Israel y Hamás avanzan hacia el desarme total de Gaza
Las negociaciones en Egipto perfilan una hoja de ruta para eliminar los túneles, entregar las armas y transferir el poder a un Gobierno tecnocrático palestino.
Las negociaciones indirectas entre Israel y Hamás han registrado avances en Egipto después de semanas de bloqueo por el futuro político y militar de la Franja de Gaza. La propuesta que estudian las partes plantea una transformación completa del enclave: desarme de la organización islamista, destrucción de su infraestructura militar y transferencia de la administración a un Gobierno tecnocrático palestino.
El optimismo procede, sin embargo, de una fuente diplomática anónima citada por medios israelíes. No existe todavía un acuerdo definitivo ni un calendario público. El auténtico examen llegará cuando ambas partes deban convertir los principios generales en medidas verificables sobre el terreno.
Una hoja de ruta para Gaza
El marco negociado busca establecer un proceso gradual para retirar las armas de Hamás y desmantelar su capacidad operativa. La fórmula incluye la eliminación de túneles, depósitos de armamento y centros de fabricación de armas, según la información difundida este jueves.
La fuente diplomática define el documento como una vía «equilibrada y pragmática». Su objetivo sería evitar tanto una rendición inmediata difícil de aceptar para Hamás como un acuerdo ambiguo que permitiera a la organización reconstruir su estructura militar.
La propuesta resume su arquitectura política y de seguridad en una máxima: «una autoridad, una ley y un arma». El principio pretende impedir que un futuro Ejecutivo palestino conviva con milicias independientes capaces de imponer decisiones al margen de las instituciones.
El desarme sigue siendo el gran obstáculo
El avance diplomático no elimina la principal discrepancia. Israel exige que Hamás entregue completamente sus armas antes de considerar consolidado el nuevo modelo de gobierno. La organización palestina ha vinculado históricamente cualquier desarme a la retirada israelí, el cumplimiento del alto el fuego y la obtención de garantías políticas.
Las conversaciones celebradas durante junio ya quedaron bloqueadas por esta cuestión. Hamás sostenía que Israel debía ejecutar primero los compromisos asumidos en la fase inicial, mientras los mediadores intentaban diseñar un mecanismo simultáneo y verificable.
La secuencia importa tanto como el contenido. Entregar las armas antes de una retirada israelí puede ser interpretado por Hamás como una capitulación. Retirar las tropas sin garantías de desmilitarización resulta inaceptable para Israel.
Un Gobierno de tecnócratas palestinos
La hoja de ruta contempla que Hamás ceda su autoridad administrativa a un comité palestino de carácter técnico. Este organismo estaría compuesto por profesionales sin una vinculación política directa con las facciones armadas y asumiría competencias básicas como sanidad, educación, reconstrucción y gestión de fronteras.
El proyecto de Gobierno tecnocrático comenzó a tomar forma durante la segunda fase del plan para Gaza. Las propuestas difundidas hasta ahora han incluido un comité de entre 13 y 15 miembros, sometido a supervisión internacional y encargado de preparar una administración estable.
Hamás ya anunció en julio la disolución de su comité de emergencia. Sin embargo, diplomáticos israelíes y estadounidenses han advertido de que una renuncia formal no implica necesariamente una pérdida efectiva de influencia.
Los túneles, el verdadero poder militar
La eliminación de los túneles representa uno de los capítulos más complejos. Durante años, la red subterránea ha permitido a Hamás mover combatientes, almacenar armamento y proteger centros de mando frente a la vigilancia aérea israelí.
El nuevo marco no se limitaría a clausurar algunos accesos. La propuesta aspira a identificar y destruir toda la infraestructura subterránea con utilidad militar, además de los almacenes y las instalaciones de producción de armas.
La dificultad será determinar quién supervisa el proceso. Israel reclama capacidad de inspección y garantías internacionales. Los mediadores estudian la participación de una fuerza de estabilización y de unidades palestinas previamente seleccionadas. Sin un sistema independiente de verificación, cualquier declaración de desarme quedaría expuesta a acusaciones cruzadas.
Egipto recupera el control diplomático
Egipto vuelve a desempeñar una función decisiva por su frontera con Gaza, su interlocución con las organizaciones palestinas y su relación estratégica con Israel. La llegada de una delegación de Hamás a El Cairo el 28 de julio de 2026 permitió reactivar unas conversaciones que habían avanzado con extrema lentitud.
Qatar y Turquía también mantienen canales con la dirección de Hamás, mientras Estados Unidos impulsa el diseño político de la etapa posterior a la guerra. La multiplicidad de actores aporta capacidad de presión, pero también introduce intereses distintos.
El diagnóstico es inequívoco: ningún mediador puede imponer por sí solo el acuerdo. Egipto puede facilitarlo, pero su aplicación dependerá de compromisos simultáneos de Israel, Hamás y los patrocinadores internacionales.
El acuerdo aún puede descarrilar
La expresión «hacer progresos» debe interpretarse con cautela. Las partes trabajan sobre una arquitectura general, pero todavía quedan por resolver el calendario del desarme, la retirada israelí, la composición del nuevo Gobierno y el sistema de seguridad posterior.
Además, cualquier incidente militar puede interrumpir las conversaciones. Israel y Hamás se han acusado repetidamente de vulnerar los compromisos alcanzados, mientras la violencia continúa deteriorando la confianza entre los negociadores.
La consecuencia es clara: el éxito no dependerá de una ceremonia diplomática, sino de la capacidad para comprobar cada etapa. La destrucción efectiva de los túneles, la entrega documentada de las armas y la entrada real del Ejecutivo tecnocrático serán las pruebas que determinen si Gaza inicia una nueva etapa o vuelve al bloqueo.