Choque diplomático

Kallas desafía a Trump: el Board of Peace viola mandato de la ONU

EPA/RONALD WITTEK

La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, lanzó este viernes una crítica directa al denominado “Board of Peace”, organismo impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump, al afirmar que su estructura y funcionamiento “no reflejan” la resolución de Naciones Unidas que supuestamente le dio origen. Desde la Conferencia de Seguridad de Múnich, Kallas advirtió que el diseño actual del organismo se aparta del mandato aprobado por la comunidad internacional y que su carta fundacional ni siquiera menciona explícitamente Gaza, el escenario central del alto el fuego que debía supervisar.

Un mandato alterado en su ejecución

Según explicó Kallas, la resolución de la ONU contemplaba la creación de un mecanismo temporal y estrictamente delimitado para supervisar el cumplimiento del alto el fuego entre Israel y Hamás. Ese mandato incluía funciones concretas, un marco geográfico específico y un alcance claramente definido para evitar interpretaciones expansivas. Sin embargo, la jefa de la diplomacia europea señaló que el Board of Peace, tal como ha sido configurado, no reproduce con precisión ese encargo original y presenta omisiones relevantes que generan dudas jurídicas.

La ausencia de referencias explícitas a Gaza en su carta constitutiva, destacó, no es un detalle menor. En el ámbito del derecho internacional, el texto fundacional de un órgano determina sus competencias y límites. Si esos límites no están claramente definidos, el riesgo de extralimitación aumenta y con ello la posibilidad de controversias entre los estados miembros. Para Bruselas, la legitimidad de cualquier mecanismo internacional depende precisamente de su fidelidad al mandato que lo respalda.

Kallas señaló que el Board of Peace no reproduce con precisión el encargo original y presenta omisiones relevantes que generan dudas jurídicas

Legalidad y credibilidad internacional

Kallas subrayó que el respeto a las resoluciones de la ONU no es un formalismo burocrático, sino el fundamento de la credibilidad del sistema multilateral. Si los estados reinterpretan o modifican en la práctica lo que fue acordado colectivamente, se debilita la confianza en las instituciones globales. En un contexto de polarización geopolítica y rivalidades estratégicas crecientes, cualquier erosión del marco normativo común puede tener efectos duraderos.

La diplomática insistió en que la Unión Europea no cuestiona la necesidad de mecanismos eficaces para supervisar ceses al fuego o facilitar procesos de paz, pero considera imprescindible que dichos mecanismos operen dentro del marco jurídico acordado. De lo contrario, advirtió, se corre el riesgo de crear precedentes que podrían ser utilizados en futuras crisis para justificar actuaciones unilaterales o reinterpretaciones flexibles del derecho internacional.

Durante su intervención, Kallas abordó también el debate impulsado por Washington sobre la reforma de Naciones Unidas. Reconoció que la arquitectura institucional diseñada tras la Segunda Guerra Mundial enfrenta desafíos evidentes en un mundo multipolar y tecnológicamente transformado. Sin embargo, dejó claro que cualquier reforma debe preservar principios esenciales como la igualdad soberana de los estados y la primacía del derecho internacional.

“Nadie está por encima de la ley”, afirmó, en un mensaje que resonó como advertencia hacia las grandes potencias. Según explicó, la fortaleza del sistema multilateral radica en que incluso los países más poderosos aceptan someterse a reglas comunes. Si esa premisa se debilita, el orden basado en normas puede derivar en un sistema dominado por la correlación de fuerzas y no por el consenso jurídico.

Kallas subrayó que el respeto a las resoluciones de la ONU no es un formalismo burocrático, sino el fundamento de la credibilidad del sistema multilateral

Diferencias estratégicas con Washington

Las declaraciones de Kallas reflejan una diferencia de enfoque entre la Unión Europea y Estados Unidos sobre cómo gestionar mecanismos internacionales en contextos de conflicto. Mientras Washington parece apostar por estructuras más flexibles y con mayor margen de maniobra política, Bruselas insiste en el apego estricto a resoluciones formales y procedimientos establecidos.

Este desacuerdo no implica necesariamente una ruptura transatlántica, pero sí pone de relieve una tensión conceptual sobre la gobernanza global. Para la UE, el respeto escrupuloso a los textos aprobados colectivamente es una garantía de estabilidad. Para otros actores, la adaptabilidad puede ser vista como una herramienta de eficacia política. La fricción surge precisamente en ese punto de equilibrio.

Las declaraciones de Kallas reflejan una diferencia de enfoque entre la Unión Europea y Estados Unidos
sobre cómo gestionar mecanismos internacionales en contextos de conflicto

El cuestionamiento europeo podría tener efectos prácticos en la legitimidad del Board of Peace y en su capacidad de operar con respaldo internacional amplio. Si algunos estados consideran que el órgano no se ajusta al mandato original, podrían limitar su cooperación o plantear objeciones formales en foros multilaterales. Esto podría ralentizar decisiones operativas o generar debates adicionales en Naciones Unidas.

Además, el episodio reabre la discusión sobre quién define las condiciones de supervisión en un alto el fuego y bajo qué parámetros. En conflictos altamente sensibles, la percepción de imparcialidad y legalidad es tan importante como la eficacia operativa.

Defensa del orden multilateral

En su mensaje final, Kallas reiteró que la rendición de cuentas debe aplicarse de manera uniforme y que el orden internacional basado en reglas no puede funcionar si se aplica selectivamente. Subrayó que la UE seguirá defendiendo un sistema en el que las normas sean claras, públicas y vinculantes para todos, independientemente de su peso político o militar.

La posición europea busca preservar un equilibrio delicado: mantener la cooperación con Estados Unidos como aliado estratégico, pero sin renunciar a principios jurídicos considerados fundamentales. En ese marco, la crítica al Board of Peace no es solo una objeción técnica, sino una declaración política sobre cómo debe funcionar el sistema internacional.

A corto plazo, el debate podría trasladarse a instancias diplomáticas y jurídicas para clarificar el alcance real del órgano y su encaje en la resolución original. A medio plazo, el episodio puede intensificar la discusión más amplia sobre la reforma del sistema multilateral y el papel de las grandes potencias dentro de él.

La cuestión de fondo es clara: si el orden internacional debe adaptarse mediante consensos formales o mediante reinterpretaciones prácticas lideradas por actores con mayor influencia. Para la Unión Europea, la respuesta pasa por reforzar —no flexibilizar— el marco legal común.