México frena el petróleo a Cuba ante amenaza directa de EE. UU.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, confirmó este lunes la suspensión temporal de los envíos de petróleo a Cuba, una decisión adoptada para evitar represalias económicas por parte de Estados Unidos, después de que Washington amenazara con imponer aranceles a todos los países que suministren crudo a la isla. El anuncio evidencia el delicado equilibrio diplomático de México entre su tradicional política de apoyo a Cuba y la presión económica ejercida por su principal socio comercial.
La amenaza de aranceles como detonante
Durante su conferencia diaria, Sheinbaum explicó que la suspensión responde exclusivamente a un cálculo preventivo para proteger la economía mexicana. Washington habría advertido que aplicará aranceles generalizados a cualquier país que continúe enviando petróleo a Cuba, una medida que impactaría de lleno en México, cuyo 80% de las exportaciones tienen como destino Estados Unidos.
La presidenta calificó la postura estadounidense de “muy injusta” y advirtió de que las sanciones no solo afectan a los Gobiernos, sino directamente a la población cubana, ya golpeada por una crisis energética y económica prolongada.
La decisión pone de relieve la compleja posición geopolítica de México, históricamente uno de los principales apoyos diplomáticos de Cuba en la región. Desde hace décadas, México ha mantenido una política de no intervención y cooperación, incluso en los momentos de mayor presión internacional sobre La Habana.
Sin embargo, el contexto actual es distinto. El riesgo de sanciones comerciales por parte de EE. UU. supone una amenaza directa a sectores clave de la economía mexicana, desde la automoción hasta la industria agroalimentaria. El contraste es demoledor: mientras México busca preservar su autonomía diplomática, su dependencia comercial de Washington limita su margen de maniobra.
El impacto en Cuba: energía al límite
Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de las últimas décadas. La escasez de combustible ha provocado apagones prolongados, afectando a hospitales, transporte y actividad industrial. Según estimaciones regionales, la isla importa más del 60% del combustible que consume, lo que la hace extremadamente vulnerable a cualquier interrupción en el suministro.
Sheinbaum insistió en que México mantiene su voluntad de ayudar al pueblo cubano, recordando que el país ha apoyado históricamente a naciones en situación de necesidad. “Nadie puede ignorar la situación que vive el pueblo cubano por sanciones impuestas de manera muy injusta”, subrayó.
La amenaza de aranceles forma parte de una estrategia de presión renovada de Washington sobre Cuba, orientada a asfixiar sus fuentes de energía y financiación. Al extender las sanciones a terceros países, Estados Unidos busca aislar aún más al régimen cubano, elevando el coste político y económico de cualquier apoyo externo.
Este enfoque ha sido duramente criticado por varios países latinoamericanos, que consideran que las sanciones extraterritoriales vulneran principios básicos del comercio internacional. Sin embargo, la capacidad de EE. UU. para imponer costes reales a sus socios comerciales convierte estas advertencias en una herramienta altamente efectiva.
Repercusiones económicas para México
Desde el punto de vista económico, la suspensión de los envíos tiene un impacto limitado a corto plazo para México, dado que el volumen de petróleo enviado a Cuba representa menos del 2% de las exportaciones energéticas mexicanas. No obstante, el riesgo reside en el precedente: aceptar la presión estadounidense podría condicionar futuras decisiones de política exterior y comercial.
Analistas señalan que un conflicto arancelario con EE. UU. tendría un coste potencial de miles de millones de dólares anuales, afectando crecimiento, empleo e inversión extranjera. En este contexto, la decisión de Sheinbaum se interpreta como una maniobra defensiva más que un cambio de alineamiento político.
El tono de la presidenta refleja una combinación de crítica política y pragmatismo económico. Por un lado, denuncia abiertamente la injusticia de las sanciones; por otro, adopta medidas para evitar daños directos a la economía mexicana. Este equilibrio busca preservar la imagen de México como actor soberano sin poner en riesgo su estabilidad macroeconómica.
El diagnóstico es inequívoco: la política exterior mexicana se enfrenta a límites claros cuando choca con intereses económicos vitales, especialmente en un entorno global marcado por sanciones, tensiones comerciales y bloques cada vez más rígidos.
La suspensión se ha presentado como temporal, lo que deja abierta la puerta a una reanudación de los envíos si cambia el contexto diplomático. Mientras tanto, Cuba deberá buscar alternativas para garantizar su suministro energético, previsiblemente recurriendo a aliados como Rusia o Venezuela, aunque con mayores costes logísticos y financieros.
Para México, el episodio anticipa un periodo de mayor presión estadounidense sobre su política exterior, obligando al Gobierno de Sheinbaum a equilibrar principios históricos con realidades económicas. La consecuencia es clara: en el pulso entre ideología y comercio, la amenaza arancelaria vuelve a inclinar la balanza.