Irán golpea Bahréin y abre la crisis más peligrosa de Trump

F-35
Teherán asegura haber dañado la capacidad operativa estadounidense en Sheikh Isa, mientras dos tercios de los norteamericanos consideran que la guerra no merece la pena.

Irán ha lanzado una nueva oleada de drones contra la base aérea de Sheikh Isa, en Bahréin, uno de los puntos de apoyo más sensibles del dispositivo militar estadounidense en el golfo Pérsico. Teherán sostiene que el ataque alcanzó generadores eléctricos, sistemas de navegación y edificios de apoyo administrativo, aunque Washington todavía no ha confirmado daños de esa magnitud.

El golpe trasciende el resultado material. Irán pretende demostrar que puede erosionar la capacidad de combate norteamericana sin enfrentarse directamente a toda su potencia naval. Para Donald Trump, el problema es doble: debe responder sin incendiar definitivamente la región y hacerlo mientras dos de cada tres estadounidenses rechazan ya la continuidad de la guerra.

Un ataque contra la retaguardia

El Ejército iraní encuadró la operación en la fase número 26 de su campaña militar y aseguró haber empleado drones de ataque unidireccional contra instalaciones estadounidenses dentro de Sheikh Isa. Según la versión difundida por los medios estatales iraníes, los objetivos incluían generadores, sistemas de navegación y edificios utilizados para sostener las operaciones norteamericanas.

No existe, por ahora, una evaluación independiente que permita confirmar el alcance de los daños. Esa cautela resulta esencial. Teherán necesita presentar cada incursión como una victoria táctica, mientras Estados Unidos tiene incentivos para minimizar cualquier interrupción operativa. La batalla por el relato forma parte de la propia batalla militar.

El verdadero valor de Sheikh Isa

Sheikh Isa no es formalmente la sede de la Quinta Flota, como se ha difundido en algunos mensajes. El cuartel general se encuentra en la Naval Support Activity de Bahréin, en Manama, desde donde Estados Unidos dirige sus operaciones navales en el golfo Pérsico, el mar Rojo y el mar Arábigo.

Sin embargo, la base aérea sí forma parte de la arquitectura que sostiene ese despliegue. Atacar sus depósitos, comunicaciones o capacidad logística busca reducir el ritmo de las misiones, obligar a dispersar aeronaves y elevar el coste de proteger cada instalación. Irán no necesita destruir la Quinta Flota para condicionar su funcionamiento; le basta con convertir sus bases de apoyo en objetivos recurrentes.

La respuesta que exige Teherán

La operación parece diseñada para colocar a Trump ante una elección incómoda. Una represalia limitada puede ser interpretada como debilidad. Una respuesta masiva, en cambio, podría desencadenar nuevos ataques contra Bahréin, Kuwait, Jordania, Irak o las rutas marítimas de Ormuz.

Estados Unidos ya había reanudado sus bombardeos sobre instalaciones de la Guardia Revolucionaria después de varios ataques contra posiciones norteamericanas. CENTCOM ha confirmado sucesivas operaciones contra centros de mando, defensas aéreas, lanzaderas de misiles y capacidades navales iraníes.

La consecuencia es clara: cada represalia amplía el número de objetivos y reduce el espacio disponible para la diplomacia.

Trump pierde la batalla interna

El frente más peligroso para la Casa Blanca puede estar dentro de Estados Unidos. Una encuesta de AP-NORC indica que aproximadamente dos tercios de los adultos consideran que la guerra con Irán no ha merecido la pena. Solo el 28% aprueba la gestión de Trump, frente al 34% registrado el mes anterior.

La erosión alcanza incluso al electorado republicano. Al mismo tiempo, el 72% de los estadounidenses concede una importancia elevada a contener el precio de la gasolina, un dato que conecta directamente la guerra con la economía doméstica.

Trump prometió evitar los conflictos interminables. Ahora corre el riesgo de quedar atrapado precisamente en uno de ellos.

El Congreso marca distancias

La fractura política ya se ha trasladado al Capitolio. El Senado rechazó por un estrecho resultado de 49 votos frente a 50 una resolución destinada a limitar los poderes presidenciales para continuar las hostilidades contra Irán. Varios republicanos se sumaron a los demócratas, aunque la iniciativa no logró prosperar.

El resultado permitió a Trump conservar el margen militar, pero reveló hasta qué punto se ha debilitado el consenso. Lo más grave para la Casa Blanca no es perder una votación concreta, sino afrontar unas elecciones legislativas con la guerra, el petróleo y la inflación dominando el debate.

La advertencia de Ray Dalio

Ray Dalio ha comparado el pulso por el estrecho de Ormuz con un posible «momento Suez» para Estados Unidos. Su tesis sostiene que una potencia comienza a perder la hegemonía cuando conserva una capacidad militar enorme, pero deja de imponer las reglas económicas, comerciales y estratégicas del sistema internacional.

El paralelismo remite a la crisis de 1956, cuando Reino Unido comprobó que ya no podía actuar como potencia imperial sin asumir costes financieros y diplomáticos insoportables. Si Washington no garantiza la navegación, protege sus bases y estabiliza el suministro energético, la percepción de declive puede extenderse entre aliados y adversarios.

La hegemonía bajo presión

Irán no necesita derrotar militarmente a Estados Unidos. Su objetivo puede ser más limitado y, precisamente por ello, más alcanzable: demostrar que Washington no consigue proteger simultáneamente sus bases, los corredores energéticos y la estabilidad política de sus socios árabes.

Trump debe ofrecer una respuesta creíble, pero cada nueva ofensiva eleva las bajas potenciales, el gasto militar y el rechazo social. Una superpotencia también pierde poder cuando sus adversarios logran imponerle el calendario, el terreno y el coste de la confrontación.

Sheikh Isa es, por tanto, algo más que una base atacada. Se ha convertido en una prueba sobre la resistencia del dispositivo estadounidense y sobre la autoridad de un presidente cuya guerra recibe ya más rechazo que respaldo.