Irán se blinda con milicias iraquíes mientras Trump prepara sus opciones
Irán afronta la mayor ola de protestas de los últimos años recurriendo a un recurso tan contundente como revelador: miles de milicianos iraquíes han cruzado la frontera para ayudar a las fuerzas de seguridad a sofocar la revuelta. Al mismo tiempo, Estados Unidos desplaza activos militares hacia Oriente Medio, mantiene “todas las opciones sobre la mesa” y escucha presiones contradictorias: asesores que advierten de que un ataque masivo no derribaría al régimen, y aliados como Benjamín Netanyahu o las monarquías del Golfo que piden aplazar cualquier ofensiva por miedo a la represalia.
En paralelo, Israel golpea depósitos de armas de Hezbolá en el sur de Líbano, mientras Arabia Saudí, Qatar, Egipto y Omán abren discretos canales con Teherán para evitar un estallido regional. Analistas consultados por distintos medios coinciden en que el epicentro está claro: la batalla por la estabilidad de Irán se ha convertido en el corazón del nuevo tablero de Oriente Medio, con consecuencias potenciales sobre el petróleo, la seguridad y el equilibrio de poder global.
Milicias iraquíes para sofocar la revuelta
Según fuentes militares europeas e iraquíes citadas por CNN, cerca de 5.000 combatientes de milicias iraquíes han entrado en Irán desde el inicio de las protestas, hace algo más de dos semanas. Lo han hecho a través de los pasos de Shaib (provincia de Maysan) y Zurbatiya (Wasit), ambos en el sur, y forman parte de un mosaico de grupos leales a Teherán, como Kataib Hezbolá, Harakat Hezbolá al-Nuyaba, Kataib Sayyid al-Shuhada o la Organización Badr.
Estas formaciones operan bajo el paraguas de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF), la misma estructura que fue clave en la lucha contra Estado Islámico en Irak y que, según los analistas, se ha consolidado como brazo paramilitar externo de la República Islámica.
El informe menciona además la entrada de otros 800 combatientes chiíes procedentes de Diyala, Maysan y Basora, que habrían cruzado la frontera disfrazados de peregrinos religiosos. Expertos en seguridad regional interpretan esta maniobra como un intento de Teherán de reforzar su aparato represivo sin agotar a sus propias fuerzas y de enviar un mensaje interno: el régimen está dispuesto a movilizar todos sus recursos, incluso extranjeros, para mantenerse en pie.
Para diplomáticos europeos, la presencia de milicias no iraníes en la represión tiene un doble efecto: intimida a los manifestantes, pero también alimenta el resentimiento popular hacia un Estado que parece depender cada vez más de estructuras armadas transnacionales para asegurar el orden interno.
Protestas prolongadas y una represión bajo lupa
Las protestas, que se prolongan desde hace más de dos semanas, han encendido todas las alarmas en las cancillerías. Aunque las cifras de víctimas varían según la fuente, organizaciones de derechos humanos hablan de decenas de muertos y cientos de detenidos, especialmente en las principales ciudades y en zonas con fuerte presencia estudiantil y obrera.
En este contexto, la Casa Blanca ha revelado un dato estremecedor: la portavoz Karoline Leavitt aseguró que “las 800 ejecuciones que estaban previstas para ayer fueron suspendidas”, en una referencia directa a condenas capitales que, según Washington, formaban parte de la estrategia del régimen para intimidar a la población.
Para analistas de derechos humanos, la combinación de milicias extranjeras, condenas a muerte masivas y bloqueos de internet dibuja un patrón de represión sistemática similar al observado en episodios anteriores, pero con un grado de aislamiento interno incluso mayor. “Cuando un Estado necesita importar músculo represivo de fuera, no demuestra fuerza, sino miedo”, resume un investigador consultado por medios occidentales.
Estados Unidos mueve activos y mantiene “todas las opciones” abiertas
En paralelo a la represión interna, Estados Unidos ha comenzado a mover activos militares hacia Oriente Medio, según informó la corresponsal de la Casa Blanca de Fox News. Aunque el presidente Donald Trump ha declarado que no atacará Irán de momento, tras ser informado de que “las matanzas han cesado”, su propia portavoz ha recordado que “todas las opciones siguen sobre la mesa”.
El Wall Street Journal añade otra pieza clave: asesores militares habrían advertido al presidente de que un ataque a gran escala sobre Irán es “improbable” que provoque la caída del régimen. Para lograrlo, Estados Unidos necesitaría más poder militar desplegado tanto para derribar al sistema como para proteger a tropas y aliados, y aun así una campaña de bombardeos masiva no garantizaría el éxito, pero sí podría disparar un conflicto más amplio.
En opinión de analistas de defensa, esta advertencia coloca a Trump ante una paradoja estratégica: cuanto mayor es la presión pública para “hacer algo”, más evidente resulta que no existe un golpe rápido y limpio que cambie el régimen sin desencadenar una guerra regional. Por eso, explican, la Casa Blanca combina mensajes de contención (“no atacaremos ahora”) con movimientos de preparación (“activos listos por si se da la orden”).
Netanyahu y las monarquías del Golfo pisan el freno
La presión no llega solo desde dentro de la Administración estadounidense. Según el New York Times, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu habría pedido personalmente a Trump aplazar cualquier plan de ataque contra Irán, por miedo a una represalia directa contra Israel.
Fuentes citadas por el diario estadounidense apuntan a una intensa ronda de llamadas en la que también habrían intervenido Arabia Saudí, Qatar, Egipto y Omán, todos ellos instando a la Casa Blanca a evitar una acción militar y a apostar por una salida negociada. Diplomáticos de la región estarían en contacto con Teherán para explorar vías de diálogo y reducir el riesgo de una escalada fuera de control.
Analistas de Oriente Medio destacan que estos países comparten la preocupación por el peso de Irán, pero también saben que una guerra abierta podría convertirlos en objetivo de misiles, drones y ciberataques. “El mensaje de los aliados árabes es claro: contener a Irán sí, pero sin dinamitar la región”, señalan expertos consultados.
Hezbolá bajo fuego: el frente libanés como recordatorio
Mientras se decide el futuro inmediato de Irán, el frente libanés ha vuelto a arder. Las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) confirmaron el bombardeo de varios almacenes de armas de Hezbolá en el sur de Líbano, así como de una instalación subterránea en el interior del país, calificada de “infraestructura terrorista”.
El Ejército israelí aseguró haber tomado “numerosas medidas” para reducir las bajas civiles, pero dejó claro que seguirá actuando para eliminar cualquier amenaza contra el Estado de Israel. Para analistas militares, estas operaciones son un recordatorio de la profundidad de la red regional de Teherán, que incluye a Hezbolá en Líbano, a las milicias iraquíes y a otras formaciones presentes en Siria y Yemen.
La lectura en clave iraní es evidente: cualquier golpe directo sobre el país podría traducirse en una respuesta asimétrica a través de estos grupos. Esta capacidad de represalia, señalan los expertos, es uno de los factores que explican la cautela de aliados como Israel, pese a su histórica confrontación con Teherán.
Mercados energéticos y seguridad: la geopolítica se hace número
En los mercados energéticos, la escalada tiene traducción inmediata. Operadores de petróleo consultados por bancos de inversión apuntan a un aumento de la prima de riesgo sobre el crudo, especialmente en lo que respecta a los cargamentos que transitan por el estrecho de Ormuz, por donde circula en torno a un 20% del petróleo que se comercia a escala global según estimaciones sectoriales.
En escenarios como el actual, los analistas consideran plausible ver repuntes de entre un 5% y un 10% en pocas sesiones, acompañados de un incremento de la volatilidad intradía y de una mayor contratación de coberturas financieras por parte de aerolíneas, navieras y grandes consumidores industriales.
Más allá del precio del barril, las casas de análisis vigilan el coste de los seguros marítimos, el comportamiento de la prima de riesgo de los países de la región y la reacción de las compañías europeas expuestas a la zona. Para las economías importadoras de energía, un repunte sostenido añadiría presión en un momento en el que la inflación apenas empieza a moderarse.