Lavrov asegura que la paz supondría el fin político de Zelenski
El ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, lanzó este miércoles una de sus acusaciones más duras contra el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, al afirmar que el mandatario ucraniano no desea la paz porque cualquier acuerdo que ponga fin a la guerra supondría “el final de su carrera política”. Las declaraciones se producen en un momento de estancamiento militar y creciente fatiga internacional tras casi tres años de conflicto armado.
En una entrevista concedida a la cadena rusa RT, Lavrov fue tajante al describir las motivaciones del líder ucraniano. “Zelenski no necesita la paz. Cualquier paz, incluso la más mínima, significaría el fin de su carrera política”, afirmó el jefe de la diplomacia rusa, sugiriendo incluso que las consecuencias podrían ir más allá del ámbito estrictamente político.
Según Lavrov, el presidente ucraniano estaría actuando guiado exclusivamente por su propia supervivencia personal y política. “No creo que le importe nada más que su propia supervivencia”, añadió, en un tono que refleja el endurecimiento del discurso ruso contra Kiev a medida que se prolonga la guerra.
Acusaciones personales y descrédito político
El ministro ruso fue más allá y acusó a Zelenski de carecer de escrúpulos morales. En sus palabras, el líder ucraniano “no tiene conciencia”, una afirmación que busca erosionar su imagen internacional y presentarlo como un obstáculo deliberado para cualquier solución negociada.
Desde Moscú, este relato se ha consolidado en los últimos meses: Ucrania, respaldada por Occidente, estaría prolongando el conflicto por razones políticas internas, mientras Rusia se presenta como una parte dispuesta a negociar bajo unas condiciones claras y, según el Kremlin, inamovibles.
por Occidente, estaría prolongando el conflicto por razones políticas internas
La postura rusa no cambia
Lavrov insistió en que Rusia no ha modificado su posición sobre cómo debe resolverse el conflicto, a diferencia —según él— de otros actores implicados. Moscú mantiene que cualquier acuerdo de paz debe incluir el reconocimiento internacional de los territorios ucranianos ocupados como parte de la Federación Rusa, una exigencia que Kiev considera inaceptable.
Actualmente, Rusia controla de facto cerca del 18% del territorio ucraniano, incluyendo amplias zonas de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, además de Crimea, anexionada en 2014. Para el Kremlin, estas regiones ya forman parte de Rusia tras referéndums no reconocidos por la comunidad internacional.
Diplomacia frente a guerra prolongada
A pesar de la dureza de las declaraciones, Lavrov reiteró que Moscú prefiere una solución diplomática al conflicto. “Queremos poner fin a los combates por medios políticos y diplomáticos”, afirmó, aunque subrayó que ello solo será posible si se aceptan las “realidades sobre el terreno”.
Este mensaje contrasta con la percepción de muchos gobiernos occidentales, que consideran que Rusia utiliza la diplomacia como herramienta retórica mientras mantiene una estrategia militar de desgaste. Desde el inicio de la invasión en febrero de 2022, el conflicto ha causado cientos de miles de bajas entre muertos y heridos, según estimaciones occidentales.
Desde Kiev, el entorno de Zelenski ha defendido reiteradamente que cualquier acuerdo que implique cesiones territoriales sería políticamente suicida y supondría una traición al sacrificio realizado por la población ucraniana. El propio presidente ha condicionado cualquier negociación a la retirada completa de las tropas rusas.
Analistas políticos coinciden en que el liderazgo de Zelenski está estrechamente ligado a la resistencia frente a Rusia. Un alto el fuego sin una victoria clara podría debilitar seriamente su posición interna, especialmente en un país devastado por la guerra y dependiente de la ayuda militar y financiera occidental.
El factor occidental
Las declaraciones de Lavrov también apuntan indirectamente a Estados Unidos y la Unión Europea, principales apoyos de Ucrania. Desde Moscú se acusa a Occidente de impedir cualquier negociación real, alentando a Kiev a continuar la guerra con envíos constantes de armamento.
Solo en 2024, la ayuda militar occidental a Ucrania superó los 90.000 millones de dólares, según datos del Instituto Kiel. Este respaldo ha permitido a Kiev sostener el frente, pero también ha incrementado la dependencia política y estratégica del país respecto a sus aliados.
Un conflicto enquistado
El choque de narrativas refleja un conflicto cada vez más enquistado. Rusia insiste en que el tiempo juega a su favor, mientras Ucrania confía en que el apoyo internacional y la presión económica sobre Moscú acaben forzando un cambio de postura en el Kremlin.
Mientras tanto, las conversaciones de paz siguen bloqueadas y no existe un canal de negociación formal activo. La guerra se ha convertido en un factor estructural del equilibrio geopolítico europeo, con consecuencias directas sobre la seguridad, la energía y la economía del continente.
Las palabras de Lavrov refuerzan la idea de que no habrá avances significativos a corto plazo. Con Zelenski firme en su rechazo a cualquier cesión territorial y Rusia inamovible en sus exigencias, el escenario más probable sigue siendo el de una guerra prolongada de baja o media intensidad.
En este contexto, el futuro político de Zelenski, al que alude Lavrov, queda íntimamente ligado al desenlace del conflicto. La paz, lejos de ser un punto de llegada consensuado, se ha convertido en otro campo de batalla político y estratégico.