El incidente llega horas después de los bombardeos de EEUU e Israel sobre instalaciones iraníes

Explosiones junto al reactor ruso-iraní de Bushehr reavivan el miedo nuclear

EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

Explosiones no identificadas han sido escuchadas este sábado en las inmediaciones de la central nuclear de Bushehr, la única planta atómica operativa de Irán y uno de los proyectos emblemáticos de cooperación con Rusia, según la radiotelevisión estatal IRIB.

Por ahora, las autoridades iraníes no han confirmado daños en el complejo ni alteraciones en los niveles de radiación, pero el mero hecho de que el ruido de las detonaciones se haya asociado a un reactor nuclear ha disparado las alarmas diplomáticas y financieras.

El episodio llega apenas horas después de la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos militares y nucleares iraníes, una operación que Moscú ha calificado de “acto de agresión no provocado” y que Teherán denuncia como intento de cambio de régimen.

Un aviso en pleno ataque a Irán

Los primeros reportes difundidos por IRIB hablan de explosiones audibles en la zona de Bushehr, puerto del sur de Irán y sede de su única central nuclear en operación, construida con asistencia rusa. El organismo no aportó imágenes ni detalles sobre el origen de las detonaciones, y tampoco confirmó si se produjeron dentro del perímetro industrial de la planta o en instalaciones militares cercanas.

La falta de información oficial recuerda a lo ocurrido en junio de 2025, cuando medios iraníes ya informaron de una “fuerte explosión” en la provincia de Bushehr horas después de bombardeos estadounidenses sobre otros centros del programa nuclear, sin que se aclarase del todo el alcance real de los daños. Entonces, igual que ahora, las autoridades insistieron en que la central funcionaba con normalidad mientras circulaban versiones sobre posibles ataques israelíes a infraestructuras estratégicas de la región.

Lo que cambia ahora es el contexto: la nueva ofensiva aérea de Washington y Tel Aviv ha atacado decenas de objetivos en el interior de Irán, incluidas instalaciones de mando, depósitos de misiles y centros de investigación, desencadenando una inmediata respuesta con misiles iraníes contra bases estadounidenses y territorio israelí. Sobre ese escenario ya extremadamente volátil, cualquier ruido asociado a Bushehr se interpreta como una escalada de nivel cualitativamente distinto.

En ausencia de confirmaciones técnicas, el diagnóstico es prudente pero inquietante: incluso si las explosiones se hubieran producido fuera del recinto nuclear, el hecho de que hayan sido percibidas en esa área concreta subraya hasta qué punto el conflicto se está acercando a activos que hasta ahora se consideraban líneas rojas para todas las partes.

Bushehr, piedra angular de la alianza energética ruso-iraní

Más allá del simbolismo, Bushehr es una instalación con un peso político y técnico desproporcionado para su tamaño real. Bushehr-1, el único reactor operativo, es una unidad de agua ligera tipo VVER de unos 1.000 megavatios eléctricos construida por Rusia y conectada a la red en 2011, tras décadas de retrasos, guerra y presiones diplomáticas. 

Hoy, la planta apenas aporta en torno al 2% de la capacidad eléctrica instalada del país y alrededor del 0,1% de la generación efectiva, en un sistema eléctrico dominado en más de un 90% por centrales de gas y petróleo. Sin embargo, su importancia estratégica es otra: simboliza la apuesta de Teherán por la energía nuclear civil y, sobre todo, el papel de Moscú como socio tecnológico de referencia en un país sometido a sanciones.

Rusia no solo suministró el diseño, los equipos clave y el combustible inicial del reactor; también sigue proporcionando asistencia técnica y combustible, que posteriormente es retirado y devuelto a territorio ruso para minimizar el riesgo de proliferación. Además, empresas estatales rusas están implicadas en la construcción de al menos dos nuevas unidades en Bushehr, consolidando un corredor de cooperación valorado en varios miles de millones de dólares y respaldado por acuerdos de largo plazo.

Este hecho revela por qué el Kremlin reaccionó con tanta vehemencia cuando, en 2025, surgieron informaciones sobre un posible ataque israelí contra la zona de Bushehr. Entonces, el jefe de la corporación nuclear estatal Rosatom llegó a advertir de un posible desastre “comparable a Chernóbil” si se golpeaba directamente al reactor en funcionamiento, al tiempo que confirmaba la presencia de cientos de técnicos rusos en la planta. 

El fantasma de un accidente nuclear regional

El otro actor clave en este tablero es el regulador internacional. Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), ha alertado en repetidas ocasiones de que un ataque contra Bushehr podría desencadenar una “catástrofe regional” con efectos que trascenderían con mucho las fronteras de Irán. 

Aunque el diseño VVER incorpora contención de hormigón y sistemas de seguridad más modernos que los antiguos reactores soviéticos sin contención, el riesgo de impacto militar no figura entre los supuestos estándar para los que fue concebido. Lo más grave es que la central se asienta en la costa del Golfo, frente a algunas de las rutas marítimas más transitadas del mundo y muy cerca de países densamente poblados como Kuwait, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí. 

Un incidente que comprometiera la integridad del reactor o de sus piscinas de combustible gastado tendría al menos tres efectos inmediatos: evacuaciones masivas en la costa iraní, interrupción del tráfico marítimo en el área y un shock reputacional sobre toda la industria nuclear civil en Oriente Medio. Aunque la probabilidad de un escenario extremo sigue siendo baja mientras las partes eviten apuntar directamente a la instalación, el margen de error se reduce a medida que se intensifica el intercambio de fuego.

Este hecho revela, además, una paradoja: el programa nuclear civil iraní, que Teherán presenta como símbolo de modernización energética y reducción de emisiones, puede convertirse en un multiplicador de riesgo en caso de conflicto. Y la comunidad internacional carece de un protocolo claro para gestionar un accidente nuclear generado por una operación militar deliberada.

En paralelo, cualquier señal de vulnerabilidad de Bushehr reaviva el debate sobre el papel de la energía nuclear en regiones inestables. Un accidente, incluso menor, podría complicar los planes de países del Golfo que estudian ampliar su parque nuclear civil y alimentar la oposición social a este tipo de proyectos, con efectos indirectos sobre la planificación de inversión a largo plazo.