Italia entra en la pugna por el gas argelino tras el shock iraní
La guerra con Irán ha reabierto la batalla energética en el Mediterráneo y empuja a Roma a blindar suministros desde Argelia en pleno repunte del gas y con Europa otra vez expuesta al riesgo geopolítico.
Cinco cargamentos de GNL catarí han sufrido disrupciones en el mercado italiano por la crisis vinculada a Irán, mientras el encarecimiento del gas en Europa ha devuelto al primer plano una evidencia incómoda: la seguridad energética del continente sigue dependiendo de rutas vulnerables y de decisiones políticas tomadas fuera de Bruselas. En ese contexto, Italia ha acelerado sus contactos con Argelia para reforzar compras y consolidar una relación que ya venía creciendo desde la crisis del gas ruso. El movimiento no es aislado. España también estudia elevar el flujo por Medgaz, lo que confirma que el Magreb vuelve a convertirse en pieza central del tablero energético europeo.
El nuevo cuello de botella
La guerra en torno a Irán ha impactado de lleno en el suministro global de petróleo y gas, con especial tensión en las rutas asociadas al Golfo y al estrecho de Ormuz. Bloomberg explica que el conflicto ha sacudido los mercados energéticos por la amenaza directa a los flujos de hidrocarburos desde la región, mientras el Financial Times detalla que varios países europeos han abierto contactos diplomáticos para tratar de garantizar la navegación segura. El gas no ha desaparecido, pero sí se ha encarecido de forma abrupta por la prima de riesgo.
Lo más grave es que Europa vuelve a reaccionar tarde. Después de tres años de discurso sobre diversificación, el continente sigue dependiendo del GNL para cubrir picos de demanda y sustituir carencias estructurales. Cuando una ruta estratégica se tambalea, la respuesta inmediata es la misma: salir al mercado spot, aceptar precios más altos y buscar proveedores alternativos. Ese reflejo defensivo, repetido una y otra vez, convierte cada crisis internacional en una factura mayor para industrias, eléctricas y hogares. Euronews ya advertía de que el precio del gas en Europa se había disparado con fuerza ante el temor a una reducción del GNL disponible.
Argelia vuelve al centro del tablero
En ese escenario, Argelia ha recuperado una centralidad que parecía atenuada. El país norteafricano dispone de una combinación decisiva para el sur de Europa: proximidad geográfica, infraestructura gasista ya operativa y capacidad política para actuar como proveedor estratégico. Un análisis del Real Instituto Elcano recuerda que en 2024 Argelia fue un suministrador relevante de GNL para Europa y que Italia figuró entre sus destinos principales, junto a Turquía, Francia y España. Además, la propia estrategia argelina se ha visto condicionada por las disrupciones en otras rutas marítimas, lo que refuerza el atractivo del mercado europeo.
Este hecho revela una paradoja. Europa quiere menos dependencia fósil, pero cada sobresalto geopolítico refuerza a los grandes exportadores de gas del vecindario. Argel no solo vende moléculas; vende también estabilidad relativa en comparación con un Golfo en llamas. Y eso, en un mercado nervioso, vale oro. La ventaja competitiva argelina no es solo el precio, sino el riesgo percibido. Cuanto más incierta es la situación en Oriente Medio, más valioso resulta un proveedor a pocas horas del Mediterráneo europeo.
Italia acelera movimientos
Italia llevaba tiempo preparando este giro. Tras el colapso del gas ruso, Roma convirtió la relación con Argelia en uno de los pilares de su estrategia energética y diplomática. La cooperación bilateral se ha intensificado en los últimos años con reuniones de alto nivel y acuerdos en energía y seguridad, hasta el punto de que varios análisis la presentan como una “asociación estratégica modelo”.
Ahora ese vínculo entra en una nueva fase. Medios argelinos y africanos señalan que responsables italianos han admitido abiertamente que el país buscará más suministro en Argelia, además de en otros mercados como Estados Unidos o Australia, aunque con una advertencia inequívoca: los precios adicionales serán más altos. La mención no es menor. Significa que Roma no está comprando abundancia, sino cobertura frente a una posible emergencia de suministro. Y cuando un país compra seguridad, paga una prima.
Competencia directa con España y Francia
Italia no está sola. Bloomberg publicó el 17 de marzo de 2026 que España sopesa elevar sus compras de gas argelino por gasoducto para reforzar suministros ante el endurecimiento del mercado por la guerra. Ese dato cambia el marco: ya no se trata solo de una estrategia nacional italiana, sino de una carrera europea por asegurarse volumen argelino antes de que el margen disponible se estreche.
El contraste con otras crisis energéticas resulta demoledor. Cuando faltó gas ruso, Bruselas pidió coordinación; cuando escasea el GNL del Golfo, cada capital vuelve a defender su propia posición. Francia también ha movido ficha en el frente diplomático por la seguridad marítima, según el Financial Times, lo que subraya que el Mediterráneo occidental se convierte otra vez en el refugio natural de las economías del sur.
La consecuencia es previsible: Argelia gana capacidad negociadora y los compradores europeos pierden margen. Si varios países compiten por el mismo proveedor en un mercado tensionado, el equilibrio se desplaza hacia Sonatrach, que puede renegociar condiciones, precios y compromisos de largo plazo con mayor ventaja.
El precio de la dependencia
El diagnóstico es inequívoco: Europa diversificó proveedores, pero no logró eliminar su fragilidad. Cambió una dependencia excesiva de Rusia por una cesta más amplia, aunque igualmente expuesta a conflictos, rutas marítimas vulnerables y subidas súbitas de precio. Al Jazeera cifró en más del 25% el repunte del petróleo desde el inicio de la guerra, mientras Euronews alertó de un fuerte encarecimiento del gas por el miedo a una reducción de oferta para Europa.
Ese encarecimiento no tarda en trasladarse. Primero golpea a las comercializadoras y a la industria intensiva en energía; después presiona la inflación y erosiona el consumo. Italia conoce bien ese patrón. También España. Ambos países dependen de que los mercados internacionales no entren en pánico prolongado. Y ese es precisamente el riesgo actual: no tanto un corte total, sino una etapa de precios persistentemente altos que encarezca la competitividad industrial europea en un momento ya débil del ciclo económico.
Argelia gana influencia política
Cada metro cúbico adicional que Europa busca en Argelia tiene una lectura geopolítica. El país no solo emerge como proveedor fiable, sino como interlocutor con una capacidad de influencia creciente sobre seguridad, migración y relaciones mediterráneas. Documentos recientes sobre la cooperación entre Roma y Argel subrayan precisamente esa combinación de energía, estabilidad regional y agenda política compartida.
Esto reordena prioridades. Hace apenas unos años, la gran conversación europea giraba en torno a renovables, hidrógeno y descarbonización. Hoy, sin embargo, el lenguaje vuelve a ser el de siempre: contratos, bcm, barcos, gasoductos y contingencias. Argelia se beneficia de esa vuelta al realismo energético. Y Europa acepta, otra vez, que la transición no elimina el poder de los hidrocarburos cuando la seguridad de suministro entra en juego.
Qué puede pasar ahora
Hay tres escenarios plausibles. El primero, y más benigno, es una desescalada rápida en Oriente Medio que rebaje la prima de riesgo y permita recomponer los flujos de GNL. El segundo, más probable hoy, es una tensión prolongada con mercado caro pero abastecido. El tercero, el más dañino, implicaría nuevas alteraciones en rutas marítimas o instalaciones energéticas, lo que dispararía aún más el coste para Europa. Bloomberg y el Financial Times coinciden en que la clave sigue siendo la seguridad del paso energético por la región.
Para Italia, la decisión de moverse ya hacia Argelia responde a una lógica defensiva. Comprar antes, aunque sea más caro, puede resultar menos costoso que esperar a un mercado aún más estrecho. Para España y Francia, el dilema es parecido. Para Argel, en cambio, el momento es favorable: más demanda europea, mayor urgencia y más poder de negociación.