Irán y Omán pactan una ruta para reabrir el estrecho de Ormuz

Teherán y Mascate acuerdan las coordenadas de un corredor para buques comerciales, aunque Irán advierte de que el pacto no garantiza por sí solo la seguridad marítima.

Ormuz
Ormuz

Irán y Omán han alcanzado un entendimiento sobre las coordenadas geográficas de una ruta comercial en el estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta. El acuerdo, negociado durante los últimos dos meses, pretende ordenar el tránsito de buques y reducir el riesgo de nuevos incidentes en una zona decisiva para los mercados energéticos.

Sin embargo, Teherán rebaja las expectativas. El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmail Baghaei, sostiene que el pacto bilateral no basta para declarar segura la navegación mientras continúen el bloqueo naval estadounidense y las acciones que Irán considera hostiles. La ruta está definida. Su viabilidad política, todavía no.

Dos meses de negociación discreta

Las conversaciones entre Teherán y Mascate se han desarrollado durante aproximadamente dos meses, con participación de equipos políticos, técnicos y jurídicos. El objetivo declarado ha sido establecer un corredor reconocible para el tráfico mercante y acordar mecanismos básicos de gestión entre los dos Estados ribereños.

Baghaei aseguró este miércoles que ambas delegaciones ya han consensuado los parámetros geográficos fundamentales. La declaración conjunta que recogerá los compromisos se encuentra en la fase final de revisión y redacción, aunque Irán ha condicionado su publicación a que ninguna «tercera parte» interfiera en el proceso.

Un paso clave para la energía mundial

El estrecho de Ormuz es una arteria esencial para las exportaciones de petróleo y gas procedentes del golfo Pérsico. Cerca del 20% de los envíos mundiales de hidrocarburos por vía marítima atraviesa habitualmente este corredor, de apenas unas decenas de kilómetros de anchura en sus puntos más estrechos.

La consecuencia es clara: cualquier interrupción prolongada puede elevar el precio del crudo, encarecer los seguros marítimos y alterar las cadenas de suministro entre Asia, Europa y Oriente Próximo. El acuerdo entre Irán y Omán ofrece una primera señal de distensión, pero todavía no equivale a una normalización del tráfico.

Una ruta no garantiza la seguridad

Teherán ha insistido en separar la delimitación técnica del corredor de la seguridad efectiva del estrecho.

«El entendimiento entre Irán y Omán no puede significar por sí mismo que el estrecho sea seguro para los buques», advirtió Baghaei.

Según la posición iraní, las causas de la inseguridad siguen presentes: el despliegue naval estadounidense, las restricciones sobre puertos iraníes y la amenaza de nuevas operaciones militares. El diagnóstico de Teherán es inequívoco: puede haber una ruta acordada sin que exista todavía un entorno estable para utilizarla.

Omán vuelve a ejercer de mediador

Omán mantiene desde hace décadas una política exterior basada en el equilibrio entre Irán, Estados Unidos y las monarquías árabes del Golfo. Esa posición le ha permitido actuar como canal discreto en negociaciones nucleares, intercambios de prisioneros y crisis regionales.

En esta ocasión, Mascate no aparece únicamente como intermediario. También es uno de los dos países con costa sobre el estrecho y, por tanto, un actor directamente implicado en la administración de las rutas marítimas. El esquema planteado contempla que los barcos utilicen espacios bajo control iraní y omaní, distribuyendo responsabilidades operativas y de vigilancia.

El factor estadounidense

Lo más grave para la estabilidad del acuerdo es la ausencia de un entendimiento político amplio con Washington. Irán afirma que las conversaciones sobre Ormuz son estrictamente bilaterales y niega que Estados Unidos participe formalmente. La Administración estadounidense, por su parte, sostiene que existen avances para restablecer la navegación.

La discrepancia no es menor. Washington rechaza que un solo país controle el tránsito o imponga tarifas, mientras Teherán reclama garantías frente a nuevas agresiones y alivio de las sanciones. Sin un marco aceptado por ambos, el corredor puede convertirse en una solución temporal expuesta a cualquier escalada militar.

Mercados pendientes del comunicado

La declaración conjunta será el primer indicador de la profundidad real del pacto. Deberá aclarar quién supervisará el corredor, qué buques podrán utilizarlo, cómo se responderá ante incidentes y qué costes asumirán las navieras.

El efecto económico dependerá de esos detalles. Una reapertura estable podría reducir las primas de riesgo y normalizar gradualmente el tráfico. En cambio, un acuerdo limitado, sin garantías militares ni coordinación internacional, apenas ofrecería una pausa. Ormuz seguirá siendo un termómetro de la tensión entre Irán y Estados Unidos, incluso aunque Teherán y Mascate logren ordenar sobre el mapa una nueva vía de navegación.

Comentarios