Irán hace explotar dos petroleros y dispara el crudo sobre 90 dólares

Buque petrolero

La Guardia Revolucionaria asegura que los buques atravesaron una ruta «insegura» del estrecho de Ormuz y amenaza con impedir el paso de petróleo y gas mientras continúen los ataques estadounidenses.

Dos petroleros han quedado inutilizados tras sufrir explosiones al sur del estrecho de Ormuz, según la versión difundida este lunes por la Guardia Revolucionaria de Irán. Teherán acusa al Ejército estadounidense de haber forzado a las embarcaciones a navegar por un corredor declarado peligroso, una afirmación que Washington cuestiona. El incidente ha elevado el precio del Brent por encima de los 90 dólares por barril y vuelve a colocar al principal cuello de botella energético del planeta en el centro de la guerra. La amenaza iraní es explícita: mientras continúen los ataques, no habrá garantías para «una sola gota de petróleo o gas».

Dos explosiones bajo versiones enfrentadas

La Guardia Revolucionaria sostiene que los dos buques intentaron entrar y salir por una ruta «insegura y accidentada» al sur de Ormuz. Según el comunicado iraní, ambos petroleros habrían actuado bajo «instigación y coerción» de las fuerzas estadounidenses.

Otras informaciones difundidas durante las últimas horas apuntan a que las embarcaciones pudieron impactar contra minas. La identidad, bandera, carga y daños exactos de los buques no han sido confirmados de forma independiente, un vacío relevante en un escenario donde la propaganda forma parte de la confrontación. Estados Unidos ha rechazado la interpretación iraní de los hechos.

El petróleo vuelve a superar los 90 dólares

La reacción del mercado ha sido inmediata. El Brent avanzó alrededor de un 2,4%, hasta situarse en torno a los 90,25 dólares, su nivel más alto desde junio. En el conjunto del mes acumula una subida cercana al 23%, reflejo de una prima de riesgo que ya no responde únicamente a la posibilidad de una escalada, sino a daños concretos sobre la navegación comercial.

Lo más grave es que cualquier interrupción prolongada podría trasladarse rápidamente a los combustibles, el transporte marítimo, los fertilizantes y la inflación. Europa, más dependiente de las importaciones energéticas, afrontaría una presión adicional sobre los costes industriales.

El gran cuello de botella energético

Por el estrecho de Ormuz circula aproximadamente una quinta parte de la demanda mundial de petróleo. Su importancia no reside solo en el volumen transportado, sino en la ausencia de alternativas suficientes para desviar de inmediato toda esa producción.

Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos hacia otros puertos, pero su capacidad resulta limitada frente al tráfico habitual del estrecho. La consecuencia es clara: una amenaza creíble de cierre puede alterar los precios incluso antes de que se produzca una interrupción total.

Una ruta controlada por Teherán

Irán ha establecido corredores que presenta como seguros y exige coordinación previa con sus fuerzas navales. En jornadas anteriores, la Guardia Revolucionaria afirmó que 26 barcos comerciales y petroleros habían atravesado la zona mediante estas vías autorizadas.

Este hecho revela una transformación de facto del tránsito marítimo. Teherán no necesita clausurar físicamente todo el paso para ejercer presión: basta con elevar el riesgo, encarecer los seguros y obligar a las navieras a aceptar rutas supervisadas por las autoridades iraníes.

La escalada militar multiplica el riesgo

El incidente coincide con la novena jornada consecutiva de ataques estadounidenses contra instalaciones iraníes. Washington asegura que sus operaciones buscan reducir la capacidad de Irán para amenazar a los buques comerciales, mientras Teherán responde con ataques contra posiciones estadounidenses y países aliados en el Golfo.

El diagnóstico es inequívoco: cada ofensiva aumenta la probabilidad de un error de cálculo. Una mina, un dron mal identificado o un ataque sobre un petrolero de un tercer país podría ampliar el conflicto y forzar una respuesta internacional.

El efecto dominó que ya comienza

Las primeras consecuencias llegarán a través de las pólizas marítimas. Si las aseguradoras clasifican Ormuz como zona de guerra extrema, las primas podrían multiplicarse y algunas navieras suspenderían temporalmente sus operaciones.

Después aparecería el impacto industrial. Un petróleo persistentemente por encima de 90 dólares presionaría los precios del diésel, la aviación y la petroquímica. También complicaría las decisiones de los bancos centrales: reducir los tipos para sostener la actividad resultaría más difícil si el conflicto reactiva la inflación.

Irán ha convertido así la seguridad energética en instrumento militar. La incógnita ya no es únicamente si puede cerrar Ormuz, sino cuánto tiempo puede mantener al mercado convencido de que está dispuesto a hacerlo.