Irán asegura haber destruido las defensas antimisiles de EEUU en Jordania
Teherán afirma que sus ataques alcanzaron radares THAAD, baterías Patriot y varias instalaciones militares, aunque Washington todavía no ha confirmado el alcance de los daños.
La Guardia Revolucionaria iraní asegura haber golpeado el corazón del dispositivo defensivo estadounidense en Jordania. Según su versión, los ataques lanzados contra una base utilizada por Estados Unidos destruyeron un radar asociado al sistema THAAD, una batería Patriot y un radar C-RAM, además de provocar incendios en depósitos de combustible e instalaciones de mantenimiento.
La información procede de fuentes iraníes y no ha sido verificada de forma independiente. Sin embargo, llega después de que misiles iraníes consiguieran penetrar parcialmente las defensas de la base aérea de Muwaffaq Salti el pasado 17 de julio, un ataque en el que murieron militares estadounidenses y que desencadenó nuevas represalias de Washington.
El objetivo más sensible
El elemento de mayor valor estratégico sería el radar vinculado al sistema THAAD —Terminal High Altitude Area Defense—, diseñado para detectar y neutralizar misiles balísticos durante su fase final de vuelo.
La Guardia Revolucionaria sostiene que la instalación fue alcanzada durante una sucesión de ataques «relámpago» contra posiciones estadounidenses. También afirma haber destruido un sistema Patriot y un radar C-RAM, empleado para localizar proyectiles, cohetes y drones de corto alcance.
La pérdida simultánea de estos tres elementos, en caso de confirmarse, abriría una brecha relevante en la arquitectura defensiva desplegada por Estados Unidos en Oriente Próximo.
Daños todavía sin confirmar
Teherán asegura que los proyectiles incendiaron depósitos de combustible, un almacén de equipos para helicópteros y un hangar de mantenimiento. No ha presentado, por el momento, una evaluación independiente que permita determinar si las instalaciones quedaron destruidas o únicamente dañadas.
Esta distinción resulta decisiva. En una guerra de desgaste, inutilizar temporalmente un radar puede limitar la capacidad operativa durante horas o días. Destruirlo por completo, sin embargo, obliga a trasladar nuevos equipos, personal técnico y sistemas de protección desde otras bases.
Una base bajo presión
Las instalaciones estadounidenses en Jordania han sido atacadas repetidamente durante las últimas semanas. El 17 de julio, una ofensiva iraní con misiles y drones contra la base de Al Azraq causó la muerte de dos militares estadounidenses, dejó a otro desaparecido y obligó a evacuar a varios heridos.
Fuentes estadounidenses reconocieron posteriormente que tres misiles lograron atravesar las defensas y cayeron dentro del recinto militar. Ese precedente refuerza las dudas sobre la capacidad de los sistemas Patriot y THAAD para responder a ataques coordinados y saturados.
El coste de cada impacto
Un radar AN/TPY-2, utilizado por el sistema THAAD, puede alcanzar un valor cercano a los 300 millones de dólares. Su función no se limita a proteger una única base: también comparte información con otras baterías y centros de mando desplegados en la región.
Ya existen antecedentes recientes. En marzo, imágenes comerciales por satélite permitieron confirmar la destrucción de otro radar estadounidense de este tipo en Jordania, una pérdida que posteriormente fue reconocida por un funcionario norteamericano.
La consecuencia es clara: cada radar perdido reduce la profundidad de la red defensiva y eleva el coste de proteger bases, aeródromos y rutas logísticas.
La guerra de saturación
Los sistemas estadounidenses están diseñados para interceptar amenazas complejas, pero disponen de un número limitado de proyectiles. Irán intenta explotar esa debilidad mediante ataques combinados con misiles balísticos, proyectiles de crucero y drones.
La estrategia persigue dos objetivos. El primero es obligar a Washington a consumir interceptores cuyo coste puede superar ampliamente el del arma atacante. El segundo es identificar los límites operativos de cada batería hasta conseguir que algunos proyectiles atraviesen el escudo.
Tres impactos dentro de una base protegida bastan para alterar por completo el cálculo militar, incluso cuando la mayoría de los misiles hayan sido interceptados.
Jordania entra en el conflicto
La Guardia Revolucionaria afirma que tiene el «derecho legal, religioso y lógico» de atacar las bases desde las que, según Teherán, despegan operaciones contra territorio iraní.
El mensaje también pretende separar al Gobierno jordano de la presencia estadounidense. Irán sostiene que no ataca a Jordania, sino a los espacios «ocupados» por el Ejército norteamericano. Esa argumentación no reduce el riesgo: cualquier impacto fuera del perímetro militar podría provocar víctimas civiles y arrastrar a Amán hacia una participación más directa.
El riesgo de una escalada mayor
Estados Unidos ha respondido a los ataques con sucesivas oleadas de bombardeos sobre instalaciones iraníes. Washington ha reconocido 12 noches consecutivas de operaciones, mientras refuerza su presencia militar con cazas, bombarderos, unidades especiales y equipos sanitarios.
El diagnóstico es inequívoco: el conflicto ha dejado de limitarse a intercambios puntuales. La destrucción de radares o baterías antimisiles convertiría las bases estadounidenses en objetivos más vulnerables y aumentaría la presión para lanzar ataques preventivos.
Mientras Washington no publique una evaluación oficial, las afirmaciones iraníes deben tratarse con cautela. Pero el precedente de los misiles que lograron superar las defensas demuestra que la amenaza ya no puede descartarse como simple propaganda.