Irán habría diseñado un nuevo plan para asesinar a Donald Trump

Trump

La información entregada por los servicios israelíes apunta a una amenaza distinta de las conspiraciones anteriores y eleva el riesgo de una escalada directa entre Washington y Teherán.

Israel ha trasladado a Estados Unidos nueva información de inteligencia sobre un supuesto plan iraní para asesinar al presidente Donald Trump, según fuentes conocedoras del aviso citadas por The Wall Street Journal. La amenaza sería reciente y diferente de las operaciones atribuidas anteriormente a Teherán.

La alerta llega en el momento más delicado del enfrentamiento. Estados Unidos ha reanudado sus ataques contra objetivos iraníes después de las agresiones a buques comerciales en el estrecho de Ormuz, mientras la Guardia Revolucionaria ha respondido con misiles y drones contra instalaciones vinculadas a Washington en varios países del Golfo.

Una amenaza todavía sin detalles públicos

La información conocida no precisa el grado de desarrollo del supuesto complot, quiénes serían sus responsables operativos ni si existe ya una infraestructura preparada dentro de Estados Unidos. Tampoco se ha aclarado qué pruebas concretas entregó Israel a las autoridades norteamericanas.

Sin embargo, las fuentes consultadas por el diario estadounidense hablan de un «nuevo plan», una expresión relevante porque sugeriría que no se trata de una simple actualización de amenazas anteriores. Ni la Casa Blanca ni el Gobierno iraní han ofrecido por ahora una explicación detallada sobre el aviso.

El precedente obliga a tomar la advertencia en serio, aunque su contenido no haya sido verificado públicamente. En marzo de 2026, un tribunal estadounidense declaró culpable a un ciudadano paquistaní acusado de participar en una operación de asesinato por encargo relacionada con la Guardia Revolucionaria. El Departamento de Justicia sostuvo que el objetivo era matar a Trump u otro alto cargo estadounidense.

La sombra de Qasem Soleimani

El origen político de las amenazas se remonta al 3 de enero de 2020, cuando Estados Unidos mató en Bagdad al general Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds y una de las figuras más poderosas del sistema iraní.

Trump autorizó aquella operación durante su primer mandato. Desde entonces, responsables iraníes han prometido represalias contra quienes participaron en la decisión. La eliminación de Soleimani no fue únicamente una pérdida militar: golpeó la arquitectura regional diseñada por Teherán para coordinar milicias y aliados desde Irak hasta Líbano.

Para la cúpula iraní, la venganza funciona al mismo tiempo como herramienta de disuasión, obligación ideológica y mensaje de supervivencia interna.

El conflicto abandona las líneas rojas

La advertencia israelí aparece tras una nueva oleada de ataques estadounidenses contra instalaciones militares y portuarias iraníes. Washington justificó la operación por las agresiones sufridas por barcos mercantes en el estrecho de Ormuz, una vía por la que circula cerca de una quinta parte del petróleo consumido mundialmente.

Irán respondió atacando posiciones relacionadas con Estados Unidos en Kuwait, Baréin y Qatar. Algunos informes también han situado a Jordania entre los países afectados por operaciones iraníes recientes. Las defensas aéreas regionales fueron activadas y varias autoridades pidieron a la población que permaneciera refugiada.

La consecuencia es clara: el choque ya no se limita a acciones indirectas, sabotajes o fuerzas aliadas. Estados Unidos e Irán intercambian golpes abiertos, aumentando el riesgo de que un error de cálculo arrastre a otras potencias.

Israel endurece la presión

Israel tiene un interés estratégico evidente en que Washington mantenga la presión militar sobre Teherán. El Gobierno de Benjamin Netanyahu considera que cualquier tregua que permita a Irán reconstruir sus capacidades balísticas, nucleares o logísticas constituye una amenaza aplazada, no resuelta.

La inteligencia sobre Trump puede reforzar esa posición dentro de la Administración estadounidense. Si Washington concluye que el régimen iraní está promoviendo activamente el asesinato de su presidente, el margen político para retomar negociaciones quedaría seriamente reducido.

No obstante, también existe un problema de credibilidad. Las conclusiones israelíes deberán ser contrastadas por las agencias norteamericanas, especialmente ante una decisión capaz de justificar nuevas operaciones militares.

Un impacto más allá de la seguridad

Un atentado contra Trump —o incluso un intento frustrado con pruebas atribuibles directamente a Teherán— tendría consecuencias difíciles de contener. Podría activar ataques contra dirigentes iraníes, infraestructuras estratégicas o instalaciones de la Guardia Revolucionaria.

El efecto económico sería inmediato. Las últimas hostilidades ya provocaron repuntes del petróleo superiores al 5% en algunas sesiones, mientras navieras, aseguradoras y operadores energéticos revisaban su exposición al Golfo.

Una interrupción prolongada de Ormuz elevaría el coste del crudo, el transporte marítimo y los seguros. Europa sufriría nuevas presiones inflacionistas y Estados Unidos afrontaría un encarecimiento de los combustibles en plena movilización militar.

La incógnita decisiva

El punto central no es únicamente si Irán ha considerado matar a Trump, sino hasta dónde habría avanzado el supuesto plan. Existe una diferencia sustancial entre una amenaza discutida en círculos políticos, una orden formal y una operación con financiación, intermediarios y objetivos identificados.

La Administración estadounidense deberá determinar también si el aviso responde a una capacidad real o forma parte de la batalla estratégica entre Israel e Irán. El diagnóstico dependerá de pruebas que, previsiblemente, permanecerán clasificadas.

La información llega, en cualquier caso, cuando las señales de contención se debilitan. Una amenaza directa contra el presidente estadounidense transformaría la guerra regional en un conflicto de supervivencia política, con consecuencias imprevisibles para Oriente Próximo y la economía mundial.