Merz desafía a Trump: Europa rechaza aranceles y proteccionismo
El canciller alemán, Friedrich Merz, lanzó este viernes un mensaje directo a Estados Unidos desde la Conferencia de Seguridad de Múnich: la Unión Europea no cree “en aranceles ni en proteccionismo, sino en el libre comercio”. En un discurso con claras referencias a la agenda económica y cultural de Donald Trump, Merz defendió el modelo europeo frente al giro proteccionista estadounidense y pidió reconstruir la confianza transatlántica.
Sus palabras reflejan una creciente tensión estratégica entre Bruselas y Washington, especialmente en materia comercial, defensa y valores democráticos.
Libre comercio frente al nuevo proteccionismo
Merz dejó claro que la Unión Europea apuesta por mercados abiertos, reglas multilaterales y cooperación económica global como pilares de su prosperidad. En su intervención subrayó que la competitividad europea depende del acceso sin barreras a los grandes mercados internacionales y advirtió que el recurso a aranceles, subsidios selectivos o restricciones comerciales puede generar efectos en cadena que terminen perjudicando tanto a exportadores como a consumidores a ambos lados del Atlántico. Alemania, como principal economía exportadora de Europa, tiene un interés estructural en preservar un sistema comercial predecible, basado en normas y no en decisiones unilaterales motivadas por presiones políticas internas.
El trasfondo del mensaje es evidente: en los últimos años, Estados Unidos ha recurrido a instrumentos comerciales más agresivos, justificándolos por razones de seguridad nacional o protección industrial estratégica. Desde la perspectiva europea, ese enfoque corre el riesgo de erosionar la arquitectura del comercio internacional construida tras la Segunda Guerra Mundial, precisamente uno de los cimientos del crecimiento occidental. Merz quiso marcar una línea clara: Europa no seguirá ese camino.
Distancia ideológica con la cultura MAGA
El canciller fue más allá del plano económico y entró en el terreno cultural y político al afirmar que la “guerra cultural MAGA” no es la de Europa. Con esta frase estableció una diferencia conceptual profunda entre el debate político estadounidense y la tradición constitucional europea. Merz defendió una concepción de la libertad de expresión anclada en el respeto a la dignidad humana y al marco constitucional alemán, señalando que en Europa ese derecho encuentra límites cuando el discurso atenta contra principios fundamentales recogidos en la ley básica.
La referencia no es menor. En los últimos años, el contraste entre el enfoque estadounidense y el europeo sobre regulación de plataformas digitales, discurso de odio y desinformación se ha acentuado. Mientras en EE. UU. prima una interpretación amplia de la Primera Enmienda, en Europa se ha optado por marcos regulatorios más restrictivos en defensa de valores constitucionales. Merz quiso subrayar que esa diferencia no es coyuntural, sino estructural.
Advertencia contra el unilateralismo
Uno de los momentos más contundentes del discurso llegó cuando Merz advirtió que incluso Estados Unidos alcanza los límites de su poder si actúa en solitario. Esta afirmación refleja una visión estratégica del sistema internacional: la fortaleza occidental no depende únicamente de la capacidad militar o económica individual, sino de la coordinación entre aliados. En un mundo marcado por la competencia con China, la inestabilidad en Oriente Medio y la guerra en Ucrania, la fragmentación transatlántica sería —según Berlín— un error estratégico.
El canciller apeló a la interdependencia como activo, no como debilidad. Recordó que las cadenas de suministro, la innovación tecnológica y la arquitectura de seguridad atlántica están profundamente entrelazadas, lo que convierte cualquier decisión unilateral en un factor de riesgo para ambas partes.
La OTAN como ventaja compartida
Merz defendió con firmeza el papel de la OTAN como piedra angular de la seguridad euroatlántica y como ventaja competitiva tanto para Europa como para Estados Unidos. En su intervención recalcó que la alianza no debe interpretarse como una carga financiera desequilibrada, sino como una estructura que amplifica la capacidad estratégica conjunta. En un momento en que resurgen debates sobre reparto de cargas y gasto en defensa, el canciller quiso enviar un mensaje tranquilizador: Europa está dispuesta a asumir mayor responsabilidad, pero dentro de un marco cooperativo sólido.
La referencia a la alianza atlántica también funciona como recordatorio de que la estabilidad europea beneficia directamente a Estados Unidos, tanto en términos económicos como geopolíticos. La seguridad compartida es, en palabras de Merz, un multiplicador de poder.
Democracias con aliados, no seguidores
En una frase cargada de contenido político, Merz afirmó que Trump puede tener seguidores leales, pero las democracias tienen socios y aliados. Con ello enfatizó la diferencia entre liderazgo personalista y cooperación institucional entre estados democráticos. El mensaje apunta a reforzar la idea de que la fortaleza de Occidente reside en sus redes de alianzas, en su capacidad de concertación y en el respeto a reglas comunes.
Este planteamiento cobra especial relevancia en un contexto global donde modelos autoritarios promueven alianzas más flexibles y menos normativas. Para Alemania, mantener la cohesión democrática transatlántica es esencial para preservar el equilibrio global.
Implicaciones económicas y estratégicas
Las declaraciones de Merz no son meramente retóricas. Tienen implicaciones directas para sectores clave como la industria automotriz alemana, la tecnología verde y las cadenas de valor industriales. Un endurecimiento comercial prolongado podría afectar inversiones cruzadas y generar tensiones adicionales en mercados financieros. Al mismo tiempo, el equilibrio entre autonomía estratégica europea y cooperación transatlántica seguirá siendo uno de los grandes debates en Bruselas.
A corto plazo, el discurso de Merz consolida la posición alemana como defensora del libre comercio dentro de la UE y como interlocutor directo de Washington. A medio plazo, el rumbo de la relación dependerá de la evolución de la política comercial estadounidense y de la capacidad europea para mantener unidad interna en torno a su modelo económico.
La conclusión es clara: Europa quiere cooperación, pero no a cualquier precio. Defiende el libre comercio, la alianza atlántica y los valores constitucionales como pilares irrenunciables de su estrategia global.