Kim Jong-un intensifica la carrera de submarinos nucleares en Asia

Kim Jong-un intensifica la carrera de submarinos nucleares en Asia
Pyongyang exhibe un sumergible de 8.700 toneladas y Seúl responde con un programa propio mientras Filipinas reactiva la energía nuclear en plena disputa con China.

Corea del Norte ha mostrado el casco casi terminado de un submarino de propulsión nuclear de 8.700 toneladas, concebido para transportar misiles y permanecer oculto durante largos periodos. Corea del Sur ha respondido con un proyecto nacional que aspira a botar su primera unidad a mediados de la próxima década.
La diferencia tecnológica entre ambas partes sigue siendo considerable, pero la dirección estratégica resulta inequívoca.
La península coreana está trasladando su disuasión nuclear desde tierra firme hacia las profundidades del mar.
Mientras tanto, Filipinas vuelve a plantearse la energía atómica para reducir su vulnerabilidad económica en un Mar de China Meridional cada vez más militarizado.

Un gigante todavía sin verificar

Kim Jong-un convirtió en 2021 el submarino nuclear en una de las prioridades de su programa de modernización militar. Cuatro años después, los medios estatales norcoreanos difundieron imágenes de una embarcación de 8.700 toneladas cuyo casco parecía prácticamente completado.

Pyongyang lo define como un «submarino estratégico de misiles guiados» y sostiene que podrá transportar armas nucleares. Sin embargo, las fotografías fueron distribuidas por el propio régimen y no existe una verificación independiente sobre el funcionamiento del reactor, los sistemas de propulsión o la capacidad real del buque.

Lo más grave no es que el submarino esté listo para combatir mañana. Es que obligará a Estados Unidos, Japón y Corea del Sur a dedicar más recursos a localizar una plataforma diseñada para desaparecer durante semanas.

Seúl abandona sus cautelas

Corea del Sur presentó el 26 de mayo de 2026 su primer plan formal para desarrollar submarinos nucleares de ataque. El programa Jang Bogo-N prevé construir las embarcaciones dentro del país, botar la primera a mediados de la década de 2030 y alcanzar capacidad operativa antes de terminarla.

Estas unidades no serían necesariamente portadoras de armas atómicas. Propulsión nuclear y armamento nuclear no son conceptos equivalentes. El reactor permitiría navegar más rápido, permanecer sumergido durante meses y seguir a los submarinos norcoreanos desde su salida del puerto.

Seúl pretende crear una «cadena de destrucción submarina» capaz de localizar y neutralizar los misiles de Pyongyang antes de su lanzamiento. La consecuencia es clara: cada avance defensivo será presentado por el adversario como una nueva amenaza ofensiva.

El combustible más delicado

El plan surcoreano contempla utilizar uranio de bajo enriquecimiento producido nacionalmente. En términos técnicos, esa categoría se sitúa por debajo del 20% de uranio-235, muy lejos del nivel superior al 90% normalmente asociado a las armas nucleares.

Sin embargo, la infraestructura utilizada para enriquecer combustible puede alimentar sospechas regionales. Japón y China observarán cualquier ampliación de capacidades atómicas, mientras Seúl deberá negociar con Washington y establecer salvaguardias con el Organismo Internacional de Energía Atómica.

El diagnóstico es inequívoco: Corea del Sur posee astilleros avanzados y una potente industria nuclear civil, pero necesita convertir esas fortalezas en una cadena militar sometida a controles internacionales extraordinariamente estrictos.

Rusia aparece entre bastidores

La velocidad del programa norcoreano ha alimentado las sospechas sobre una posible asistencia rusa. Pyongyang ha enviado tropas y material a Moscú, mientras la cooperación militar entre ambos países ha ganado profundidad desde la guerra de Ucrania.

No existen pruebas públicas concluyentes de que Rusia haya entregado un reactor naval. Algunos analistas consideran más probable una combinación de diseño norcoreano, transferencia parcial de conocimientos y apoyo en componentes específicos.

Este hecho revela un cambio peligroso. Las sanciones pueden limitar el acceso de Corea del Norte a materiales, pero resultan menos eficaces cuando una potencia nuclear decide intercambiar tecnología por munición, personal militar o respaldo geopolítico.

El efecto dominó asiático

La nueva carrera no afecta únicamente a las dos Coreas. China amplía su flota submarina, Japón refuerza sus capacidades antisubmarinas y Australia avanza hacia buques nucleares mediante el acuerdo AUKUS.

Cada actor justifica sus decisiones como respuesta al movimiento anterior. Pero los submarinos operan en silencio, pueden perder comunicaciones y reducen el tiempo disponible para interpretar una maniobra. Cuanto más invisible es el arma, mayor puede ser el riesgo de error.

La ventaja táctica de permanecer oculto se convierte así en una vulnerabilidad política. Una crisis marítima podría escalar antes de que los gobiernos comprendieran si están ante un ataque, una patrulla o una simple avería.

Filipinas reactiva el debate nuclear

La tensión militar coincide con otro debate atómico en Filipinas. Ferdinand Marcos Jr. planteó el 27 de julio de 2026 que había llegado el momento de reconsiderar la generación nuclear ante unos precios eléctricos situados entre los más elevados de la región.

Manila ya dispone de una hoja de ruta nuclear para 2024-2050, aunque el OIEA ha advertido de que todavía debe completar estudios sobre la red eléctrica, la legislación y la participación industrial.

La energía nuclear podría aportar suministro estable a un país formado por más de 7.000 islas. Sin embargo, exige regulación independiente, financiación a largo plazo y una gestión de residuos que no puede improvisarse.

Marcos ha reafirmado también el laudo arbitral de 2016, que Manila utiliza para rechazar las reivindicaciones marítimas expansivas de Pekín. El presidente filipino presenta aquella resolución como una defensa del derecho frente a la coerción.

La conexión entre ambas crisis es más profunda de lo que parece. Corea busca supervivencia militar bajo el agua; Filipinas, seguridad energética y capacidad de resistencia frente a presiones externas.

Asia no está entrando en una sola carrera nuclear, sino en varias al mismo tiempo. Unas persiguen electricidad barata. Otras, submarinos invisibles. Todas redefinirán quién controla los mares, las alianzas y la economía regional durante las próximas décadas.