IRAN

Los misiles y drones de Irán acaban con tres militares de EE.UU. en la base de Muwaffaq Salti

Misil Foto de Moslem Daneshzadeh en Unsplash

Irán ha conseguido infligir uno de los golpes más graves contra las fuerzas estadounidenses desde el comienzo de la actual campaña militar. Un ataque con misiles balísticos y drones contra la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania, dejó inicialmente dos militares muertos y un tercero desaparecido. Días después, el Ejército estadounidense confirmó también la muerte de este último, elevando a tres las víctimas del ataque y a 18 el número total de militares estadounidenses fallecidos en el conflicto.

El balance debilita la imagen de superioridad defensiva proyectada por Washington. Sin embargo, las acusaciones de que Estados Unidos estaría «maquillando» sistemáticamente las bajas continúan sin pruebas públicas suficientes. La demora en confirmar una muerte puede alimentar sospechas, pero también responde a protocolos de identificación, búsqueda y notificación a las familias.

El ataque que atravesó las defensas

El golpe iraní se produjo el 17 de julio contra fuerzas estadounidenses y aliadas desplegadas en Jordania. El Mando Central de Estados Unidos reconoció oficialmente que dos militares murieron mientras respondían a una oleada combinada de misiles y aeronaves no tripuladas. Un tercer efectivo quedó registrado inicialmente como desaparecido.

La confirmación posterior de su fallecimiento elevó la gravedad del episodio. Según las informaciones disponibles, los proyectiles alcanzaron distintas zonas de la instalación, incluidas áreas operativas y alojamientos. El resultado revela que, pese a la densidad de radares, baterías antiaéreas y cazas desplegados en la región, ningún escudo ofrece una protección absoluta frente a ataques simultáneos y sostenidos.

De desaparecido a muerto en combate

La situación del tercer militar fue utilizada en algunos análisis para sugerir que el Pentágono trataba de retrasar artificialmente el balance de víctimas. Finalmente, Estados Unidos identificó al sargento Angel S. Rampersad, de 28 años, y actualizó su situación a muerto en combate.

Ese cambio no constituye una prueba de manipulación. En escenarios de daños extensos, las autoridades militares pueden mantener temporalmente la categoría de desaparecido hasta recuperar restos, verificar identidades o descartar una evacuación no registrada.

Lo relevante es que la cifra oficial inicial resultó incompleta, aunque terminó siendo corregida. La opacidad inherente a una guerra permite que Teherán exagere el impacto de sus ataques y que Washington limite la información operativa divulgada.

Las bajas ya no son anecdóticas

El ataque de Jordania ha elevado a 18 los militares estadounidenses muertos desde el inicio de las hostilidades, mientras el número de heridos supera ya los 500, según balances publicados durante la última escalada.

Aunque esas cifras permanecen lejos de las registradas durante las campañas de Irak y Afganistán, poseen una importancia política considerable. Donald Trump ha defendido una intervención basada en la superioridad aérea, los ataques de precisión y la ausencia de una gran ocupación terrestre.

Cada nueva víctima erosiona ese planteamiento. La guerra puede librarse sin invadir Irán, pero no sin exponer las bases estadounidenses, los buques y las rutas logísticas repartidas por Jordania, Irak, Baréin, Kuwait y Catar.

Irán conserva capacidad de respuesta

La Guardia Revolucionaria pretende demostrar que los bombardeos estadounidenses no han neutralizado su arsenal. Irán continúa empleando drones relativamente baratos y misiles balísticos contra instalaciones mucho más costosas de proteger.

Este desequilibrio económico resulta decisivo. Interceptar un dron o un misil puede exigir el lanzamiento de defensas valoradas en millones de dólares. Además, las oleadas masivas obligan a distribuir recursos entre bases, ciudades aliadas y rutas marítimas.

Estados Unidos asegura haber destruido defensas aéreas, radares costeros, centros de mando y emplazamientos de misiles en sucesivas ofensivas. En una sola ronda de represalias, CENTCOM afirmó haber atacado más de 80 objetivos iraníes.

La batalla paralela por el relato

Teherán tiene incentivos para inflar las pérdidas estadounidenses y presentar cada ataque como una derrota estratégica de Washington. Estados Unidos, por su parte, intenta comunicar control, precisión y capacidad para limitar los daños.

Entre ambos relatos existe una zona difícil de verificar. No todas las afirmaciones iraníes sobre aeronaves destruidas o instalaciones devastadas han sido corroboradas de forma independiente. CENTCOM también ha desmentido en otras ocasiones supuestos impactos contra sus bases y buques.

Por ello, afirmar que Washington oculta muertos requiere algo más que sospechas. La discrepancia entre un balance inicial y otro definitivo no equivale automáticamente a una falsificación deliberada.

El riesgo de una escalada mayor

El verdadero problema no reside únicamente en si el balance fue comunicado con rapidez, sino en que Irán ha demostrado que puede causar bajas directas y obligar a Estados Unidos a responder.

La Casa Blanca afronta ahora una presión doble: evitar que los ataques queden sin castigo y, al mismo tiempo, impedir que cada represalia abra una nueva ronda de lanzamientos. El diagnóstico es inequívoco: la defensa estadounidense sigue siendo superior, pero ya no puede garantizar impunidad operativa.

Las tres muertes de Muwaffaq Salti no prueban una ocultación masiva. Sí prueban algo más relevante: la guerra ha entrado en una fase en la que los efectivos estadounidenses desplegados en Oriente Medio son objetivos alcanzables y el margen para contener la escalada se reduce con cada noche de ataques.