Irán asegura que su poder militar está “más fuerte que nunca”
Teherán presume de misiles, drones y defensa aérea mientras el acuerdo regional sigue pendiente de un hilo.
Irán vuelve a elevar el tono militar en el momento más delicado de la negociación con Estados Unidos. El comandante Ali Abdullahi, al frente del cuartel central Khatam al-Anbiya, ha asegurado que las capacidades de combate, defensa, misiles, marina, drones y defensa aérea del país son hoy “más poderosas que nunca”. La frase no llega en el vacío. Llega tras 12 meses de conflicto regional, una guerra abierta con Israel y EEUU y un tablero diplomático que depende de horas, no de semanas. El mensaje es claro: Teherán negocia, pero no quiere parecer débil.
Una amenaza calculada
La declaración de Abdullahi no es solo retórica militar. Es una señal dirigida a tres públicos: Washington, Tel Aviv y el frente interno iraní. El general afirmó que las fuerzas armadas están preparadas para “apretar el gatillo” ante el “mínimo desliz” del enemigo, una fórmula que encaja con la doctrina iraní de disuasión: mostrar capacidad de castigo antes de que el adversario mida el coste de atacar.
Abdullahi fue designado jefe del cuartel Khatam al-Anbiya en septiembre de 2025, después de que sus dos predecesores murieran durante la guerra de 12 días con Israel. Ese dato explica el tono. No habla un mando administrativo, sino el responsable de coordinar la respuesta militar en una estructura que opera como sala de guerra del régimen.
El mensaje bajo Mojtaba Khamenei
El comunicado se produce bajo el liderazgo de Mojtaba Khamenei, nombrado tercer líder supremo de la República Islámica tras la muerte de Ali Khamenei en los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel. Este cambio no es menor. Mojtaba necesita consolidar autoridad en un país golpeado por la guerra, las sanciones y las tensiones internas.
Por eso la exhibición militar funciona también como mensaje doméstico: continuidad, control y venganza diferida. En sistemas cerrados, la fuerza no solo disuade hacia fuera; también ordena hacia dentro.
La herida de la guerra de 12 días
La guerra de junio de 2025 cambió la arquitectura de seguridad de la región. Durante 12 días, Israel e Irán libraron un conflicto de misiles y drones a unos 2.000 kilómetros de distancia, sin frontera común y con sistemas de defensa aérea sometidos a una presión inédita.
El resultado fue ambiguo. Israel golpeó mandos, instalaciones y capacidades estratégicas; Irán demostró que podía saturar defensas, activar proxies y mantener una amenaza prolongada. Abdullahi intenta convertir esa lectura en victoria política: de potencia regional acosada a actor global influyente. Sin embargo, lo más grave para sus adversarios es que Irán parece haber aprendido más rápido de sus vulnerabilidades que de sus pérdidas.
Hormuz, sanciones y energía
El contexto económico es igual de importante que el militar. Las negociaciones actuales incluyen la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento de bloqueos navales y la posible liberación de 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, según informaciones sobre el borrador del acuerdo.
La consecuencia es clara: cada amenaza iraní tiene una lectura energética. Por Ormuz circula una parte sustancial del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. Un cierre total sería extremo, pero incluso una interrupción parcial bastaría para tensionar precios, seguros marítimos y costes logísticos. Irán sabe que no necesita ganar una guerra para encarecer la economía global.
Diplomacia al borde del misil
La paradoja es que el discurso llega cuando Washington intenta cerrar un acuerdo de paz regional. Donald Trump ha pedido contención tras los últimos ataques israelíes en Beirut, mientras fuentes diplomáticas advierten de que cualquier represalia podría hacer descarrilar el pacto.
El diagnóstico es inequívoco: Irán está negociando desde la amenaza, no desde la normalización. Ese patrón ya se vio en 2015 con el acuerdo nuclear, pero ahora el tablero es más volátil. Hay guerra reciente, liderazgo nuevo, presión interna de los sectores duros y un frente libanés que puede incendiar la mesa. La diplomacia avanza, pero lo hace rodeada de misiles.
El riesgo de una victoria propagandística
Abdullahi afirma que los choques con EEUU e Israel han reforzado a Irán como potencia global. La afirmación es discutible, pero políticamente útil. Permite transformar daños militares, aislamiento financiero y presión social en relato de resistencia. El régimen necesita vender fortaleza incluso cuando negocia concesiones.
El contraste resulta evidente: cuanto más cerca parece el acuerdo, más agresivo es el lenguaje militar. No es improvisación. Es cobertura política. Si Teherán firma, podrá presentarlo como fruto de su fuerza. Si fracasa, podrá culpar al enemigo y justificar una nueva escalada. En ambos casos, el mensaje de Abdullahi prepara a la población para un país que seguirá viviendo entre la diplomacia y la guerra.