El ministro Araghchi acusa a Trump de supeditar el interés nacional a la agenda de Netanyahu mientras el canadiense Mark Carney respalda la intervención
La madrugada de este sábado ha certificado el estallido de un conflicto total en Oriente Medio con el inicio de una campaña de bombardeos masivos ejecutada de forma coordinada por la aviación de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní. En una respuesta inmediata que eleva la tensión a niveles de preguerra mundial, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, ha advertido de que su país está preparado para impartir una «lección» histórica a los agresores, calificando la incursión de ilegítima y totalmente provocada. Este choque de trenes bélico, que cuenta con el respaldo explícito de aliados estratégicos como el primer ministro canadiense, Mark Carney, sitúa a la economía global ante su mayor desafío geopolítico desde la crisis del petróleo de 1973, con el Estrecho de Ormuz bajo la sombra de un bloqueo inminente.
El fin de la tregua en el Golfo
La ofensiva conjunta, que según fuentes del Pentágono ha golpeado simultáneamente más de 30 emplazamientos estratégicos —incluyendo cuarteles de la Guardia Revolucionaria y centros de producción misilística—, representa la culminación de una escalada que Washington y Tel Aviv han cocinado a fuego lento durante meses. Este hecho revela que la Administración Trump ha decidido abandonar definitivamente la vía diplomática para imponer un cambio de régimen por la vía de los hechos consumados. La consecuencia es clara: el mundo ha entrado en una fase de excepcionalidad militar donde los fundamentales macroeconómicos quedan supeditados al estruendo de los cazas de quinta generación.
El diagnóstico de los analistas de inteligencia es inequívoco: se trata de una operación diseñada para descabezar la infraestructura militar de Irán antes de que Teherán pueda ejecutar cualquier avance irreversible en su programa nuclear. Sin embargo, la virulencia del ataque ha provocado una reacción defensiva en cadena que ya desborda las fronteras persas. La clausura total de los espacios aéreos en la región es solo el primer síntoma de un colapso logístico que afectará a las cadenas de suministro mundiales en las próximas 48 horas, situando a la seguridad internacional en un escenario de vulnerabilidad sistémica.
Iran strikes Israel, Qatar, UAE EPA_ATEF SADAFI
Araghchi y la retórica del castigo
Desde Teherán, la respuesta oficial no ha buscado la desescalada, sino la ratificación de una capacidad de combate que el ministro Abbas Araghchi asegura que estaba «preparada para este día». En un mensaje difundido a través de redes sociales, el jefe de la diplomacia iraní ha calificado el ataque como una agresión «completamente ilegal e ilegítima», prometiendo que los responsables recibirán el escarmiento que merecen. Este hecho revela que el régimen de los ayatolás ha activado sus protocolos de guerra total, lo que anticipa una respuesta asimétrica que podría incluir desde ciberataques masivos hasta el uso de sus milicias proxy en todo el Creciente Fértil.
Lo más grave, sin embargo, ha sido el ataque dialéctico directo contra la figura de Donald Trump. Araghchi ha rescatado antiguas críticas del propio mandatario estadounidense hacia sus predecesores por intervenciones exteriores para acusarle de incoherencia extrema. El ministro iraní sostiene que el actual inquilino de la Casa Blanca ha traicionado su promesa de «América Primero» para adoptar una doctrina de «Israel Primero», lo que en su opinión se traduce inevitablemente en un escenario de «América en último lugar». Este diagnóstico busca explotar las fisuras políticas internas en Estados Unidos en un momento en que el país se prepara para un conflicto que, según el propio Trump, podría cobrarse bajas estadounidenses.
@realdonaldtrump
La paradoja del «America First» bajo asedio
El giro de Donald Trump hacia una intervención militar de esta magnitud representa una paradoja política que Wall Street observa con una mezcla de admiración y pánico. Al embarcarse en una guerra abierta, el presidente está asumiendo un riesgo financiero que contradice su discurso de austeridad militar y proteccionismo doméstico. Este hecho revela que la influencia de los halcones del Pentágono y la presión de Tel Aviv han prevalecido sobre la prudencia económica. La consecuencia inmediata es una inyección de incertidumbre en el mercado de bonos, donde la deuda estadounidense podría empezar a exigir una prima de riesgo bélico adicional.
«Trump ha transformado el aislacionismo retórico en una intervención de máxima potencia, lo que obliga a redefinir el papel del dólar como activo de refugio en un mundo donde Washington es el principal motor de la inestabilidad», señalan fuentes del sector financiero. La acusación de Araghchi sobre la supeditación de los intereses de EE. UU. a los de Israel toca una fibra sensible en el debate de política exterior americana, sugiriendo que el coste de la guerra —estimado en miles de millones de dólares diarios— podría drenar los recursos destinados a la reindustrialización prometida por la actual Administración.
El respaldo de Ottawa: el factor Carney
En un contraste absoluto con la indignación de Teherán, la comunidad internacional ha empezado a alinearse en bloques claramente definidos. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, ha sido uno de los primeros líderes del G7 en ofrecer un respaldo incondicional a la operación conjunta. Para Ottawa, la República Islámica es la «fuente principal de inestabilidad y terror» en la región, y la intervención militar es percibida como una medida de higiene estratégica necesaria para preservar la paz global a largo plazo.
Este hecho revela la consolidación de un eje anglosajón y pro-israelí que busca presentar el conflicto no como una agresión unilateral, sino como una misión de seguridad colectiva. La consecuencia política del apoyo de Carney es el aislamiento diplomático de las voces europeas que aún abogaban por la contención. El diagnóstico es nítido: Occidente ha decidido cerrar filas en torno al «puño de hierro» de Washington, aceptando los riesgos de una guerra regional a cambio de la neutralización definitiva de la amenaza iraní. No obstante, Carney ha tenido que instar a los ciudadanos canadienses en Irán a refugiarse, admitiendo que el riesgo para la población civil es hoy incalculable.
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El yugular energético ante el abismo
Para un diario económico como Negocios.com, el dato más crítico de esta jornada es el comportamiento del mercado de materias primas. Aunque la parálisis de los parqués por el fin de semana impide una cotización en tiempo real en todas las plazas, el mercado de futuros ya refleja un escenario de shock petrolero. La inminencia de una represalia iraní sobre la infraestructura petrolera de la región y el riesgo real de un bloqueo en el Estrecho de Ormuz sitúan al barril de Brent en una trayectoria que podría superar los 120 dólares en la apertura del lunes.
La consecuencia de este encarecimiento súbito de la energía sería una asfixia inmediata para la recuperación industrial de Europa. España, con una dependencia energética exterior superior al 70%, se encuentra en una posición de extrema debilidad ante este escenario. El diagnóstico es que la inflación, que apenas empezaba a dar un respiro a los bancos centrales, podría experimentar un rebote violento que obligaría a la Fed y al BCE a paralizar cualquier bajada de tipos, profundizando el riesgo de estanflación global durante todo el ejercicio de 2026.
La escena final de esta «guerra abierta» será una redefinición de las fronteras del poder en Oriente Medio. Si el régimen de los ayatolás logra sobrevivir al primer embate y mantener su capacidad de respuesta, el prestigio militar de la Administración Trump quedará seriamente dañado. Si, por el contrario, la aniquilación prometida por el presidente se materializa, asistiremos a un vacío de poder que podría ser incluso más peligroso que el orden anterior. El tiempo para la prudencia se ha agotado y el mundo espera ahora la «lección» que Teherán ha prometido impartir, en lo que ya es la noche más oscura para la paz mundial en el siglo XXI.