta parte del tráfico global de contenedores, en la ruta que une Europa y Asia a través del canal de Suez. Que los dos accesos a la península arábiga estén simultáneamente comprometidos significa que ya no hablamos de una crisis regional, sino de una disfunción estructural del comercio mundial. La ironía es amarga: los mismos analistas que durante años sostuvieron que la interdependencia económica hacía impensable la guerra descubren ahora que la interdependencia, sin capacidad de protegerla, no es un seguro sino una vulnerabilidad. |
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Conviene entender la lógica del adversario, porque es más inteligente de lo que se le reconoce. Teherán no necesita cerrar Ormuz: le basta con hacerlo impredecible. Las primas de seguro, los desvíos de ruta y el encarecimiento de los fletes hacen el resto sin necesidad de disparar un solo misil más. Es lo que en estos informes hemos llamado la guerra de temperatura variable: ni paz ni guerra abierta, sino un termostato que el régimen sube y baja a voluntad para extraer rentas políticas y económicas. El bloqueo hutí sobre Saná y el mar Rojo es la extensión de ese mismo termostato a un segundo cuello de botella. |
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Y aquí es obligado volver la mirada sobre el hombre que hoy manda en el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria. Desde el 1 de marzo, tras la muerte de Mohammad Pakpour en la primera jornada de la guerra, el CGRI está al mando del general Ahmad Vahidi. Conviene recordar su currículum, porque explica mucho de lo que estamos viendo: fue el primer comandante de la Fuerza Quds, antes que Soleimani; pesa sobre él una notificación roja de Interpol por su presunta participación como ideólogo del atentado de la AMIA en Buenos Aires; y fue sancionado por el Tesoro estadounidense por la brutal represión de las protestas posteriores a la muerte de Mahsa Amini. Los especialistas que mejor conocen la estructura de poder iraní coinciden en que es todavía más radical que su antecesor y en que es uno de los enemigos acérrimos de cualquier compromiso con Washington. |
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Es la paradoja del descabezamiento en su forma más pura. Se eliminó a la cúpula del régimen —incluido el propio Alí Jamenei— en la expectativa de que el sistema se plegara o implosionara, y lo que ha ocurrido es exactamente lo contrario: la orfandad de mando ha entregado el aparato coercitivo a los hombres más duros del edificio, precisamente aquellos que no tienen nada que negociar porque su supervivencia personal depende de que no haya negociación. Quien no planifica el día después no debería sorprenderse de que el día después lo planifiquen otros. |
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Hay, además, una dimensión saudí que no puede pasarse por alto. Riad se encuentra atacado en sus dos flancos marítimos exactamente en la semana en que firma con Washington un acuerdo nuclear civil y en que el presidente estadounidense le exige, en público, reconocer a Israel. La secuencia es, cuando menos, desafortunada. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario primero, el más probable a corto plazo: desgaste de temperatura variable. Ataques esporádicos sin cierre formal de ninguno de los dos estrechos, represalias estadounidenses nocturnas y un Brent oscilando en una horquilla amplia entre los noventa y los ciento quince dólares. HSBC considera que la amenaza hutí sobre las exportaciones saudíes está sobrevalorada y la debilidad de la demanda china de crudo actúa como amortiguador. Es el escenario que conviene al régimen, porque le permite cobrar el peaje sin cruzar el umbral que provocaría una respuesta terminal. |
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Escenario segundo, de escalada: Trump ejecuta literalmente la doctrina del puente o la central eléctrica contra objetivos próximos a Teherán, Irán responde golpeando infraestructura energética del Golfo, y el Brent se dispara por encima de los ciento veinte dólares, con la referencia histórica de los ciento veintiocho de 2022 al alcance. La probabilidad no es despreciable, y aumenta con cada noche de bombardeos y cada buque incendiado. |
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Escenario tercero, de desescalada: una mediación omaní o catarí que restablezca un régimen de tránsito verificable. Es la salida sensata y, por eso mismo, la menos probable mientras el CGRI esté mandado por quien lo manda. Vigílense en todo caso los movimientos de Mascate, que ya presentó una propuesta tentativa de gestión de rutas en el estrecho. |
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2. Washington firma el acuerdo nuclear civil con Riad y veinticuatro horas después lo condiciona a los Acuerdos de Abraham |
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Implicaciones |
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Empecemos por lo esencial, porque en este punto conviene ser claros y no sumarse al coro fácil de la equidistancia: el acuerdo nuclear civil con Arabia Saudí es una buena noticia y merece aplauso, no censura. No estamos ante un doble rasero. Washington verificará que el programa saudí permanezca estrictamente civil —y el OIEA ha sido ya notificado a tal efecto—, mientras que nadie, absolutamente nadie, puede responder de las intenciones del programa iraní. Riad lo obtiene porque es un aliado sólido de Estados Unidos y un pilar de estabilidad regional, y porque quiere de verdad dejar de quemar crudo y gas para generar electricidad, lo que es tan legítimo como razonable. El mensaje que se envía es el correcto: Occidente comparte tecnología con quien quiere un programa genuinamente pacífico, mientras que las instalaciones de doble uso, el plutonio y los enriquecimientos por encima del noventa por ciento revelan por sí solos la intención de quien las opera. Y hay un mensaje disuasorio implícito que Teherán haría bien en descifrar: la cooperación nuclear entre Washington y Riad podría reorientarse de lo civil a lo militar si Irán cruza el umbral atómico. |
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Dicho esto, y precisamente porque el fondo nos parece acertado, el método merece una crítica severa. Firmar un tratado de treinta años el miércoles y reescribir sus condiciones esenciales el jueves en una red social no es negociación dura: es improvisación transaccional. Devalúa la firma de los Estados Unidos, que es el activo estratégico más valioso que posee la primera potencia mundial, y coloca a un socio en la humillante posición de negociar en público lo que había cerrado en privado. Es exactamente el patrón de intuición y exabrupto que venimos criticando, y que contrasta con la línea sobria, argumentada y estratégicamente inteligible que representa el secretario Rubio, cuya intervención de ayer en Manila —el argumento del competidor, no el del chantaje— es la que debería haber prevalecido. |
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Hay además un problema de secuencia. Exigir a Riad el reconocimiento de Israel en el preciso momento en que sus petroleros arden en el mar Rojo y sus puertos están bajo bloqueo hutí es pedirle que asuma el máximo coste político interno en su hora de máxima vulnerabilidad. Ningún gobierno del mundo, y menos una monarquía que gobierna sobre la custodia de los Santos Lugares del islam, puede permitirse que se le vea canjeando el reconocimiento de Israel por reactores mientras su flota es atacada. El objetivo —la ampliación de los Acuerdos de Abraham— es magnífico y merece perseguirse con determinación; el momento y la forma escogidos hacen ese objetivo más difícil, no más fácil. |
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Queda la contradicción no resuelta entre lo que el presidente afirma —que no habrá enriquecimiento— y lo que sus propios funcionarios describen: un texto que deja la puerta entreabierta a un estudio de viabilidad. Esa ambigüedad será el eje del debate en el Capitolio, y no le faltará munición a la corriente no proliferacioncita del Senado. |
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Perspectivas y escenarios |
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El Congreso escrutará el acuerdo con lupa y la batalla se librará sobre la cláusula de enriquecimiento, no sobre la de normalización. Es previsible una coalición transversal de escépticos que exija salvaguardias de oro —el llamado gold standard, es decir, la renuncia expresa al enriquecimiento y al reprocesamiento— como condición para no bloquearlo. |
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Riad no normalizará bajo coacción y en plena crisis del mar Rojo. Lo más probable es un avance discreto, ligado a algún gesto verificable sobre la cuestión palestina, y desde luego no antes de que las aguas del Golfo se calmen. Si el acuerdo descarrila, el resultado será el peor de todos: el reino acudirá a Pekín, Seúl, París o Moscú, y entonces la verificación occidental que hoy se discute no existirá en absoluto. Quienes se oponen al acuerdo por celo no proliferacionista deberían preguntarse qué alternativa están favoreciendo en la práctica. |
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3. La nueva muralla arancelaria: entre el 10% y el 12,5% a sesenta socios comerciales por trabajo forzoso |
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Que conste en acta nuestra posición, que es la de siempre y no ha variado: no compartimos las cortapisas al libre comercio internacional. Nos situamos en la tradición de Ronald Reagan, para quien la apertura comercial no era una concesión a los demás sino una fuente de prosperidad, de libertad para las democracias y de fortaleza estratégica para los propios Estados Unidos. Un arancel es un impuesto, lo pagan las empresas y los consumidores estadounidenses, y ninguna retórica sobre la reindustrialización cambia esa aritmética elemental. |
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El trabajo forzoso es una lacra real y gravísima, y quien escribe estas líneas no necesita que le convenzan de ello: la explotación cuasi-esclavista en Xinjiang y en tantos otros lugares del mundo, es uno de los crímenes sistemáticos de nuestro tiempo y merece la respuesta más contundente. Pero precisamente por eso duele el uso instrumental de una causa moral incontestable. Cuando se aplica el mismo tipo arancelario al Reino Unido, a Canadá y a la Unión Europea que a regímenes autoritarios que practican el trabajo forzoso como política de Estado, no se combate el trabajo forzoso: se trivializa la acusación y se irrita a los aliados. La denuncia moral, cuando se convierte en pretexto recaudatorio universal, pierde exactamente aquello que la hacía eficaz. |
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Hay un segundo problema, más profundo, que es el del tiovivo jurídico. Tres bases legales distintas en seis meses para sostener una misma política comercial no es firmeza: es la confesión de que la política precede al fundamento y de que el fundamento se busca después. La seguridad jurídica es un activo estratégico de primer orden, quizá el más infravalorado de todos, y erosionarla sale caro a largo plazo, aunque produzca titulares a corto. |
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Y hay una cuestión de oportunidad geoeconómica que merece subrayarse. Levantar una muralla arancelaria la misma semana en que el Brent rompe los cien dólares es superponer un choque inflacionista a otro choque inflacionista. El consumidor estadounidense pagará dos veces: en el surtidor y en el supermercado. Con la Reserva Federal ya en una incómoda pausa defensiva, la combinación no es precisamente afortunada. |
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Perspectivas y escenarios |
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Habrá litigio, otra vez. Pero conviene advertir que la Sección 301 pisa terreno jurídico bastante más firme que la Ley de Poderes Económicos de Emergencia: es el instrumento clásico para las prácticas desleales, exige investigación previa —que aquí ha existido— y ha resistido impugnaciones anteriores. Quien espere una anulación rápida probablemente se llevará un desengaño. |
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La respuesta europea será, previsiblemente, calibrada: negociación antes que represalia, con el instrumento anti-coerción como amenaza latente y no como primera opción. Es lo sensato y es lo que hará Bruselas, aunque volverá a demostrar que la Unión reacciona siempre un paso por detrás del acontecimiento. |
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Obsérvese con atención el caso indio. Nueva Delhi ha logrado rebajar su tipo del doce y medio al diez endureciendo su normativa. Ese es el mecanismo real que el instrumento premia, y ese es el precedente que otros socios intentarán replicar en las próximas semanas. La negociación técnica bilateral será, más que el pleito, la vía de salida. |
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4. Londres, en la diana: el CGRI declara “objetivo legítimo” las bases británicas |
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Que un Estado terrorista designe por su nombre una base situada en el territorio metropolitano de un miembro europeo de la OTAN no es un episodio retórico que pueda archivarse con un encogimiento de hombros. Es la primera vez en esta guerra que la amenaza se formula así, y merece ser tomada exactamente en serio: ni un grado más, para no hacerle el juego propagandístico al régimen, ni un grado menos, para no repetir el error de quienes durante décadas confundieron la fanfarronería de Teherán con inocuidad. La oligarquía yihadista que gobierna Irán lleva cuarenta y siete años exportando terrorismo por delegación, y sus proxies han golpeado en Beirut, en Buenos Aires, en Bagdad y en el mar Rojo. Sabe hacerlo. |
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Pero la lección verdaderamente incómoda de esta noticia no está en Teherán, está en Europa. Obsérvese el reparto de papeles. Londres actúa: presta sus bases, asume el riesgo, y su nuevo primer ministro —de quien cabía esperar un giro— mantiene la continuidad atlantista de su predecesor, lo que le honra. París y Berlín hablan. Y Madrid mira hacia otro lado, después de haberse desmarcado incluso de la misión naval en Ormuz. Un país que obtiene del comercio marítimo una parte sustancial de su prosperidad, que tiene en el Estrecho de Gibraltar su propio cuello de botella y que aspira a ser tomado en serio en los foros donde se decide, no puede permitirse el lujo de la ausencia sistemática. La ausencia también es una política, y tiene un precio que se cobra en el momento menos oportuno. |
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Y aquí procede ser severos con el asunto que mejor resume la mediocridad de la clase política europea del siglo XXI: el entierro del avión de combate de sexta generación. En junio, París y Berlín certificaron el final del programa FCAS —más de cien mil millones de euros, el buque insignia de la llamada autonomía estratégica europea— no por una discrepancia estratégica de fondo, no por un cambio en la amenaza, sino por un pulso irreconciliable de reparto industrial entre Dassault y Airbus sobre quién controlaba el desarrollo tecnológico y la nube de combate. Léase de nuevo: Europa renunció a su capacidad aérea de superioridad para las próximas cuatro décadas por una disputa de porcentajes accionariales. |
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El consejo de ministros franco-alemán de Colonia, el 17 de julio, se dedicó a maquillar el cadáver con el anuncio de una participación convencional alemana en una maniobra nuclear francesa. El canciller Merz llegó a sostener que el FCAS era mucho más que un avión de combate, que era un sistema. Tenía razón: era mucho más que un avión, y por eso resulta mucho más grave que ahora sea mucho menos que un avión. La ministra española de Defensa, Margarita Robles, calificó el desenlace de fracaso sin ninguna duda y culpó a las empresas por anteponer sus intereses económicos a la seguridad de Europa. El diagnóstico es correcto; la omisión, clamorosa. Las empresas hacen lo que hacen las empresas. Son los gobiernos —el francés, el alemán y también el español— los que tenían la obligación política de imponer el interés estratégico sobre el reparto industrial, y no lo hicieron. España, socio de pleno derecho a través de Indra, asistió al naufragio como convidado de piedra, sin peso, sin voz y sin plan alternativo. |
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El resultado es de una ironía cruel: el gran beneficiario de la autonomía estratégica europea se llama Lockheed Martin. Las fuerzas aéreas del continente seguirán comprando F-35 y actualizando plataformas de cuarta generación y media, y Europa seguirá siendo, en el aire, cliente perpetuo del Pentágono. Que conste que somos atlantistas de corazón y que la relación transatlántica nos parece el activo más valioso de Occidente; precisamente por eso resulta insoportable que Europa sea un socio subordinado por incompetencia propia y no por necesidad. Una alianza entre un adulto y un menor de edad no es una alianza: es una tutela. |
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Perspectivas y escenarios |
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La probabilidad de un ataque iraní efectivo contra territorio metropolitano británico es baja: el fracaso de marzo contra Diego García expuso las limitaciones de precisión del arsenal balístico de largo alcance iraní, y las alternativas que se barajan —municiones de racimo para compensar la imprecisión— tienen un valor más propagandístico que militar. Pero la probabilidad no es cero, y basta un intento para abrir un debate sobre el artículo 5 para el que la Alianza no está preparada políticamente. |
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Si tal cosa ocurriera, Europa descubriría de golpe que no tiene ni la defensa antiaérea ni la doctrina ni las existencias de munición para sostener nada más allá de unos días. Es la conversación que lleva veinte años posponiéndose y que ningún Consejo Europeo quiere abrir en serio. |
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En el terreno industrial, obsérvense dos vías que se abren: la configuración germano-española del llamado Team Gen 6, con Suecia rondando y con la industria española —Airbus, GMV, Grupo Oesía, Indra, ITP Aero y Sener— ofreciendo capacidades; y la eventual incorporación al programa británico-italiano-japonés GCAP, donde España tendría la ventaja de su experiencia previa en el Eurofighter. Madrid tendrá que elegir, y llevará un lustro de retraso haga lo que haga. |
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5. Musk en The Economist: la profecía como método y el poder privado sin contrapesos |
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Conviene separar tres cosas que la cobertura mediática tiende a mezclar. |
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La primera es el pronóstico tecnológico. Que la inteligencia artificial transformará radicalmente la economía y la seguridad internacional es una certeza; que lo haga en los plazos exactos que Musk anuncia es una conjetura, y conviene recordar que el mismo autor ha errado repetidamente en sus calendarios anteriores. Los plazos concretos son, en su boca, un instrumento de movilización de capital más que una previsión calibrada. |
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La segunda es la profecía política, y esta sí es sencillamente irresponsable. Anunciar una guerra civil en una democracia aliada —desde una plataforma de la que se es propietario, sobre un país que no se visita desde hace años y con una obsesión declarada por sus debates sobre inmigración— no es análisis: es intervención. Las palabras del hombre más rico del mundo, dueño de una red social global y de una constelación de satélites de la que dependen ejércitos enteros, no son opiniones privadas: son hechos geopolíticos que mueven mercados, alteran debates públicos y envalentonan a los extremos. Rechazamos los extremismos vengan de donde vengan, y la profecía catastrofista es su combustible favorito. |
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La tercera, y la más importante para nuestros lectores, es la concentración sin precedentes de capacidades estratégicas —lanzamiento espacial, conectividad orbital y ahora computación— en manos de un único actor privado sin contrapesos, sin rendición de cuentas democrática y sin sujeción a los intereses de su Nación o de su política exterior es extraordinariamente preocupante. Ya vimos en Ucrania hasta qué punto la conectividad de Starlink podía condicionar una operación militar. Europa depende hoy, para su conectividad, su acceso al espacio y su capacidad de cómputo, de infraestructuras que no controla, que no regula con eficacia y que no está en condiciones de sustituir. Es exactamente la misma lección del FCAS trasladada a otro dominio, y con las mismas causas: falta de visión, exceso de retórica y ausencia de voluntad política. |
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Una última observación de sentido común económico. Un Tesoro que emite cheques contra la promesa de una productividad futura tiene un nombre bien conocido en la historia económica, y no es el de abundancia. Bastaría con preguntar en Buenos Aires o en Caracas. |
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Perspectivas y escenarios |
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Cabe esperar fricción regulatoria creciente en la Unión Europea y en el Reino Unido, sobre todo tras una profecía de guerra civil formulada sobre este último. Londres tiene ahora un incentivo político añadido para endurecer su marco de supervisión de plataformas. |
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En el plano corporativo, la consolidación entre SpaceX y la actividad de inteligencia artificial crea un actor con capacidades duales de una envergadura que ningún marco regulatorio occidental contempla actualmente. Es un asunto de seguridad global disfrazado de operación bursátil, y así debería tratarse en Washington y en Bruselas. |
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III. RACK DE MEDIOS |
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Selección de enfoques dominantes en la prensa internacional durante las últimas veinticuatro horas. Contenidos parafraseados. |
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Prensa anglosajona de referencia |
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Prensa continental europea |
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Prensa de Oriente Medio |
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Prensa asiática |
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Prensa rusa, ucraniana y de Europa central |
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Institutos de análisis y publicaciones especializadas |
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IV. SEMÁFORO DE RIESGOS |
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Evaluación a veinticuatro horas. Rojo: riesgo crítico y activo. Naranja: riesgo elevado con escalada en curso. Amarillo: riesgo moderado, situación bajo vigilancia. Verde: sin novedad relevante en el periodo. |
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● Estrecho de Ormuz e Irán. Duodécima noche consecutiva de ataques estadounidenses, doctrina de represalia automática anunciada, tránsitos desplomados en torno al noventa por ciento y un CGRI mandado por el general Ahmad Vahidi, el sector más irreductible del régimen. Sin canal de desescalada operativo. |
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● Bab el-Mandeb y mar Rojo. Bloqueo naval hutí sobre puertos saudíes, primer ataque efectivo contra dos petroleros y desvíos de tráfico en aumento. Segundo cuello de botella activado en la misma semana. |
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● Mercados energéticos. Brent por encima de los cien dólares, quinta sesión consecutiva al alza, suspensión de cargas kazajas en Novorosíisk y advertencias de proyección hacia los ciento veinte dólares. Riesgo inflacionista global de primer orden. |
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● Guerra de Ucrania. Reunión Rubio-Lavrov sin resultado, condiciones maximalistas rusas intactas, preparativos legislativos de movilización en Moscú e inestabilidad en el alto mando ucraniano. |
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● Territorio OTAN y bases británicas. Designación explícita de Fairford como objetivo legítimo por parte del CGRI. Probabilidad de ejecución baja, pero implicaciones políticas y jurídicas de máximo alcance si se materializa. |
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● Guerra comercial. Entrada en vigor de aranceles del diez al doce y medio por ciento sobre sesenta socios, con la Unión Europea, China y Vietnam entre los más afectados. Litigio y represalias previsibles. |
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● Normalización saudí-israelí. El condicionamiento público del acuerdo nuclear puede acelerar o descarrilar el proceso. Riad guarda silencio y no normalizará bajo presión mientras sus petroleros ardan. |
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● Defensa europea. Escombros del programa conjunto de sexta generación, reconfiguración industrial en curso y dependencia creciente del F-35. Erosión estructural, sin acontecimiento desencadenante inmediato. |
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● Líbano y proxies iraníes. Alto el fuego frágil y capacidad de reactivación de Hizbulá vinculada a la evolución de la campaña sobre Irán. |
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V. COMENTARIO EDITORIAL |
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Si hubiera que resumir esta jornada en una sola imagen, sería la del agua y la firma. El agua, porque dos estrechos que suman apenas unas decenas de millas náuticas tienen hoy en sus manos el precio de la energía, la inflación de cinco continentes y la estabilidad de docenas de gobiernos. La firma, porque un tratado nuclear de treinta años negociado durante años fue reescrito en una publicación de red social a las veinticuatro horas de rubricarse. Entre esos dos elementos —la vulnerabilidad física del comercio mundial y la volatilidad de la palabra dada— cabe casi todo lo que va mal en el orden internacional de 2026. |
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Empecemos por Irán, porque es el origen de casi todo lo demás. Este informe ha sostenido desde el primer día que la campaña contra el programa nuclear iraní era necesaria y estaba justificada: un régimen que financia a Hizbulá, a Hamás, a los hutíes y a las milicias iraquíes, que reprime a su propio pueblo con una crueldad documentada y que aspiraba al arma atómica no podía ser dejado en paz indefinidamente. Lo hemos escrito y lo mantenemos. Pero también hemos sostenido, con la misma insistencia y con creciente amargura, que la ausencia absoluta de planificación para el día después convertiría el éxito militar en un problema estratégico de mayor envergadura que el original. Ahí estamos. Se descabezó al régimen y el resultado no ha sido su moderación ni su implosión, sino su endurecimiento: el aparato coercitivo ha quedado en manos del general Ahmed Vahidi, un hombre con notificación roja de Interpol por el atentado de la AMIA en Buenos Aires en julio de 1994 y sancionado por la represión posterior a la muerte de Mahsa Amini, es decir, precisamente el perfil que no tiene absolutamente nada que ganar en una negociación y todo que perder. La paradoja del descabezamiento no es una elegancia teórica: es la factura que Occidente está pagando esta semana en el precio del barril. |
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Sobre el presidente Trump conviene ser justo, y ser justo obliga a decir dos cosas incómodas al mismo tiempo. La primera es que su política exterior ha acumulado en menos de dos años éxitos diplomáticos que sus predecesores no lograron en dos décadas: el conflicto entre Camboya y Tailandia, el proceso entre Azerbaiyán y Armenia, la arquitectura de los Acuerdos de Abraham y su ampliación, y ahora un acuerdo nuclear civil con Riad que, insistimos, es una excelente noticia y merece aplauso sin reservas. No es un doble rasero: Washington verificará el programa saudí y el OIEA ha sido ya notificado, mientras que del programa iraní nadie puede responder. Riad es un aliado sólido, un pilar de estabilidad y un país que legítimamente quiere dejar de quemar su propio crudo para generar electricidad. Y hay un mensaje disuasorio implícito que Teherán debería leer con atención: lo que hoy es cooperación civil podría reorientarse mañana. |
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La segunda cosa incómoda es que ese mismo presidente devalúa sistemáticamente sus propios logros con un comportamiento errático, transaccional e intuitivo, presidido por el exabrupto. Firmar el miércoles y reescribir el jueves; exigir a un socio el reconocimiento de Israel en la semana en que sus petroleros arden; superponer una muralla arancelaria a un choque petrolero; sostener una política comercial sobre la tercera base jurídica en seis meses. Nada de esto es dureza negociadora: es ausencia de una estrategia clara y coherente por lo menos en el plano geopolítico, quizás tenga rédito en política interna pero francamente lo dudo. Confiamos —y lo escribimos con la esperanza de quien ha visto funcionar los sistemas institucionales en momentos peores— en que la sensatez de quienes le rodean, y muy señaladamente la del secretario Marco Rubio, cuya intervención de ayer en Manila fue un modelo de argumentación estratégica, acabe imponiéndose sobre el impulso. Los aciertos de esta administración llevan casi siempre la firma de Rubio; los tropiezos, casi siempre la del exabrupto. |
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Y llegamos a Europa, que es donde este comentario se vuelve necesariamente severo. Mientras Teherán amenaza por su nombre una base aérea en Gloucestershire y el Reino Unido asume el riesgo de la solidaridad atlántica, el continente sigue absorto en su propia irrelevancia. En junio, Francia y Alemania enterraron el avión de combate de sexta generación —el programa insignia de la autonomía estratégica europea, más de cien mil millones de euros— no por una discrepancia sobre la amenaza, sino por un pulso de reparto industrial entre Dassault y Airbus. Se sacrificó la superioridad aérea del continente para las próximas cuatro décadas en el altar de un porcentaje accionarial, y en Colonia se cubrió el cadáver con la sábana de una maniobra nuclear conjunta. Las empresas defendieron sus intereses, que es lo que hacen las empresas; fueron los gobiernos quienes tenían la obligación de imponer el interés estratégico, y no lo hicieron. España, socio de pleno derecho, asistió al naufragio como convidado de piedra, sin peso, sin voz y sin plan alternativo, del mismo modo que se desmarcó de la misión naval en Ormuz. El gran vencedor de la autonomía estratégica europea se llama Lockheed Martin, y lo decimos como atlantistas de corazón a quienes precisamente por serlo les resulta insoportable que Europa sea un socio subordinado por incompetencia propia. |
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Hay una línea que une todos los asuntos de este informe, y conviene enunciarla sin eufemismos. Ormuz y Bab el-Mandeb demuestran que Occidente no controla las arterias de su propio comercio. El FCAS demuestra que no está dispuesto a pagar el precio de controlarlas. La entrevista de Musk demuestra que las capacidades estratégicas del futuro —el espacio, la conectividad, el cómputo— están pasando a manos privadas sin contrapeso democrático alguno, mientras los gobiernos europeos debaten reglamentos. Y el vaivén arancelario demuestra que ni siquiera la potencia que sostiene ese orden acierta a defenderlo con instrumentos coherentes. Son cuatro síntomas de la misma enfermedad: una clase política que gestiona el corto plazo con la mirada puesta en el ciclo electoral mientras las decisiones que importan tienen horizontes de veinte y cuarenta años. |
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Termino con una convicción y una advertencia. La convicción es que la democracia liberal representativa, la economía de mercado abierta y un estado del bienestar bien gestionado siguen siendo el mejor sistema que la humanidad ha concebido, y que defenderlos exige capacidades, no discursos. La advertencia es que los regímenes que hoy nos desafían —la oligarquía yihadista de Teherán, la Rusia de Putin, el expansionismo chino, las narcodictaduras del Caribe— comparten una lectura común de nuestro tiempo: creen que Occidente ya no está dispuesto a pagar el precio de sus propios principios. Esta semana, en dos estrechos y en un programa de aviación cancelado, les hemos dado motivos para pensarlo. Corregir esa impresión es urgente, y no se corrige con comunicados. |