La nueva fuerza operativa de Washington suministró el dossier crítico para una operación mexicana que marca un punto de inflexión en la guerra contra el narcoterrorismo según exclusiva de Reuters
La arquitectura de seguridad en la frontera sur de los Estados Unidos ha registrado su éxito más contundente en décadas. Según ha confirmado una investigación de la agencia Reuters, una nueva fuerza operativa liderada por el estamento militar estadounidense desempeñó un papel fundamental en la incursión del ejército mexicano que acabó este domingo con la vida de Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho». El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sobre cuya cabeza pesaba una recompensa de 15 millones de dólares, fue abatido en el estado de Jalisco tras años de eludir a la justicia. Este hecho revela un cambio de paradigma en la cooperación binacional: el paso de la asistencia policial tradicional a la aplicación de tácticas de inteligencia militar, heredadas de la lucha contra el Estado Islámico y Al Qaeda, para desmantelar redes criminales que Washington ya cataloga oficialmente como organizaciones narcoterroristas.
El fin del imperio de Nemesio Oseguera
Nemesio Oseguera no era un criminal común; a sus 60 años, el exoficial de policía se había consolidado como el arquitecto de una de las empresas criminales más expansivas y violentas del planeta. Bajo su mando, el CJNG transformó el tráfico de drogas en una operación logística de precisión, responsable de introducir en territorio estadounidense toneladas de cocaína y fentanilo valoradas en miles de millones de dólares. El diagnóstico de las agencias de inteligencia era unánime: Oseguera ocupaba el primer lugar en la lista de objetivos prioritarios debido a su capacidad para corromper estructuras estatales y su disposición para desafiar abiertamente al Gobierno mexicano mediante arsenales de grado militar.
La caída de «El Mencho» supone un golpe sísmico al corazón financiero del cártel. Sin embargo, la operación ha desencadenado una respuesta violenta inmediata. Según reportan fuentes sobre el terreno a Reuters, se han registrado bloqueos de autopistas y vehículos incendiados en más de media docena de estados mexicanos, lo que subraya la capacidad operativa residual de una organización que funciona más como un ejército irregular que como una banda de delincuentes. Este hecho revela que, aunque la cabeza ha sido eliminada, el cuerpo de la organización mantiene una inercia de confrontación que pondrá a prueba la estabilidad de la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum en los próximos meses.
JITF-CC: la maquinaria bélica tras la sombra
El factor determinante en esta operación ha sido la entrada en escena de la Fuerza Operativa Interagencial Conjunta Contra el Cártel (JITF-CC). Este grupo, de carácter militar y lanzado formalmente el mes pasado, tiene como misión específica el mapeo exhaustivo de las redes criminales a ambos lados de la frontera. Según un alto cargo de defensa citado por Reuters, la JITF-CC suministró a México un «paquete de objetivos detallado», un dossier de inteligencia que incluía la ubicación exacta y los patrones de movimiento de Oseguera. Este diagnóstico preciso permitió que las fuerzas especiales mexicanas ejecutaran una incursión de alta precisión sin la necesidad de intervención física de personal estadounidense en suelo extranjero.
Este hecho revela la sofisticación de la nueva estrategia de Washington. Al canalizar la experiencia del Pentágono en la caza de líderes terroristas en Oriente Medio hacia el combate de los cárteles, los Estados Unidos han elevado el nivel de eficacia de sus aliados locales. La consecuencia es clara: el intercambio de información ha dejado de ser un flujo de datos inconexos para convertirse en una sincronía operativa que no permite «voltaje perdido», como señalan fuentes de defensa. La JITF-CC actúa como el cerebro analítico que procesa información de múltiples agencias para entregar a México soluciones tácticas listas para su ejecución.
De insurgentes a narcoterroristas: el giro legal
La eficacia de esta operación no puede entenderse sin la decisión de la administración Trump de designar a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas el año pasado. Jack Riley, ex alto cargo de la DEA, explica que este cambio de estatus jurídico ha «desbloqueado» recursos militares de vigilancia, reconocimiento e inteligencia que antes estaban restringidos a escenarios de guerra exterior. El diagnóstico de Riley es contundente: las capacidades de vigilancia de los Estados Unidos son ahora «virtualmente ilimitadas», permitiendo un seguimiento en tiempo real de los objetivos más escurridizos del CJNG.
Este hecho revela una militarización de facto de la política exterior estadounidense hacia su vecino del sur. Lo más grave para la soberanía mexicana es que esta asistencia viene precedida de una intensa campaña de presión de Donald Trump sobre el gobierno de Sheinbaum. Washington ha amenazado en repetidas ocasiones con una intervención directa si México no intensificaba su lucha contra el tráfico de fentanilo. La entrega del dossier de «El Mencho» fue, por tanto, una oferta que la Ciudad de México no pudo rechazar, forzando una ejecución impecable por parte de su ejército para evitar una mayor injerencia de las tropas de los Estados Unidos en su territorio.
EP SHEINBAUM SEÑALANDO
El mapeo de un ejército invisible de 250.000 efectivos
El general de brigada Maurizio Calabrese, líder de la JITF-CC, ha aportado datos reveladores sobre la magnitud del desafío que enfrenta esta nueva fuerza operativa. Según Calabrese, el verdadero reto no es solo identificar a los pocos cientos de líderes en la cúpula, sino desarticular la vasta red de «contratistas independientes» que sostienen el negocio. Se estima que el CJNG y sus aliados cuentan con una fuerza de apoyo de entre 200.000 y 250.000 personas encargadas de la logística, el transporte y la seguridad periférica.
«Los cárteles operan de forma distinta a Al Qaeda o ISIS, tienen motivaciones diferentes, lo que hace aún más importante identificar redes enteras para poder interrumpirlas y desmantelarlas», explicó Calabrese a Reuters. Este hecho revela que el Pentágono está aplicando análisis de redes neuronales y big data para comprender cómo se mueve el dinero y la droga a través de esta masa de trabajadores externos. El diagnóstico es que, sin la eliminación sistemática de estos eslabones logísticos, la muerte de líderes como «El Mencho» solo provocará una reestructuración interna del cártel, sin detener el flujo de narcóticos hacia el mercado estadounidense.
El coste de la victoria: Jalisco bajo el fuego
La ejecución de Nemesio Oseguera ha dejado un rastro de destrucción en Guadalajara y otras ciudades clave de Jalisco. Los restos calcinados de camiones utilizados como barricadas son el testimonio mudo de una guerra que ha escalado en intensidad. Este hecho revela que la estrategia de decapitación de mandos genera un vacío de poder inmediato que las facciones locales intentan llenar mediante el terror. La consecuencia para la población civil mexicana es un incremento de la inseguridad en el corto plazo, mientras que para la administración Sheinbaum representa un desafío de orden público sin precedentes.
El diagnóstico de los analistas de riesgo es que el CJNG entrará ahora en una fase de fragmentación violenta. La ausencia de un líder indiscutible como Oseguera facilitará que grupos rivales, como el Cártel de Sinaloa, intenten arrebatarles el control de los laboratorios de fentanilo y las rutas hacia el norte. Este escenario de guerra civil entre cárteles es precisamente lo que Washington busca para debilitar la estructura del crimen organizado, aunque el coste humano y social en México resulte devastador. La lección del pasado es clara: cuando cae un rey, la lucha por la corona suele ser más sangrienta que el propio reinado.
¿Hacia una intervención directa de Washington?
La gran incertidumbre que planea sobre la región es hasta qué punto llegará la implicación del ejército estadounidense. Aunque la muerte de «El Mencho» es un éxito para México, la administración Trump ha intensificado el control operativo de la frontera y ha iniciado ataques regulares contra barcos sospechosos en aguas del Caribe y el Pacífico. Este hecho revela que los Estados Unidos ya no confían exclusivamente en sus socios locales para garantizar su seguridad nacional. El diagnóstico es que nos encontramos ante un modelo de soberanía compartida forzosa, donde la inteligencia militar de Washington dicta los objetivos y el ejército mexicano actúa como el brazo ejecutor.
Si el flujo de fentanilo no desciende tras la caída de Oseguera, la presión por una intervención militar directa en suelo mexicano podría volverse insoportable para la Casa Blanca. La consecuencia sería una crisis diplomática de dimensiones históricas que pondría en riesgo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). No obstante, por el momento, el éxito de la JITF-CC proporciona a Trump una validación política para su enfoque agresivo, demostrando que la designación de «terrorista» tiene efectos tangibles en la eliminación de enemigos estratégicos.
A pesar del optimismo en Washington, la demanda interna de fentanilo en los Estados Unidos permanece inalterada. Este hecho revela una debilidad estructural de la estrategia puramente militar: mientras el negocio sea rentable, nuevas figuras emergerán para ocupar el vacío dejado por «El Mencho». La consecuencia es que la guerra contra el narcoterrorismo es una lucha de desgaste que exige un compromiso financiero y militar de largo aliento.
La caída de Oseguera es un hito simbólico de gran magnitud, pero no representa el fin del CJNG. La inteligencia militar ha demostrado su capacidad para aniquilar objetivos individuales, pero la reconstrucción de las instituciones en las zonas controladas por el crimen sigue siendo la gran asignatura pendiente. La muerte de «El Mencho» es la prueba de que el «puño de hierro» de la administración Trump es capaz de alcanzar cualquier rincón de Jalisco, pero queda por ver si esta eficacia militar se traduce en una reducción real del daño social y económico que el narcotráfico inflige a ambos lados del Río Bravo.