Israel asegura haber abatido a los últimos jefes de Hezbolá
La guerra en Oriente Medio ha dado un salto cualitativo. El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Effie Defrin, ha confirmado este lunes que los bombardeos nocturnos sobre Líbano han acabado con la vida de “varios comandantes de alto rango de Hezbolá”, a los que ha descrito como “entre los últimos altos responsables [del grupo] que seguían con vida”. Sin ofrecer todavía nombres ni cifras, el mensaje es inequívoco: Israel busca decapitar definitivamente la cúpula militar de la milicia chií respaldada por Irán, en plena escalada tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní y la muerte del líder supremo Ali Jamenei. En paralelo, Hezbolá ha mantenido sus lanzamientos de misiles desde el sur de Líbano, alimentando el temor a un conflicto abierto a gran escala a lo largo de toda la frontera. Lo más grave, para Europa y España, es que la ofensiva llega justo cuando el cierre de facto del estrecho de Ormuz ha provocado un salto de hasta el 10-13% en el precio del Brent y caídas superiores al 2% en las principales bolsas europeas.
Según la versión ofrecida por Defrin, los ataques se concentraron en instalaciones y centros de mando de Hezbolá en el sur de Líbano y en la Bekaa, zonas donde el grupo mantiene su infraestructura militar y logística. Israel sostiene que los abatidos formaban parte del núcleo dirigente encargado de coordinar las operaciones contra territorio israelí, en un momento en que la milicia libanesa había intensificado el lanzamiento de misiles y drones.
Aunque el Ejército hebreo no ha facilitado identidades, fuentes militares israelíes recuerdan que en los últimos meses ya se habían producido golpes selectivos contra mandos clave de las fuerzas Radwan, la unidad de élite de Hezbolá, en ataques sobre Beirut y Baalbek. La operación de la última noche se presenta como un nuevo escalón: no se trataría solo de jefes de brigada o responsables regionales, sino de “los últimos vértices funcionales” de la estructura militar del grupo.
Este hecho revela la estrategia de fondo: una campaña de desgaste prolongado que intenta vaciar de mando y control a Hezbolá sin desencadenar, al menos por ahora, una invasión terrestre masiva en Líbano. Sin embargo, la consecuencia es clara: cada golpe contra la cúpula aumenta la presión interna sobre la milicia, eleva el riesgo de una respuesta desproporcionada y hace más difícil cualquier salida negociada.
Quién es Effie Defrin, la nueva voz de Israel
La confirmación del ataque ha llegado de la mano de Effie Defrin, general de brigada y portavoz internacional de las FDI, figura relativamente nueva para la opinión pública, pero con un largo historial en el frente norte. Defrin combatió y resultó herido en la Segunda Guerra del Líbano en 2006, ha mandado unidades acorazadas y dirigió la división de cooperación internacional del Ejército antes de asumir el cargo de portavoz en 2025.
Su perfil no es casual: se trata de un oficial con experiencia directa contra Hezbolá y dominio de los canales diplomáticos. En sus declaraciones ha insistido en que “Hezbolá abrió fuego; eligió iniciar una campaña” y ha advertido de que los bombardeos sobre el sur de Líbano continuarán a lo largo del día. El mensaje busca trasladar a la comunidad internacional la idea de una guerra “reactiva”: Israel no estaría escalando por iniciativa propia, sino respondiendo a la cadena de misiles lanzados desde territorio libanés tras los ataques sobre Irán.
El contraste con portavoces anteriores es evidente. Defrin está reforzando una narrativa de guerra larga, tecnológica y selectiva, donde la legitimidad se juega tanto en el campo de batalla como en los mercados energéticos y en las capitales occidentales.
Ataques encadenados y respuesta de Hezbolá
El último episodio se enmarca en una secuencia de ataques cruzados que ha ido in crescendo desde el fin de semana. Hezbolá disparó decenas de misiles desde Líbano hacia el norte de Israel en respuesta a los bombardeos sobre Irán; algunos proyectiles fueron interceptados y otros cayeron en áreas despobladas, según las FDI.
Israel replicó con una oleada de bombardeos sobre posiciones del grupo en el sur de Líbano y en la periferia de Beirut, donde se ubican oficinas políticas, depósitos de armas y centros de mando. Las autoridades libanesas hablan ya de al menos una treintena de muertos y más de una veintena de heridos en las últimas horas, cifra que podría aumentar a medida que avanza el rescate entre los escombros.
Lo más grave es que el patrón se repite: cada operación selectiva de Israel provoca una salva de cohetes de Hezbolá y, a su vez, nuevas respuestas israelíes. En episodios previos, la milicia ha llegado a lanzar hasta 60 cohetes en una sola andanada tras un ataque israelí en el valle de la Bekaa. El diagnóstico es inequívoco: el margen para la contención se estrecha, y la frontera entre “operaciones limitadas” y guerra abierta se difumina rápidamente.
El tablero regional tras el ataque a Irán
La eliminación de altos mandos de Hezbolá no puede entenderse sin el contexto regional. La ofensiva nocturna llega apenas horas después de los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre objetivos estratégicos en Irán y de la confirmación, todavía rodeada de incógnitas, de la muerte del líder supremo Ali Jamenei en una operación atribuida a Israel.
Teherán ha prometido represalias, mientras sus aliados en la región —Hezbolá en Líbano, milicias chiíes en Irak y Siria, y grupos armados en Yemen— intensifican sus acciones para mostrar que el llamado “Eje de la Resistencia” sigue operativo. La consecuencia es una multiplicación de frentes simultáneos, con capacidad de afectar a rutas energéticas críticas y a la estabilidad de países ya frágiles como Líbano.
Para Israel, la decapitación de la cúpula de Hezbolá persigue dos objetivos: reducir la capacidad del grupo para lanzar una ofensiva masiva sobre el norte israelí y enviar un mensaje a Teherán sobre el coste de cualquier escalada. Sin embargo, el contraste con otras campañas resulta demoledor: incluso tras la muerte de líderes como Hassan Nasrallah o jefes militares clave, Hezbolá ha demostrado una notable resiliencia y capacidad para regenerar mandos.
Petróleo al alza y mercados en vilo
El impacto económico de la escalada es inmediato. La mera combinación de ataques sobre Irán, cierre de facto del estrecho de Ormuz y bombardeos sobre Líbano ha disparado el precio del petróleo y del gas. Aproximadamente un 20% del comercio mundial de crudo y gas licuado transita por ese estrecho, ahora semiparalizado, con más de un centenar de buques esperando instrucciones.
En cuestión de horas, el Brent ha llegado a subir casi un 13%, rozando los 82 dólares por barril, su nivel más alto en más de un año, antes de estabilizarse en torno a los 79-80 dólares. El gas TTF europeo, referencia para la UE, ha saltado más de un 20%, reavivando el fantasma de una nueva crisis energética en pleno proceso de desinflación.
Las bolsas europeas han reaccionado con caídas superiores al 2% en los grandes índices, mientras que las compañías petroleras y de defensa se revalorizan. Aerolíneas y turismo vuelven a situarse entre los sectores más castigados por el incremento de costes de combustible y la reprogramación de rutas que eviten la zona de conflicto. Este hecho revela hasta qué punto una decisión militar en la frontera entre Israel y Líbano puede traducirse, en cuestión de días, en un alza del precio de los carburantes en cualquier gasolinera europea.
Impacto para Europa y España
Para la Unión Europea, y especialmente para economías altamente importadoras como la española, la nueva sacudida llega en un momento delicado. España mantiene una dependencia energética exterior cercana al 68-70%, según los últimos balances oficiales y diagnósticos de consultoras internacionales, lo que significa que más de dos tercios de la energía que consumimos sigue llegando del exterior.
En 2023, esa dependencia se tradujo en un déficit energético de casi 40.000 millones de euros, equivalente a alrededor del 2,5% del PIB, según cálculos de organismos sectoriales. Un repunte sostenido del petróleo por encima de los 80-90 dólares, combinado con un gas más caro, puede borrar en pocos meses los avances logrados en inflación y obligar a las empresas a revisar a la baja sus previsiones de beneficios.
El contraste con otras regiones es evidente. Mientras Estados Unidos ha reducido notablemente su vulnerabilidad gracias al ‘shale’ y a un mayor autoabastecimiento, Europa sigue expuesta a cada sobresalto geopolítico en Oriente Medio. La ofensiva contra Hezbolá no solo se mide en términos de seguridad; también se calcula en céntimos por litro en el surtidor, en costes de producción para la industria y en la factura eléctrica de hogares y pymes.